FIESTAS

Los cinco sentidos de las Fiestas de Getafe

 

 

Desde siempre le tengo muchísimo cariño a ese lugar, por lo que no es de extrañar que todos los años quiera escaparme allí un rato, aunque sólo sea un día.

Todavía me recuerdo de pequeña, montada en el Saltamontes, el brazo de mi padre tras mi espalda sujetándome, mis manos aferradas a la barra de seguridad mientras la atracción giraba, y subía y bajaba… Y yo creía volar.

La sonrisa que se me dibujaba entonces en los labios y los gritos y la risa que salían de mi boca no tenían precio.

Aún permanecen en mi memoria retazos -apenas lo recuerdo, casi era una cría- de aquel Pasaje del Terror con apariencia de castillo, de brillantes e iluminadas letras carmesí que rezaban “Pasaje del Terror”, y aquel cartel del que no recuerdo más que fragmentos sueltos, pero que solo leerlo me ponía la piel de gallina, pues advertía del peligro que aguardaba. Y recuerdo cómo los incautos visitantes entraban sin reparo en la morada del terror…

Ahora ese espectáculo ha sido sustituido por el Castillo Diabólico, un tren fantasma con animatronics que pretenden asustar al público que se adentre en la casa montado en el tren y no andando como en el Pasaje predecesor…

A través de los años, la feria de Getafe ha ido cambiando: atracciones que han desaparecido , como aquella montaña rusa con la que crecí, la “V”, “La Olla”, “El Hotel”… Otras se han mantenido, caso del “Saltamontes”, “Dragón Express”, el famosísimo “Tren de la Bruja”, la divertida atracción de toros mecánicos “Los Cuernos de Domingo” -con su famosa banda sonora-…

Otras atracciones, como el ya mencionado “Castillo Diabólico”, “El Simulador” “El Pulpo” o el “Top Spin”han llegado nuevas no hace mucho, provocando que cada año que pasa no se sepa con qué nos sorprenderá la feria: qué atracciones llegarán o cuales nos dejarán.

Pero si hay algo que no ha cambiado de la feria de Getafe es el tan característico olor que allí se respira: olor a recinto ferial en pleno apogeo, a algodón dulce, a palomitas, a berenjenas, altramuces, chufas y coco que venden los puestos; al vino de esa caseta tan peculiar dotada de muñecos mecánicos que fingen pisar la uva; a chorizo, a panceta, a patatas bravas, todo mezclado con ese peculiar aroma a música que toca junto a las casetas de las peñas que sirven las raciones; olor a pólvora, ruido estridente de cohetes que explotan en las alturas, risas, gritos, felicidad, diversión…

El sabor…Sabor a churros, a chocolate, a perritos calientes, a patatas fritas… Mmmmm… Delicioso

Una vez estás inmerso en el apogeo de la fiesta te es imposible escapar, y sientes como la mano de tu acompañante tira de ti urgiendote a dirigir vuestros pasos veloces a la siguiente atracción, y tú le llamas loco por querer subirse en esa atracción que da tanto meneo, y le dices que no, que tú no te subes ahí porque da muchas vueltas, y tu colega te llama cobardica entre risas, y tú casi le tiras la CocaCola, o el calimocho, o lo que lleves en el vaso a la cara, por tontaco. Pero siempre entre risas.

Y luego sientes su tacto y el de otra persona a ambos lados de ti mientras bailáis “Paquito el Chocolatero” que la orquesta toca en la Caseta Municipal, y casi se te cae el vaso, y notas como su contenido moja tu mano mientras oyes, hueles y sigues saboreando las fiestas de Getafe en toda su plenitud…..

¿Acaso hay mayor placer para los cinco sentidos que una visita a las fiestas de nuestra querida ciudad?

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