REBELDÍAS

Cassandra, la decisión de Bastián y Pablo Iglesias

Pocos habitantes de este país ignoran, y muchos de otros países lo saben gracias a que están descubriendo la verdadera “Marca España”, que hemos sido capaces de condenar a Cassandra Vera porque hace varios años escribió en Twiter unos chistes relacionados con el último viaje de Carrero Blanco, aquel que fue tan necesario para nuestra democracia. No creo que haya nadie capaz de asegurar que, con aquel franquista vivo, la transición de los años setenta se hubiera podido saldar con las mismas o menos bajas de las que hubo entre los que luchaban por la libertad.

El caso es que la sentencia contra Cassandra, dictada la semana pasada por la Audiencia Nacional en aplicación del artículo 578 del Código Penal, ha provocado una catarata de informaciones, artículos, tertulias y debates en todos los medios importantes. A lo que hay que añadir el hecho de que, una vez más, nos hemos tenido que avergonzar como electores de un parlamento que resulta compatible con una lacra legal que justifica esta clase de sentencias y que, a su vez, ha sido capaz de dar su confianza a un gobierno que disfruta asustando la imaginación de la misma ciudadanía que le paga el sueldo.

Además, llueve sobre mojado, pues desde que ETA dejó de matar, hace más de cinco años y que dentro de tres días, uno, dos y tres, hará entrega de sus armas, se ha multiplicado el número de perseguidos por presuntas apologías de un terrorismo que ya no existe, y por otras manifestaciones verbales o escritas que no suponen el menor riesgo para ninguna vida. Titiriteros, Strawberry y Valtonyc son otros casos conocidos, pero hay bastantes más. Por eso, durante esta semana han sido habituales los artículos con títulos que, con toda la razón, se han referido a Cassandra como la gota que colma el vaso de la paciencia democrática contra los ataques a la libertad de expresión.

¿Cuál ha sido la reacción de nuestros políticos ante la sentencia y el barullo mediático que se ha generado?

En el PP respeto hacia una justicia que les conviene y que, más que nunca, se escribe con minúsculas. Adivinamos satisfacción oculta en las filas de Rajoy, pues cada acción represiva en esta dirección constituye una nueva muralla que se eleva contra el verdadero cambio político, dado lo vidrioso de todo lo relativo al terrorismo. Y, por supuesto, negativa a cualquier cambio en la legislación, algo que también han manifestado los de Rivera.

El PSOE inseguro, como cabe esperar de su condición y con el agravante de la coyuntura que atraviesa. Parece que hablan de modificar el artículo 578, sin mayor detalle.

Antes de analizar la respuesta de Podemos, es el momento de referirse a José Antonio Bastián, un vallisoletano de 51 años que, valiente, se presentó en la comisaría a las 16 horas y 45 minutos del pasado jueves, 30 de marzo, para denunciar que él mismo, el día anterior, había publicado en la red social Facebook “varios mensajes que son los mismos por los que ha sido condenada una mujer llamada Cassandra…”. Es decir, se auto inculpó de verdad, declarando un delito de “enaltecimiento del terrorismo” ante la autoridad competente, y aportando las pruebas correspondientes. A Olivia Carballar, la periodista del digital “La Marea” que firma el artículo en uno de los pocos medios que se han hecho eco de la acción, Bastián le dijo que “las muestras de solidaridad no son suficientes, y que considera que hay que poner a la justicia en esta tesitura”.

Volviendo al político que faltaba, Iglesias ha conseguido el mayor protagonismo en los medios con el asunto Cassandra gracias, principalmente, a la anunciada Proposición No de Ley para derogar el citado artículo 578 de CP, lo que ha obligado a varios líderes políticos y a notorios juristas a definirse al respecto. Además, acompañado de la twitera sentenciada y de otros dirigentes de Podemos, ha manifestado que divulgarían sus mensajes sobre Carrero, en una acción de auto inculpación solidaria. Una movida que, por cierto, ya habían llevado a cabo varios medios de comunicación desde sus pantallas y que miles de personas están divulgando espontáneamente. Por cierto, no se pierdan la variante de Buenafuente y Carrero Negro. También circulan algunas resoluciones de solidaridad genérica con Cassandra aprobadas por Círculos de base, como el de Majadahonda.

En este punto es cuando recordamos que uno de los argumentos gracias a los que Iglesias derrotó a Errejón en Vista Alegre 2 fue el de que había que combinar la acción en las instituciones con la movilización social. Y ante Cassandra solo hemos visto en el nuevo Podemos anuncios de propuestas para debatir en el Congreso y declaraciones públicas elitistas, exclusivamente protagonizadas por los líderes del partido y sin llamadas a la implicación activa por parte de sus miles de seguidores.

¿Por qué no ha convocado Pablo Iglesias una movilización contra la sentencia de Cassandra como esa iniciativa que, valiente, ha protagonizado el vallisoletano Bastián? ¿Cuál sería el efecto político de cientos de personas haciendo cola en las comisarías para auto inculparse de apología del terrorismo, aportando contra sí mismas las pruebas de divulgación continuada de los trece chistes en las redes sociales? Además, algunas de las “twiterías” de Cassandra no son tan poco graciosas como dicen y, en cualquier caso, mucho peor y más peligroso era el muerto.

No parece que la defensa de la libertad de expresión, un derecho inseparable de la democracia y tan acosado en este momento, constituya una de las actuaciones que estén mereciendo de los partidos políticos eso de poner toda la carne en el asador. Si los asesinos de risas no son derrotados en breve, quizás nos ocurra que tengamos que repetir, tristes, aquellos versos que dicen “Primero vinieron a buscar…” que se atribuyen a Brecht, pero parece ser que fueron escritos por Niemöller.

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