OPINIÓN

La paradoja madrileña del “efecto Sánchez”

Por Perico Echevarría.- El 13 Congreso Ordinario del PSOE de Madrid será el primero tras el breve y convulso periodo extraordinario pilotado por la elegida del viejo Pedro Sánchez tras defenestrar a Tomás Gómez por el artículo 33, y manejar a su antojo las listas electorales de la capital en las dos últimas elecciones generales.

Con el concurso de Sara Hernández, e ignorando sin disimulo a las bases del PSOE de Madrid, Sánchez encabezó dos elencos al que los madrileños situaron en cuarto y tercer lugar, respectivamente. Y ello a pesar de haber sacrificado a destacados socialistas regionales para hacerse acompañar en su exitoso encuentro con las urnas por una dirigente del PSC, por la ex parlamentaria Irene Lozano, desde cuyo escaño de UPyD se profirieron los más graves insultos al PSOE, la mediática Zaida Cantera, que de su traumático paso por el Ejército español ha sabido hacer un currículo para la política, o la juez Margarita Robles, que a día de hoy sigue negándose a afiliarse para dejar de incumplir los Estatutos del Partido Socialista, que prohíben expresamente la portavocía del Grupo Parlamentario a un no militante.

Las imposiciones de Sánchez, sancionadas con gusto por Sara Hernández, procuraron al PSOE de Madrid dos, tres, amargos, anatemáticos, sorpassos, al quedar tras el Podemos de Pablo Iglesias y los Ciudadanos de Albert Rivera en diciembre de 2015, y tras los morados en junio de 2016. Rendir el socialismo madrileño a las necesidades de la dirección federal nunca ha sido rentable para el PSOE-M. En el Partido Popular, sin embargo, declarados rivales de la dirección nacional, como Alberto Ruiz Gallardón o Esperanza Aguirre, han barrido durante dos décadas toda posibilidad del PSOE de gobernar Madrid. Una outsider como Manuela Carmena arrebató para Podemos el liderazgo de la izquierda capitalina en una sola convocatoria.

A pesar de los sucesivos batacazos electorales cosechados por el PSOE bajo el liderazgo de Sánchez, el dramático fin de su mandato dio pie a un dizque nuevo Pedro Sánchez, resucitado, que, envuelto en la bandera del “no es no” y autoproclamado “la voz de la militancia”, vuelve a ser secretario general del PSOE. Y lo cierto es que su discurso, con independencia de la confianza que inspire a unos y otros (yo, personalmente, me cuento entre “los otros”), ha logrado inocular en las bases socialistas un brío que no se sentía desde la caída en desgracia del Gobierno de José Luis Rodríguez Zapatero. Los afiliados al Partido Socialista parecen haber tomado conciencia de que, en el siglo XXI, liderar la izquierda, gobernar las instituciones, empieza a depender más de revitalizar las agrupaciones locales que de un atractivo cartel electoral.

Volviendo a Madrid, y a causa de los habituales primeros espadas en subirse al que aparece de entrada como previsible barco ganador del 13 Congreso, José Manuel Franco, el veterano diputado que Pedro Sánchez quiere ahora para Madrid, encarna para buena parte de la atónita militancia la candidatura de lo más granado del antiguo y fracasado PSM. Simacas y cepedas, y lo que te rondaré morena, pues las mayores “sorpresas” están por venir. Las están peinando. El mismo PSOE de Madrid de antes de la crisis del 1 de Octubre, endogámico, de férreas jerarquías, que mantiene secuestrada la voluntad de las bases del partido. La némesis teórica del movimiento que dio pie al sanchismo.

Los más aguerridos pedritas, susanistas y patxistas, protagonistas de la peor y más sonrojante campaña que el PSOE haya ofrecido jamás a la opinión pública, convergen hoy en torno al candidato de Sánchez. Madrid tiene sus propios ritmos. El lema “el que se mueva no sale en la foto” sigue haciendo de la sólida e incombustible mesa camilla el muro que separa a las bases del socialismo madrileño de la ciudadanía y de las instituciones.

La explicación de esta aparente paradoja, la insólita comunión de los hasta ayer irreconciliables enemigos políticos, hay que buscarla en la aparición en escena del joven alcalde de Soto del Real, Juan Lobato. A sus 32 años, es también un activo diputado en la Asamblea de Madrid que ha defendido más de 200 iniciativas desde que fue elegido en 2015. Atesora una sólida formación académica, es funcionario de carrera del Ministerio de Hacienda, profesor universitario y, sobre todo, es uno de los pocos socialistas madrileños que preside un ayuntamiento tras encabezar una candidatura ganadora en las elecciones. Otros alcaldes que ostentan ese mérito, por cierto, forman parte de su equipo.

