CULTURA

Víctor Cerro: cuando la magia va más allá

 

Getafe se sobrecogió ante la exhibición de sus desafíos “El Ángel de la Muerte”, “Cristales” y “Sendero de minas” el pasado fin de semana en el festival FITEC.

El mago es doble record mundial por su desafío Vulcano (18 minutos en un horno de gas encendido) y por permanecer dos horas y 36 minutos congelado.  

El pasado fin de semana, Víctor Cerro, mago extremo natural de Extremadura, durante su actuación en EL FITEC deleitó y tuvo en vilo al público a partes iguales con varios desafíos: quitarse una camisa de fuerza suspendido en el aire de una cuerda ardiendo, andar sobre cristales rotos y atravesar un sendero de minas antipersona con los ojos vendados. “Lo que me gusta de FITEC es que hay un gran contraste entre espectáculos” dijo.

EL GUSANILLO DE LA MAGIA

Cuenta que, a la edad de trece años, un amigo mago de su padre, hizo desaparecer ante sus ojos un coche de juguete, y, tras pasarse tres noches sin dormir, descubrió que lo suyo era la magia.

¿El problema? “Era muy mal estudiante”, confiesa. “Así que el amigo de mi padre me dijo: para ser mago hay que estudiar mucho, si no sacas buenas notas, no te ayudo”. Y dicho y hecho: aprobó, le enseñó las notas, dispuesto a aprender magia. Sin embargo el mago le confesó que aun así no podía enseñarle: “la magia es una carrera solitaria, algo muy individual, que tienes que aprender tú”. Por eso, dice que no le enseñó, sino que le dirigió, diciéndole “qué libros encontrar, qué personas conocer…” ayudándole así a enfocar sus estudios de magia, a la que decidió dedicarse por completo cuando solo le faltaban “diecisiete folios para acabar la carrera de Biología”.

“SI ÉL AGUANTA, YO TAMBIÉN”

La máxima que titula el epígrafe es la que se aplica Víctor Cerro en todos sus shows, que hay que decir que no es cualquier tipo de magia, sino magia extrema: aguantar dos horas y media congelado, dieciocho minutos dentro de un horno de gas, aguantar la respiración en una urna llena de agua y luego conseguir salirsoltarse de una camisa de fuerza suspendido en el aire de una cuerda en llamas…

“Si, por cuestiones meteorológicas hay solo una persona en el público, yo actúo. Si él aguanta, yo también”, confiesa, y añade que, sobre todo en León se ha “colgado de grúas con ventiscas de nieve y hielo”, y añade que a veces, ha ido en contra del productor, que le decía que no actuara por el clima, aduciendo Cerro que “Yo puedo hacerlo, y aquí hay gente. Si ellos pueden, yo tengo que hacerlo”. Y lo hizo.

Y entre otros logros, el pasado fin de semana en FITEC de Getafe logró caminar a ciegas por un tortuoso sendero de minas,  o tumbarse sobre 700 cristales dejando que una moto le pasara por encima.

MAGIA PARA PODER AVANZAR, LA FILOSOFÍA DE UN MAGO SIN ETIQUETAS

La filosofía mágica de Víctor Cerro se basa en el pensamiento transhumanista: pretende “estudiar a través de la magia cómo poder avanzar como ser humano” e ir más allá de los límites humanos;  con sus shows y desafíos demuestra que cualquiera puede hacer cosas enormes, cosas que cree que no puede lograr.

Este extremeño, apasionado de los deportes de aventura, confiesa que, antes de salir al escenario, su pequeño ritual –en honor a los grupos tribales antiguos por los que siente admiración– es ponerse música fuerte (heavy metal, concretamente), para “lograr sacarme de mi” y romper con todo lo que estaba haciendo hasta ese momento y “concentrarme en otra cosa”.

En Víctor Cerro conviven magia, ilusión, escapismo, piroquinesis, telepatía…Pero él, rechaza las etiquetas: “que me llamen como quieran”, señala.

MADRID PARANORMAL

Además de sus desafíos, retos y espectáculos, ofrece al público otra alternativa: la posibilidad de ayudarle a acabar con la maldición de una casa que data del año 1890, en pleno centro de Madrid. Una performance en la que, según él  “no se quiere dar miedo. Lo que queremos es que la gente viva algo muy misterioso y muy sorprendente”.

Una experiencia única que no se puede hacer siempre: “todo depende de las condiciones y energías de la casa”

La idea de Madrid Paranormal surgió por el interés de Víctor en las enseñanzas de su madre, antropóloga, sobre “las formas que tienen las diferentes culturas de relacionarse con el más allá”, sostiene que “ha visto cosas alucinantes” y quería que “la gente viviera eso”.

Advierte que la sensación puede ser fuerte, y la casa puede usar los recuerdos de los visitantes “para defenderse” o “sus sentimientos para confundirles”.

Cualquiera podría pensar que Víctor Cerro es un mago que, haciendo todo lo que hace, no le teme a nada, salvo quizás, a “que haya democracia en una sociedad inculta”, aunque no dejaría de exhibir sus desafíos en una sociedad así.

Desafíos que demuestran que todo es posible y que intentarlo una y otra vez sin rendirse es la clave para superarse a sí mismo, ir más allá y enfrentar un nuevo reto.

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