CILUSIONADOS

El nacionalismo de las regiones no desaparecerá mientras haya nacionalismos de Estado

Corren días difíciles para la UE. No se ha despertado aún del schok del Brexit y ahora la acechan nuevos problemas por parte de los países del Este. Por primera vez, está a punto de aplicarse el artículo 7 del tratado de la UE, es decir la privación a un Estado miembro de ciertos derechos que se deriven de los Tratados por haber violado los valores democráticos fundamentales, y en este caso concreto, por haberse violado el principio de separación de poderes por parte del gobierno de Polonia.

Sin embargo y lamentablemente no es la primera vez que se da una violación de principios fundamentales e incluso de derechos fundamentales dentro de la UE. Basta con recordar la postura de algunos países de la UE respecto al problema de los refugiados o, sin ir más lejos, la imposibilidad o dificultad para participar en las votaciones del País Vasco que tenían las personas que habían salido de su casa huyendo de ETA, o el desprecio al derecho de los padres y de los niños a la educación en el idioma materno que se daba y se da en Cataluña y en otras regiones de España.

Si la UE se funda en los valores de la democracia y en el respeto a los derechos humanos, debe dotarse de medios para impedir la violación de estos principios. El hecho de que el artículo 7 del Tratado de la Unión Europea, que sería de aplicación es este caso, no se haya puesto en marcha nunca hasta ahora se debe en parte a lo difícil que resulta su aplicación. Para la simple constatación de que se están violando esos principios por parte de un Estado miembro se requiera la unanimidad de todos los Estados miembros. Basta, por tanto, que haya un solo Estado que no esté de acuerdo, y ya ni siquiera se puede hablar de la posibilidad de aplicar una sanción.

El Tratado de la UE, lo mismo que las Constituciones nacionales, deben ser de fácil aplicación, pero el freno de la unanimidad hace que en muchos casos su aplicación sea imposible y, por tanto, el Tratado de la UE sea letra muerta.

La unanimidad, por muy bonita que parezca esta palabra, es realmente algo antidemocrático en la mayoría de los casos, pues obliga a todos a someterse a la opinión de uno solo, que suele ser el menos democrático. La unanimidad es algo democrático, si se trata de una decisión libremente tomada, pero no cuando viene forzada por la amenaza de la parálisis.

La unanimidad es el argumento de coacción que se guardan los Estados bajo la manga para defender sus intereses nacionales. Hay mucho nacionalismo aún en los Tratados de la UE, y el voto a la unanimidad es el ejemplo más claro de este nacionalismo,
La UE , lo mismo que cualquier democracia, debe dotarse de medios adecuados para poder defender los valores democráticos en caso de violación. Si resultare imposible aplicar sanciones a Polonia, a pesar de esta grave violación de uno de los principios más importante de la democracia, es que la UE no se ha liberado aún de los nacionalismos de los Estados.

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