LOLA MONTORO

Acoso laboral: un ritual de sometimiento y dominio

♦ El acoso laboral produce una intolerable violencia psicológica y destruye  la autoestima en las víctimas. El psicólogo alemán Heinz Leymann comenzó a describir este fenómeno consistente en el hostigamiento hacia un subordinado en el medio laboral  que pretende conseguir su autoexclusión y su aniquilación. Hoy parece una plaga, pero sus orígenes enraízan en la propia naturaleza humana y es un ritual más de dominación.

En no pocas organizaciones el acoso es consentido como forma de evitar costos de un despido o cuando o no se quiere llevar a cabo por diferentes circunstancias.  De hecho, la reacción del grupo suele ser desentenderse de la situación como una forma de autoprotección.

El acoso moral en el trabajo suele denominarse con el término inglés mobbing que podría traducirse como acoso colectivo, aunque en los Estados Unidos se emplea más  bullying cuyo significado sería intimidación.  Es más descriptivo hablar de acoso moral en el trabajo o también acoso laboral.

Si hubiera que elegir una característica del acoso laboral, esta sería probablemente la sutileza con la que se inicia. El empleado contra el que se realiza el acoso no suele ser consciente de que se trata de una especie de cacería.

Hay tres fatídicos factores que confluyen para que un hostigador actúe: uno es el secreto, otro es la vergüenza o el pudor de la víctima y el tercero es el enmudecimiento del grupo, que normalmente adopta la cobardía como una forma de evitar problemas o de autoprotección.

El verdugo es un superior jerárquico que inicia un lento proceso de desprestigio de la víctima, tan poco evidente al principio que puede ir enmascarado con palabras amistosas pero que descalifican.

El acoso laboral no deja ninguna huella, a diferencia de las otras formas de maltrato. La queja por parte del hostigado suele ser poco creíble y una vez iniciada la cacería no es fácil la huída porque el hostigador puede seguir acosando a la víctima a distancia, mediante llamadas telefónicas y confabulaciones con los nuevos compañeros y superiores si la víctima logra separarse de su influencia.

Resulta increíble que el acosado llegue a pensar que es responsable de su suerte, pero la labor de zapa y silente logra este efecto y la víctima se ve a sí mismo como culpable. El acoso crea una gran inseguridad en el empleado acosado y en estas condiciones psíquicas es frecuente que comience a cometer errores en su trabajo, con lo que las afirmaciones que lo desprestigian parecen confirmarse y el círculo se cierra.

 

Cuando la situación de acoso se soporta durante mucho tiempo, las víctimas  empiezan a padecer enfermedades somáticas como úlcera duodenal, arritmias, insomnio, depresión e incluso se han descrito casos de suicidio. El absentismo laboral pasa entonces a incrementar la mala fama que ha sido creada previamente y puede también agravarse el aislamiento que provoca.

El perfil del acosado está muy estudiado, aunque generalizar siempre entraña ciertos riesgos, ya que se pueden encontrar patrones menos frecuentes de personas que padecen acoso. Siempre que se describen perfiles se habla de lo que los psiquiatras encuentran con más probabilidad.

El acosado suele ser un trabajador competente. Fuera de la situación de acoso, la víctima puede tener un expediente brillante. Suelen ser personas autónomas, rectas y con gran sentido de la justicia. Es frecuente que los acosados tengan facilidad para el liderazgo informal y capacidad para el trabajo en equipo. Los hostigadores pueden envidiar la capacidad de empatizar y su sensibilidad al sufrimiento ajeno. Precisamente por esto se convierten en una pieza de caza.

El hostigador puede tener una personalidad psicopática que le impide tener remordimientos. Es frecuente que los hostigadores tengan una alteración del sentido de la norma moral y no sientan culpabilidad por su comportamiento agresivo. Normalmente repiten su conducta a lo largo de su biografía y se pueden descubrir más casos de acoso a otros subordinados.

Es característico que el acosador sea cobarde en el caso de que se le haga frente, es mentiroso compulsivo con una gran capacidad de improvisar explicaciones y crea un universo donde encajan las acusaciones contra la víctima de su acoso. Son personas controladoras y con una capacidad profesional generalmente mediocre. La superioridad sobre el acosado les hace sentir poderosos y la cacería viene a ser una especie de ritual de dominio y sometimiento de un subordinado que juzgan peligroso o a quien envidian.

Clásicamente se ha fijado en cuatro momentos o fases el proceso de acoso laboral. En la primera fase la relación laboral es neutra o positiva pero algún acontecimiento hace nacer una corriente crítica hacia la víctima. Puede ser un cambio por ascenso, la inclusión de otro trabajador e incluso pequeñas modificaciones del espacio o ubicación. Comienza a criticarse la forma de trabajar del acosado por parte del hostigador.

En una segunda fase se desarrollan ataques sutiles que provienen de un superior y de los propios compañeros. Es frecuente que se hable de la víctima en el grupo sin su presencia, incluso es ridiculizado. Con el tiempo se aísla al empleado negándole la comunicación y por fin se le relega no valorando su trabajo o humillándole incluso a través de la remuneración o con expedientes e informes negativos.

 

En una tercera fase se extienden los comentarios que adquieren consistencia y justificación. Aparece una determinada imagen manipulada que puede llegar a otros servicios o departamentos de la organización. En esta fase la idea imperante en el medio laboral es que el problema de la víctima es su personalidad. El hostigador ha logrado que aparezca ante los demás como un enfermo mental.

En la última fase del acoso laboral la víctima desarrolla alteraciones en su equilibrio socioemotivo y psicobiológico. El verdugo ha conseguido dar fin a su cacería.

Las salidas a estas situaciones son dificilísimas. Cuando el acoso laboral cuenta con la connivencia de la empresa el pronóstico es oscuro. Si el acosado logra darse cuenta del acoso debe intentar lo antes posible un cambio de puesto de trabajo e incluso de empresa. Lamentablemente la pugna con un superior tiene un ganador preconcebido, pero la peor situación es no ser consciente de la persecución y creerse culpable de las acusaciones de absentista, bajo rendimiento, torpeza o incluso enfermo mental .

En los momentos iniciales del acoso puede ser útil  buscar apoyo dentro de la empresa, hablar con los servicios médicos, intentar cambiar de departamento y plantear las acciones como si se tratase de una guerra. No siempre estas opciones son posibles, por tanto es aconsejable una buena forma física y mental, confianza en uno mismo, recuperación de la autoestima y reclamar la consideración de los demás miembros del equipo de trabajo. Es imprescindible buscar alianzas. Encontrar apoyo en la familia y los amigos es fundamental para poder mantener la salud mental.

Sentir que no hay salida es peligroso y destructivo y el simple intento de buscar una solución lejos de la organización, de trazar un plan y movilizar recursos para no sentirse encerrado, es positivo y confiere resistencia. No obstante es muy aconsejable el apoyo psicológico profesional, como siempre que el ser humano se enfrenta a una verdadera guerra.

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