EL ÚLTIMO HOMBRE

BARRY LYNDON, la mejor película de Historia, de la historia del cine

Para los que tengan un mínimo de cultura cinematográfica es de sobra sabido que el genial Stanley Kubrick cuidaba hasta el más mínimo detalle en cada película que dirigía. ‘Barry Lyndon‘ (1975), no iba a ser menos. Stanley ya venía encumbrado por los anteriores y revolucionarios éxitos: ‘Teléfono Rojo, ¿volamos hacia Moscú?’ (1964); ‘2001, Odisea del Espacio’ (1968); y ‘La naranja mecánica’ (1971), cada cual de las tres a partes iguales, causó en su estreno conmoción, asombro, rechazo y admiración.

Basada en la magnífica obra ‘Las aventuras de Barry Lyndon’ (Editorial Bruguera), de William M. Thackeray, novela de temática picaresca, escrita en 1844 y a penas modificada por Kubrick en la adptación de la obra al cine. La ‘peli’ inspirada en torno a 1756, cuenta el ascenso y caída de Redmond Barry (Ryan O’Neal).

La película contó con el titánico presupuesto, para la época, de 11.000.000 de dolares, resultando a posteriori desde su estreno un descalabro estrepitoso e inesperado para la productora por la exigua recaudación. El rodaje duró en torno a dos años por el delicado y minucioso trabajo que Kubrick quiso darle a la producción y si a ello añadimos los constantes boicoteos a la película por parte del grupo IRA, al final era inevitable que se alargara tanto. A cambio de todas las exigencias y control absoluto del rodaje de Kubrick, la productora impuso como protagonista al chico de oro de entonces, Ryan O’ Neal. En mi opinión trabajó muy bien, dando vida al personaje de Redmond en su juventud (en torno a 16 años) cuando Ryan por entonces contaba más de 30 años. Incluso su cara de niño bueno es perfecta cuando debe representar una farsa o timo en más de un momento de la película. La afición de Ryan O’ Neal al boxeo en la vida real se plasmó de forma heroica en el film, dándole Kubrick una escena para lucimiento personal ante Pat Roach (conocido actor, para los cinéfilos por ser, junto a Harrison Ford el único que repite en las tres primeras entregas de Indiana Jones, en papeles secundarios y diferentes entre sí, siempre como villano forzudo que se pelea con Indy).

La máxima de ‘Barry Lyndon’ es que fue la primera película rodada con luz natural. Por ejemplo, cabe mencionar que Kubrick se pasó casi seis meses, sin éxito, buscando las posibilidades de tonalidad de luz de las velas para rodar en interiores ya que la maniática obsesión del director era darle el mayor realismo a la época en que se basaba el film sin usar durante todo el rodaje luz eléctrica. Así que la NASA (quizás en agradecimiento a que Kubrick rodara el momento en que Neil Armstrong ponía el pié en la Luna) cedió amablemente unas lentes fabricadas por la empresa Zeiss (lider mundial en el campo de la óptica), que realmente tenían como función fotografiar las zonas oscuras de la Luna gracias a la apertura de diafragma, porque Kubrick quiso trabajar con cantidades mínimas de luz, como he dicho antes.

Además la puesta en escena y de los actores es totalmente pictórica, en cada plano rodado hay un zoom (recurso ya usado por el director en ‘La naranja mecánica’) desde dentro hacia fuera como si estuviéramos observando un cuadro paisajista o de interior del neoclasicismo (barroco y rococó). La banda sonora está ligada al tiempo que atañe es una selección muy exquisita con temas de Schubert, Vivaldi, Bach o Mozart. El compositor de la banda sonora original levantó en 1976 el oscar por la partitura de Sarabande, convertida en himno de ‘Barry Lyndon’.

Como otros datos curiosos, comentaré que la película ganó los BAFTA (oscars británicos) al mejor director (Stanley Kubrick) y la mejor fotografía (John Alcott) y los Oscars a la mejor banda sonora (Leonard Rosenman), mejor vestuario (Ulla-Britt Söderlund y Milena Canonero), mejor dirección artística (Ken Adam, Roy Walker y Vernon Dixon) y de nuevo y obviamente la mejor fotografía (John Alcott). Es decir, que ganó cuatro Oscars, de los siete a los que aspiraba. Perdió tres: mejor película, mejor director y mejor guión adaptado, a las tres aspiraba una sola persona: Stanley Kubrick.

En la vida real, el cuarto hijo de Ryan O’ Neal, primero y único que tuvo con la finada Farrah Fawcett, tiene el honor de llamarse Redmond O’ Neal, en honra al desdichado personaje de la historia que protagonizó su padre.

La película está inspirada en la novela picaresca ‘La suerte de Barry Lyndon’, de William Makepeace Thackeray. Publicada en 11 entregas de enero a diciembre de 1844 en la revista Fraser’s Magazine.

En el film, Redmond Barry, tras creer haber asesinado en duelo a un oficial del ejército inglés, debe huir de su ciudad natal para evitar represalias por parte de las autoridades, al tratarse de un alto cargo. En esta huida madurará y afrontará difíciles bretes y encrucijadas de la vida. Le roban, se alista en el ejército inglés, combate en la Guerra de los Siete Años, desertará del ejercito robando a un oficial sus galones, busca cobijo (y lecho) en la casa de una joven bávara, en su huida a ninguna parte se topa con el ejército de Prusia, aliado de los ingleses en la contienda, el cual le reclutará como soldado raso y premiará, por salvar la vida de un oficial prusiano, y siendo agasajado por ello con dos Federicos de oro (la moneda alemana de entonces) y una pequeña reprimenda del general del ejército que le condecora, por aspectos de su actitud. Resulta paradójico que sea criticada su actitud, en un ejército con miembros, en su mayoría exdelincuentes que han conmutado la pena ingresando en el cuerpo. Tras el éxito cosechado pasará de formar parte de la milicia prusiana a la policía del país como topo.

En su nuevo cargo deberá espiar a un libertino inglés, que no es del agrado de las élites bávaras, haciéndose pasar por un mayordomo alemán. El espiado en cuestión es un aristócrata que hará tan buenas migas con Redmond, que este le confesará su verdadera identidad. Consiguiendo así ambos zafarse de las presiones prusianas y huir ambos a territorio inglés y hacer fortuna timando en el juego y conociendo a influyentes miembros de la nobleza europea.

De vuelta a su tierra, Redmond conocerá a la joven Lady Honoria Lyndon (Marisa Berenson), esposa de Sir Charles Lyndon, un anciano aristócrata que está al borde de la muerte. Oportunidad que no dejará pasar, seduciéndola y tomando el apellido de ilustre linaje. Pasará a llamarse desde el momento de la boda Barry Lyndon…

Si queréis saber cómo acaba y gozar de una verdadera obra de arte del cine NO DUDÉIS EN VERLA, y si ya la habéis visto VOLVEDLA A VER.

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