Lobato concurre a estas primarias con un sólido programa, muy completo y detallado en todas las áreas, que sin duda representa fielmente los nuevos valores que se suponen a la militancia del PSOE tras el 39 Congreso. El más destacado, sin lugar a dudas, la firme promesa de acabar de una vez para siempre con la mesa camilla, que todos dicen rechazar, pero a la que estos días se intuye más activa que nunca, con José Manuel Franco a cargo del avivar el brasero. Juan Lobato propone un rompedor modelo de listas abiertas en el que las bases socialistas realmente deciden, en el que ponen y quitan candidatos. Una poderosa herramienta para recuperar las riendas del PSOE en las instituciones.

Lobato reclama el poder de la militancia como máxima expresión para determinar qué rumbo debe seguir el Partido Socialista. Huye del clásico sistema de componendas entre familias. Aparentemente, esto no es distintivo de su candidatura. La historia del socialismo, y con mayor virulencia desde el tamayazo de 2003 (máxima expresión de los peligros que encierra la histórica endogamia de la vieja FSM) está protagonizada por quienes vienen prometiendo lo mismo desde los años noventa del siglo pasado. Pero no han habido renovaciones desde entonces que se hayan salido de la mesa camilla. Listas abiertas con voto individual y secreto. A efectos prácticos, el único camino capaz de hacer frente a las familias, pues poner las listas en manos de la militancia eliminará de facto el carácter de “moneda de cambio” de concejalías, escaños y consejos de administración.

La rompedora propuesta, además, no viene sola. Gana valor al recordar que la entrada de Juan Lobato en el paseo de la fama del PSOE tuvo lugar durante los previos del 39 Congreso Federal. El joven alcalde y su equipo, sorprendieron gratamente a todos con el muy elaborado documento La España que queremos y el PSOE que necesitamos. Un texto construido sobre cuatro pilares estratégicos (economía sostenible del conocimiento, fiscalidad justa y redistributiva, derechos y servicios públicos para el progreso y una democracia ágil y eficaz). Recibido con agrado por los principales medios de comunicación y analistas políticos de este país, que inmediatamente reclamaron la atención de los progresistas al documento de Lobato. Dentro del PSOE, el sanchismo hizo suyas muchas de las aportaciones para el modelo de partido. Entre ellas el sistema de primarias a dos vueltas. También los seguidores de Patxi López, al que Lobato apoyó en el 39 Congreso, y los de Susana Díaz, que reconocieron el enorme valor del texto para el PSOE que la sociedad española está demandando. El PSOE que necesitamos para la España que queremos.

Lobato y su equipo entienden, además, que devolver el poder a las bases socialistas, exige de estas cumplir los compromisos que se dan por hecho las llevaron a militar en el PSOE. El Equipo Lobato entiende el partido como una herramienta de los trabajadores para toda la sociedad. Describe una militancia comprometida, dispuesta a sumar mayorías dentro y fuera del PSOE para responsabilizarse de lo público, lo de todos. Ser actores protagonistas de la Política. Lobato ya ha puesto en práctica, con éxito, estas cualidades. Concurre a las primarias como el único de los candidatos que ha ganado unas elecciones. Lobato pide para Madrid un partido en condiciones de liderar la izquierda y volver a ser, por sí mismo, una alternativa de gobierno.

Por último, es imprescindible destacar que Juan Lobato, concurre a estas primarias sin venir contaminado por el reciente y cainita 39 Congreso. O el por el abrupto fin de la era Gómez. Hay heridas que tardarán años en cicatrizar; si alguna vez lo hacen. Lobato apoyó a Patxi López, pero es conocida su buena sintonía con Pedro Sánchez, pues sus proyectos no compiten. En puridad, el de Lobato es el único que, más allá de lugares comunes y dramáticas preguntas, responde a los valores y exigencias que la militancia socialistas ha puesto de manifiesto en los últimos meses. Que todos los sondeos de opinión parecen recibir con simpatía, y que Sánchez reclama como propios. También es notorio el buen feeling que comparte con Susana Díaz. La presidenta andaluza no concurre a las primarias de Madrid, pero no ha faltado algún experto en la estrategia de “paz por territorios” que ya exhibido su nombre como aval para José Manuel Franco. Un error de bulto, el susanismo, per se, no está en la guerra de Madrid. Pero la convalecencia del 39 Congreso hará muy difícil que los susanistas apoyen a un candidato de Pedro Sánchez. Tampoco a los que esperan del 13 Congreso un ajuste de cuentas. Y mucho menos si la única beneficiada acaba siendo, una vez más, la sempiterna mesa camilla.

El multitudinario acto celebrado el domingo en un céntrico local de la capital, ha hecho saltar las alarmas en el establishment del PSOE de Madrid. De momento, este parece haber contenido el interés de los medios de comunicación por el joven candidato que está espoleando el socialismo madrileño y llenando cada día sus encuentros con la militancia. Los rumores de pactos y repartos a puerta cerrada, así como la ausencia de un verdadero y novedoso proyecto con respuestas para Madrid, que las preguntas las conocen todos, están haciendo de Lobato “el candidato de la militancia”.

La paradoja del PSOE de Madrid. Año 2017.

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