OPINIÓN

Puede que Pablo Iglesias haya cumplido su papel (1)

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Aviso que son las 19:45 horas y, por tanto, estoy enviando esto antes de disfrutar, dentro de un rato, del nuevo invento de Jordi en Salvados con Iglesias y Rivera al mismo tiempo, digno de aquel Évole que nos contó a su manera el 23F, algunos todavía no saben en qué versión de ambas figura el “Se sienten, coño” que ya forma parte de nuestro ADN. Quiero decir con lo anterior que queda para el lector el juicio de lo que sigue, a la luz de las sorpresas que nuestro personaje pueda deparar en La Sexta, que en revuelos como el que estamos metidos cada minuto puede ser un mundo.

Entrando en materia, tanto los comentarios como los silencios de todo el panorama tertuliano que tanto nos entretiene son unánimes: nadie se atreve a recortar hoy un ápice de su mérito al líder de los hasta ayer mismo peligrosos populistas bolivarianos comunistas venezolanos leninistas y fiestas de guardar, en el entusiasmo por la renovación, sincera o de conveniencia, que ha conseguido inyectar a toda la clase política española, más la de una parte del resto del planeta y pendientes aún como estamos de confirmar la existencia de vida en confines que solo el Hubble y otras monturas para cortos de vista se atreven a escudriñar.

Frente a este éxito ya imborrable y exclusivo, pero que puede ensuciarse incluso sin mayor culpa, la pulsión de Pablo por pasar a la historia ahora, que aún es casi perfecto, se convierte en una tentación muy difícil de soportar. Así se ahorraría los fracasos insalvables de la política que se pringa en el charco de los detalles. Porque, a fin de cuentas, ¿qué albergaba si no su mente antes preclara cuando se resistió, contra viento y marea, a presentar Podemos a las municipales? En mi opinión, la voluntad, no exenta de cierto elitismo, de evitar ser salpicado por los errores que cometerían los componentes, ahora con vara de mando, de un aluvión cuyo mayor mérito sería el de haberse subido a un carro cargado de expectativas. No ser aún un partido clientelar como PP y PSOE implica el riesgo de asumir casi en directo el comportamiento de compañeros desconocidos, o expulsarlos sin poder medir antes las consecuencias. “Militantes” que no han sido convenientemente macerados en organizaciones de base en las que cualquier progreso personal supone el retroceso de uno o varios compañeros que estaban antes.

Es en la duda sobre el propio futuro que envuelve a Iglesias donde reside, en mi opinión, el origen íntimo del cúmulo de errores, algunos verbales, que han llevado a Podemos de un puesto de privilegio en las encuestas a retroceder hasta una cuarta posición, que condenará al fracaso la única posibilidad histórica de consolidar una izquierda que podría lograr los diputados y senadores suficientes para forzar un cambio potente que blindara la democracia, dada la coyuntural división de la oferta electoral en el seno de la derecha.

Ante el olímpico desprecio de los de Podemos a formar coaliciones con fuerzas políticas compatibles, ni siquiera para el Senado, el continuismo en cualquiera de sus formulas con un Rivera como árbitro o jefe máximo tiene ahora más posibilidades que nunca porque la Ley es la que es y nadie podrá consolarse con que quería cambiarla para eludir la responsabilidad del fracaso. Votos decisivos circunscripción por circunscripción, en algunas incluso muy pocos, van a quemarse en una hoguera de las vanidades disfrazadas de cálculo electoral puramente especulativo mientras Rajoy, Rivera, Sánchez y Merkel, cada uno en su casa para que no se les note, brindarán la noche del 20D con la misma marca de champán francés.

Desde un enfoque distinto y básicamente político hay, en mi opinión, un error de concepto en la decisión inicial de Pablo de pasar de la teoría en la Facultad a la práctica en un partido, cosa que tiene mucho que ver con una lectura del 15M a través del prisma de la Transición, con el ruido ensordecedor de la especie “PPPSOE” ahora en desuso y con la incapacidad de conquistar IU desde dentro para cambiarla, a lo que seguro ayudaron las desconfianzas de Cayo hacia lo nuevo cuando esa coalición era mucho más suya que ahora. Y en el momento que vivimos, un error estratégico de Pablo en el papel de las marcas políticas en medio de la sustitución del bipartidismo por una oferta mucho más variada y compleja. Pero estas son historias distintas, que atacaremos en otro momento.


Domingo Sanz,  Licenciado en Ciencias Políticas por la Universidad Complutense de Madrid

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3 Comentarios

3 Comments

  1. Fernando

    19 octubre, 2015 at 20:06

    Ajo y agua, si no son capaces de ponerse de acuerdo con Izquierda Unida, como narices van a ser capaces de aunar a toda la izquierda. Resumido en una palabra, a Pablo Iglesias y a la prole de su facultad, que es la tuya y la mía, les ha perdido la arrogancia, al final no era nada más que el viejo anuncio de “pantene” ¡Por que yo lo valgo! De todas formas eso de pasar de la teoría a la práctica ya lo habían hecho en los experimentos con gaseosa venezolana.

    P.D. Eso del fracaso de la única posibilidad histórica de consolidar una izquierda que podría lograr los diputados y senadores suficientes para forzar un cambio potente que blindara la democracia ahorratelo por favor, la democracia española no necesita blindarse con una pseudo democracia bolivariana, como no necesito que la blindara un gobierno liderado por una autoridad militar, por supuesto, después del 23-F. La democracia en España está garantizada y blindada gracias al pueblo español.

    • Domingo Sanz

      20 octubre, 2015 at 10:11

      La democracia nunca está suficientemente consolidada. Los pueblos en sí mismos, como concepto abstracto, no blindan nada, la historia lo ha demostrado. En mi opinión, no estamos dotados de unas normas, comenzando por la Constitución y la Ley Electoral, que garanticen una renovación continua y permanente de la clase política, y ese es el mayor peligro para que los poderes no democráticos, antes los militares golpistas y ahora los poderes financieros, o directamente la destruyan o conviertan la democracia en una simple apariencia.

      • Fernando

        20 octubre, 2015 at 19:14

        Los poderes financieros pueden estar en un banco o controlando la economía a través del precio del petróleo en una república bolivariana, lo triste de todo esto es que hemos estado a un pelo de una gamba de que nos comprara una república bolivariana, aquí rige eso de que prefieres susto o muerte, como bien le dijo Rivera el domingo no se puede socializar la miseria, y esa es la triste realidad a la que llevan todos estos liderzuelos que proclaman el poder popular y todas esas patrañas, yo ya sufrí en la facultad todo tipo de democracia asamblearia que en lo único en que se envolvía era en socialverborrea.

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