OPINIÓN

¿Menosprecia la RAE lo catalán en español?

Es probable que el mayor valor de cualquier lengua materna sean esas pequeñas bellezas cotidianas, íntimas y espontáneas que construimos casi sin darnos cuenta, solo para nosotros y con el único esfuerzo de pensar, algo que no deja de funcionar ni bajo la peor dictadura, y para qué nombrar aquí las varias, tan cercanas, que además tenían el vicio de robar recién nacidos. Sin llegar a tanto, todos sabemos que durante los tiempos más duros fueron muchos los episodios amenazantes contra los idiomas minoritarios.

El instinto de supervivencia en sociedad nos obliga a digerir también los malos tragos. Para hacerlo más fácil creamos instituciones que nos dicen como debemos entendernos pero que, en más ocasiones de las convenientes, terminan siendo el resultado de correlaciones de fuerzas en las que solo el tamaño decide. También en lo relacionado con el idioma que compartimos.

Para este asunto tenemos la Real Academia Española, una institución cuya gestión debería ser indiscutible a la hora de transmitir confianza en los millones de hispano hablantes repartidos por el mundo. Por eso nos sorprenden y decepcionan las respuestas que nos ha ofrecido el Diccionario de la RAE, y que reproducimos a continuación. Son copias capturadas de su sitio oficial en Internet el 15 de enero de 2018.

♦ hispanofobia
De hispano- y -fobia.
1. f. Fobia a lo hispano o a lo español.

♦ catalanofobia
La palabra catalanofobia no está en el Diccionario.

♦ hispanofilia
De hispano y -filia.
1. f. Simpatía o admiración por lo hispano o por lo español.

♦ catalanofilia
La palabra catalanofilia no está en el Diccionario.

♦ antiespañolismo
1. m. Aversión a todo lo que se relaciona con España.

♦ Anticatalanismo
La palabra anticatalanismo no está en el Diccionario.

(En los seis vocablos: Real Academia Española © Todos los derechos reservados)

Estas son tres, pero seguro que hay más de parecido tenor. Es de suponer que estas ausencias, descubiertas en el Diccionario de referencia, todas en idioma español y correspondientes a palabras de uso habitual que, además, tienen sus homónimas en castellano, no son errores materiales u olvidos de nuestros académicos, sino que corresponden a algún criterio establecido en la RAE para decidir lo que sí y lo que no. En ese caso, como la exclusión resulta sorprendente e incomprensible para quien realiza la consulta, la RAE, además de decir que “anticatalanismo”, por ejemplo, “no está en el Diccionario”, debería ofrecer en la misma pantalla una explicación sobre el criterio empleado para justificar tan notorias ausencias.

Se sabe que la popularidad en el uso que alcanzan los vocablos es un criterio decisivo a la hora de incluirlos en el Diccionario. Como nadie sabe cuántas veces pronuncian determinadas palabras los millones de personas que hablan cada día, el número de resultados que aparece en la primera línea de la pantalla de Google cuando se realiza una consulta constituye una información alternativa de indudable valor, que no debería ser despreciada por las autoridades en la materia. En consecuencia, le pedimos a Google información sobre los mismos términos que hemos preguntado a la RAE, y obtenemos lo siguiente:

Resultados que aparecen en Google de las mismas palabras consultadas en la RAE:

*En búsquedas anteriores y posteriores de Google, las palabras Catalanofobia e Hispanofobia proporcionaron 81.000 y 85.000 resultados, respectivamente.

Salvo para ambas “…filia”, en los otros dos casos no parece justificado que por falta de uso la RAE no incluya en el Diccionario los vocablos relativos a lo catalán, especialmente en el caso de “anticatalanismo”, que presenta más del triple de resultados que “antiespañolismo”, y eso que cuando éramos un imperio todos iban contra España.

Solo por curiosidad hemos aprovechado para comprobar los resultados de las palabras España y Espanya por una parte, y Cataluña y Catalunya por otra, sin implicar en este caso sentimientos de atracción o repulsa.

Por último, para averiguar si existe proporción entre los resultados de los diferentes vocablos en Google y las poblaciones a que esos mismos vocablos se refieren no parece mala idea acudir a Wikipedia, por ejemplo, para conseguir la siguiente información:

Poblaciones de España y Catalunya en 2016

España: 46.468.102 habitantes.
Catalunya: 7.448.332 habitantes.

Fuente: Wikipedia

Es decir, la población de Catalunya representa el 16,02891% sobre el total de la población española.

Es probable que sea pura casualidad, pero la misma comparación aplicada al número de resultados de las búsquedas en Google de las palabras Catalunya + Cataluña respecto al número de resultados de las palabras España + Espanya es el 16,03423%. Cuando la coincidencia es tan evidente Google no debe andar tan mal encaminado a la hora de hacerse eco de la realidad.

Tras estas primeras comprobaciones, nos preguntamos lo siguiente: ¿Procede demandar de la Real Academia Española que incluya en su/nuestro Diccionario las palabras CATALANOFOBIA, CATALANOFILIA y ANTICATALANISMO? Si, en opinión de Felipe, Luis y Poncio, que son los nombres utilizados durante la “guerra” antifranquista por los creadores de la palabra CATABURLAS para denominar un proyecto de seguimiento de títulos de artículos de opinión publicados en castellano sobre el conflicto catalán y del que lo leído aquí es una derivada que probablemente no terminará su recorrido en este punto. Por cierto, Milford Edge, de barbaryfigs.com, la ha traducido al inglés por “catrag”.

Se reclama el respeto al idioma, el español o castellano en este caso, pues hay asuntos de otra índole que parece como si a la RAE le resultaran más “sensibles” que el que justifica su existencia. En este punto es cuando conviene no olvidar que la belleza, que tanto tiene que ver con la lengua materna, es uno de los componentes más importantes de la felicidad, y que levante la mano el primero que no la busque cada día, desde que se levanta hasta que se acuesta, y también en la cama.

Nos sentaremos para esperar explicaciones de la RAE, pero no nos quedaremos quietos. Mucho nos tememos que aquel “Café para todos” de la primera Transición extendió sus tentáculos más allá de la política y, como en asuntos serios los trapicheos quedarían ridículos, los académicos decidieron que “Café solo había para uno”.

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