OPINIÓN

Brexit, el miedo a nosotros mismos  

El viernes de la tempestad en Europa lo ha sido en España el de los pescadores tramposos en el río que seguirá revuelto hasta que se cierren las compuertas, digo urnas, ese momento en el que recibirán la última de las dudas resueltas por millones de votantes. Acto seguido, se abrirán para dictar sentencia.

Pero también he escuchado a personas que me han recordado el corazón. Por ejemplo, a influyentes ingleses como John Carlin y Michael Robinson avergonzándose del país en el que nacieron.

Volviendo a los nuestros, he visto a Rajoy metido en el protocolo para tranquilizar sin argumentos ni autoridad para comprometerse a nada. Pero, en cambio, no se ha cortado ni un pelo para insinuar, desde un atril que pagamos todos, que no es momento de cambios. Me ha parecido Mariano algo muy pequeño, entre otras cosas porque ha contribuido decisivamente a que España no pinte un bledo en el concierto europeo. Así que he decidido hacer más caso a la eurodiputada Beatriz Becerra, de la ALDE (Alianza de Liberales y Demócratas por Europa) quien el 20 de mayo declaraba que “España sería uno de los países de la UE que se verían más afectados por el Brexit”. Ella sí que hablaba con cifras. Por eso, lo que dijo hace un mes es lo mismo que titulan hoy las portadas de la prensa más libre.

Siguiendo con otro del mismo partido, García Margallo me recordó a primera hora de ayer cuanto prevalecen aún el cinismo y la mentira impune y descarada. Que un señor de su categoría y experiencia afirme públicamente que el populismo de “Unidos Podemos” también es responsable del Brexit sería como para echarse a reír si no produjera rabia, que está hablando un ministro. Ah, y no se pierdan el detalle de haber citado a la perfección el nombre de una candidatura montada mucho tiempo después de que Cameron convocara el referéndum. Sigue siendo inteligente para las maldades, aunque solo esté en funciones. En fin, que estoy empezando a dudar de su fidelidad hacia Adolfo Suarez, el otrora líder de la misma UCD que ambos compartieron. Si, aquel al que tantos traicionaron. Algún día se conocerán los verdaderos comportamientos de todos aquellos aventureros de la Transición, tan rodeados de golpistas como estuvieron.

En el centro del panorama y, en relación con este lío inesperado, he visto con perfil bajo a Sánchez y Rivera, o es que en un ambiente tan polarizado ya ni la prensa les hace caso. En algún sitio he leído que se han sumado a la campaña de echar la culpa a los populistas, pero no tan atrevidos con sus falacias como los que aquí, en España, pertenecen a la misma tendencia que los del partido que, en el Reino Unido pero dividido, han propiciado el desastre.

Y también pude ver a Iglesias en TV, cerca de un árbol y con el verbo disfrazado de hombre tranquilo, casi de Estado, el mismo que llevaba cuando lo escuché en la SER hace unos días. Es el traje clásico de todo triunfador electoral cuando se acerca el éxtasis de la victoria. Ha informado de algo que casi nadie sabía y que, de ser cierto, le haría merecedor del título de más listo de la clase en campaña electoral. Dijo que su partido había sido  el único de España que envió alguien a Londres a echar una mano a los Laboristas, en la trinchera de que UK siguiera en Europa.

Por último, se habla en los medios de quien saldrá ganando en España el 26, después del Brexit. Así dicho, y sin encuestas posibles, solo se pueden plantear infundios. En cambio, hace siglos que los sabios dijeron aquello de “que hablen de mí, aunque sea mal”. No han podido evitar la tentación de repetir contra Iglesias la misma letanía que comenzaron desde Venezuela, a pesar de que ya deberían sospechar que si todos van contra un tal Pablo, pero el mismo Pablo consigue más votos, aunque solo sea en los sondeos, quizás deberían cambiar de estrategia. Pero no, insisten. Quizás la única buena noticia del Brexit, solo para los de Rajoy, es que ya no hay tanta prensa interesada en destapar las cloacas de Fernández para probar nuevos olores.

Y regresando a Europa para terminar, me confieso incapaz de especular sobre el futuro. Creo que este es más el momento de analizar significados o manifestar sentimientos, como los de los ingleses solidarios que se han quedado en minoría. Quien se atreva a pronosticar que se comprometa a pagar en caso de error, sobre todo si se trata de algún economista de los muchos que, desde principios de siglo, se desgañitaron avisando al mundo de que nos acercábamos a la crisis de las hipotecas basura, y de toda la ruina que siguió después, de la que aún no nos hemos recuperado. Disculpe la ironía quien esté leyendo, pero es que la ocasión impide evitarla, y no sacarla fuera me envenenaría.

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