REBELDÍAS

Gran movida feminista, la política y “nacer víctimas”

Ante lo que sin duda ya está siendo la movilización por la igualdad real entre sexos más importante de la historia, es conveniente tener en cuenta lo mucho que su éxito le debe a la denuncia de abusos sexuales en la industria del cine. Gracias a ello, su impacto en los medios de comunicación ha sido global, y no me refiero tanto por su nivel mundial, que también, sino a su transversalidad, no siendo necesario destacar la clase de publicaciones que esta vez sí se han hecho eco de asuntos incómodos que afectan a las protagonistas con las que llenan sus páginas. Pues bien, a pesar del novedoso ámbito mundial de esta acción hay políticos tan desesperados por las encuestas que, con tal de sembrar maldad sin fundamento en las intenciones de la oposición, se preguntan en público que porqué se monta esta huelga ahora y no hace diez años. Se llama Mario Garcés y es el Secretario de Estado de Igualdad, a las órdenes de Rajoy.

Siguiendo con las incomodidades parece evidente que, siendo la conquista de los grandes medios de comunicación una condición “sine qua non” para la divulgación y el éxito de las causas justas, es obligado preguntarse por qué motivo solo son mujeres el 20% de las personas que escriben de política en la prensa que informa de política, es decir, sin incluir a las publicaciones que “esta vez sí”. Lo ha dicho un tertuliano en la radio y le creo, pues hace un año seleccioné de manera aleatoria 274 artículos y los firmados por ellas ni siquiera llegaban al 10%. Debería aumentar el número de escritoras, pues lo que se publica influye mucho en los que mandan, que siempre son más “los” que “las”. Excepto en el Govern de Illes Balears, con siete mujeres y cuatro hombres. Un ejemplo que seguramente tiene que ver con la tendencia política de los partidos que lo soportan.

Hablando de hombres que mandan, en el Congreso ocupan el 61% de los escaños. No obstante, si las diputadas quisieran podrían reducir el poder parlamentario de los diputados al 45% sin “violar la ley” como dicen que hacen los independentistas, ni convocar nuevas urnas, como ha hecho el gobierno de Rajoy en Catalunya violando hasta la ley del 155, según los independentistas. Lo único que tendrían que hacer las diputadas es convencer a los diputados, y quizás también a ellas mismas, de proceder a una dimisión pactada de los/as 350 representantes actuales. Tras bucear en las candidaturas a las generales del 26J de 2016 el resultado de tal relevo haría que el porcentaje de diputadas subiera al 55%. Por supuesto, sin modificar ni una coma el reparto de escaños entre partidos. Comprendo que la propuesta resulte difícil de aceptar, pero si un Congreso más femenino que masculino lograra aprobar o derogar una sola ley ya habría conseguido más que el actual.

Sobre feminismo y partidos políticos ya se decía al principio que se trata de una causa transversal y, por tanto, tiene la virtud de destapar las contradicciones de los de derechas, que son los que a lo largo de la historia más se han resistido a la igualdad entre hombres y mujeres. De hecho, el desglose entre ambos bloques (incluyendo en cada caso los nacionalistas correspondientes) del relevo masivo en el Congreso arrojaría los siguientes porcentajes de diputados y diputadas:

Partidos políticos de derechas (PP + Ciudadanos + PNV + CDC + CC):
Composición actual: 119 hombres y 64 mujeres (65/35%).
Composición tras el relevo total: 85 y 98, respectivamente (46/54%).

Partidos políticos de izquierdas (PSOE + Podemos + ERC + Bildu):
Composición actual: 95 hombres y 72 mujeres (57/43%).
Composición tras el relevo total: 70 y 97, respectivamente (42/58%).

La conclusión principal del desglose es que en las candidaturas de derechas las mujeres van más de segundonas o de relleno que en las de izquierdas. Es decir, en puestos que no son “de salida”, quien sabe si solo para poder decir, durante la campaña electoral, que las candidaturas son paritarias, o casi.

Entre los cuatro grandes partidos, de los dos de derechas el de Ciudadanos se lleva el título de “mejor” machista, pues ni con el relevo las mujeres superarían a los hombres: sus actuales 25 a 7 pasarían a ser 17 y 15. Y de los de izquierdas, los 38 a 33 actuales de Unidos Podemos darían lugar a 28 y 43, sin duda son los más feministas del Congreso. En este momento, y también lo serían si hubiera relevo.

Desde que se conoció la convocatoria del 8 de marzo, el PP no ha dejado de regalarnos una sinfonía de contradicciones. Dos ejemplos.

El primero el de un Javier Maroto que hace dos semanas rechazaba radicalmente la huelga porque era la movilización de Pablo Iglesias y que hoy, dos días antes, declaraba que no solo respetaba, sino que comprendía perfectamente a las huelguistas.

El segundo es el del propio M. Rajoy, alguien de quien todavía no sabemos si el tribunal lo ha identificado como el que figura en los apuntes contables e inconfesables de Bárcenas. El caso es que el también Presidente del Gobierno ha respondido en sede parlamentaria, donde todo se anota para la historia, que “no me reconozco” en las iniciativas de huelga a la japonesa para el día 8. Recordemos que a trabajar el día 8 como una japonesa en huelga se han comprometido en público altos cargos como Cristina Cifuentes o la ministra Tejerina. Suponemos que estas dos mujeres van a pasar un mal rato este jueves, pues mientras los periodistas estarán vigilando su compromiso público de no parar, los espías de M. Rajoy van a estar vigilando para que no se pasen de activas, con lo que dejarían al también Presidente como alguien sin autoridad sobre los suyos. Por mucho menos, prometedoras carreras políticas han caído en la desgracia de cualquier oficina siniestra.

Lo cierto es que cuando los que gobiernan son de derechas, y/o felipistas, necesitan hacer continuamente una cosa y la contraria, pues saben que necesitan engañar, o al menos confundir, a un electorado sociológicamente progresista y de izquierdas. Al margen del PP de hoy, quien no recuerda el tándem González/Guerra o aquello de “OTAN de entrada NO”.

Cada día que pasa resultan más vacíos los argumentos que repiten los portavoces del PP y Ciudadanos para distanciarse de lo que va a terminar siendo, sospecho, mucho más de lo que imaginaban que sería. Y más cuando están anunciando que acudirán a las manifestaciones. En mi opinión, para no dejar de aparecer en las fotos que triunfarán en todas las portadas. Insistiendo en la clase de política que más nos avergüenza.

Toca cerrar justificando la tercera parte del título. Hemos leído en “El País” el manifiesto “No nacemos víctimas”, firmado por 28 mujeres entre las que destacan ex diputadas del PP, UPyD y Ciudadanos. No he leído que mencionen la huelga, pero si “lamentan que una ideología contraria a la libertad pretenda arrogarse la representación de la mitad de la humanidad”, y cierran con lo siguiente: “Celebremos el 8 de marzo que, a diferencia de otras partes del mundo, en España las mujeres no nacen víctimas. Que somos personas adultas, libres y responsables de nuestras elecciones.”

Me vienen cuatro reflexiones tras su lectura

La primera es por lo de la “ideología contraria a la libertad”, un ejemplo de esa manía de “mentiremos que algo queda”, con los agravantes de divulgación masiva, documento público, acción en grupo y contra personas a quienes no se nombra, aunque las firmantes saben cómo se llaman. Esto último convierte la iniciativa en indecente y ventajista pues, además de impedir a las víctimas difamadas la posibilidad de defenderse, quien lo lea no pueda contrastar la acusación con su propia opinión sobre unas personas que no sabe cómo se llaman.

La segunda me lleva a criticar una línea argumental muy extendida entre políticos autoritarios susceptibles de evolucionar hacia modelos dictatoriales. Es la que confunde lo escrito en las leyes con la realidad, como si la letra del BOE implicara la solución automática de los problemas. Es el mecanismo argumental con el que, a la postre, se justifica cualquier acción represiva contra las movilizaciones en general y, particularmente, si participan del “peligro” que implica el pacifismo.

La tercera, el sabor franquista que destila cualquier pretensión institucional de convertir fechas reivindicativas en celebraciones por lo bien que estamos, a diferencia de “otras partes del mundo”. ¿Cómo no recordar las exaltaciones verticales de los primeros de mayo bajo la paz de unos cementerios que eran cunetas? Pero no es extraño. Hace mucho tiempo que cualquier miembro del PP es sospechoso de franquismo mientras no se atreva a demostrar lo contrario. Espero que no se molesten, porque no les va a pasar nada.

Por último, la ausencia total de solidaridad por parte de las firmantes. Tratándose de una movilización a escala mundial y habiendo cientos de millones de mujeres que sufren abusos, torturas y toda clase de vejaciones por ser tales, constituye una vileza romper la unidad de acción que significa una movilización destinada a dar un aldabonazo a toda la clase política mundial, a la que se está pidiendo mayor implicación ante un problema indiscutible. Pero hay personas, como las 28 firmantes, que nos quieren hacer creer que existe un país que hace frontera con el Paraíso, y que ese país es España.

Para terminar, regresaré al principio. Pensé que Frances Mc Dormand subiría a recoger el Oscar vestida de “Tres anuncios en las afueras” para romper también en lo visual pero, por supuesto, es su libertad y, aunque nos lo pongan difícil, el hábito sigue sin hacer al monje. Esta actriz, se vista como se vista, es una de las muchas personas a quienes solo conozco de las pantallas, pero también una de las pocas con las que creo que podría estar horas y horas trabando una conversación interesante. Quizás su éxito se deba a que también a usted le ocurre algo parecido.

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