OPINIÓN

‘Cataburlas’, esa copia de la realidad

He conocido a Felipe, Luis y Poncio, lo dije hace unos días. Son tres nombres “de guerra”, de los que ahora llaman “nicks”, que ocultan a otros tantos compañeros de fatigas contra los “grises” en los últimos años de la dictadura o, como dice Rajoy, de un gobierno “no democrático” que había en España. Solo por violar la norma fundamental que establece que no hay que definir algo con palabras que indican lo que no es, toda la oposición debería ponerse de acuerdo el primer lunes después de Reyes y sacar de La Moncloa al jefe del PP, sean cuales sean sus otras virtudes. Nadie es imprescindible.

El caso es que dos de ellos coincidieron en la Facultad de Políticas de la Complutense, que llegó a juntar la “célula” con mayor número de militantes de PCE de toda la Universidad, según me cuentan. Más tarde dos se conocieron en la Agrupación de Aluche, el barrio de Madrid donde vivían, una vez que la dirección del partido en el exilio impuso una reestructuración que quizás tuvo mucho que ver con el fracaso electoral a partir de 1977. Si usted ha leído mal estará pensando que 2 + 2 = 4, pero la explicación está en que uno de los tres se movió en ambos ambientes y conoció a los otros dos por separado.

Ninguno de ellos nació ni vive en Tabarnia ni en el resto de Catalunya, por lo que esta vez no pisarán la cárcel. Además, tienen más de 60, esa edad en la que cuando te estás duchando comienzas a pensar en cosas interesantes. Y prefieren que esta entrevista no se reproduzca como una sucesión de preguntas y respuestas sino en forma de relato que, me avisan, solo suscribirán con el afortunado que está aquí sentado si les gusta.

Interesados los tres por el comportamiento humano, sobre todo en condiciones de libertad, y motivados por un presente que les recuerda aquella Transición que tantas ilusiones decepcionó, asustadas por los últimos coletazos del antiguo miedo, en lugar de batallitas del pasado me han contado lo del proyecto Cataburlas, un entretenimiento que se han inventado al calor de los titulares de cada día y que ha consistido en anotar, clasificar y calificar el trato dispensado hacia la mitad rebelde de Catalunya por parte de firmas de categoría más que acreditada. Han conseguido el material con lo publicado en quince periódicos de papel y/o digitales durante 47 días seguidos, a partir del 31 de octubre de 2017.

Me han dicho que no hay como investigar sobre copias fieles de la realidad, pues eso son los registros de Cataburlas, para encontrar sorpresas. Eran las 8 de la mañana del 2 de enero de 2018 y, por tanto, hacía más de diez días que se había consumado el fracaso de los que, sin reparar en excesos ni defectos, intentaron la derrota de los independentistas. El caso es que, probablemente para comprobar algún detalle del proyecto, uno de los tres retrocedió en el tiempo y abrió la pantalla correspondiente al editorial de El País del 15 de diciembre, titulado “Grave traspié de Iceta”. A la derecha del texto y para informar sobre la línea seguida por PRISA ante lo de Catalunya aparece, textualmente, lo siguiente:

EDITORIALES ANTERIORES

Un pacto en Cataluña (10/12/2017)

Campaña tensa (05/12/2017)

Ideas claras (03/12/2017)

Como nuestro cataburlante buscaba un título diferente, se dió cuenta que esa lista no incluía toda la verdad. Lo comentaron entre ellos y no sabían si llamar mentira o posverdad a la ausencia. Me lo cuentan y compruebo que acudiendo al buscador Google y escribiendo “Éxtasis del disparate” aparece que El País publicó un editorial con ese sugerente título el día 8 de diciembre de 2017, una fecha que siempre estará después del día 5 y antes del día 10 de cada mes pero que, precisamente esa, tendrá para siempre nombre propio pues fue la de la manifestación de 45.000 catalanes apoyando a Puigdemont en Bruselas. Escapar de Internet no resulta fácil para un medio de comunicación de los antiguamente sistémicos y, por tanto, usted también puede leer ahora mismo el tal “Éxtasis…” que, por si el título no resultaba suficientemente elocuente, al listo de turno se le ocurrió subtitularlo con la magistral frase “La marcha de Bruselas sella la ruptura separatista con la democracia y Europa”, tras lo cual se debió quedar más ancho que largo y quizás pensó que, gracias a él, los de Puigdemont acababan de perder dos diputados. Para completar el éxtasis personal del autor, como no recordar que en la misma portada El País colocó también una muy recordada “noticia” que titularon “El separatismo pasea su odio a España por las calles de Bruselas”.

Puede que hasta sea injusto sospechar intenciones a partir de una evidencia tan patente y que todo lo anterior no corresponda más que a un error simple, informático por supuesto, pues las casualidades existen. En ese caso, quedamos a la espera de que lo arreglen. Pero por si les hemos dado una mala idea y en el futuro van a dosificar a conveniencia los accesos a su hemeroteca para no estropear el relato, permitan que les aconsejemos el título “ALGUNAS EDITORIALES ANTERIORES” en lugar de “EDITORIALES ANTERIORES”. Por nuestra parte sabremos interpretar que podrían faltar aquellos que, a la vista de lo sucedido a posteriori, les podrían avergonzar por haber escrito y publicado lo que se atrevieron a malpensar.

Por cierto, ya que gracias al fichero Cataburlas hemos reparado en El País, resulta de lo más recomendable leer o escuchar a Antoni Bassas respondiendo al Juan Cruz capaz de escribir “La construcción de la enemistad”, otro título de los inocentes en el diario de PRISA, este del 27 de diciembre. Se presta a colación porque el periodista catalán hace referencia a la impresión que le causó el mentado artículo al que aquí se ha hecho referencia, el del paseo del “odio” hacia España por las calles de Bruselas.

Cataburlas ha conseguido mucho material para seguir investigando. Por eso, no sería justo dejar pasar esta entrega sin repartir la justicia correspondiente a los méritos también atesorados por otros actores, tan activos la mayoría. Terminaremos citando los títulos de todas las editoriales de El Mundo que han cabido en los 47 días que ha durado el trabajo “de campo”. Sin duda, es el diario campeón por número de artículos dedicados al conflicto. Se trata de un listado, a continuación, con el que Felipe, Luis y Poncio me piden que termine esta entrevista y le invite a usted, que está leyendo, a reaccionar como si fuera uno más de los destinatarios de estas 43 opiniones, cosa que podría depender de algo tan casual e inocente como que, por ejemplo, usted hubiera nacido en Catalunya.

Partiendo de esta premisa, y solo por ayudar, se me ocurren seis categorías distintas, seguro que salen más, con la intención de que haya siempre alguna en la que pueda encajar cualquiera de los 43 títulos: 1) Presionando para amenazar; 2) Conscientemente embustero; 3) Seguramente irónico; 4) Indiscutiblemente ofensivo; 5) Equivocado de buena fe y 6) Únicamente descriptivo.

El desafío al Estado no puede quedar impune

El peso de la ley no es virtual

Puigdemont sigue su juego y se entrega

Bélgica arriesga su credibilidad con Puigdemont

¿Quién paga el show en Bruselas de los alcaldes separatistas?

La escuela y la TV como fábrica de mentiras

El PSC vuelve a caer en la alianza con los nacionalistas

Restaurar la ley exige controlar el orden público

La inestabilidad solo conduce a la ruina

Y al fracaso se sumó el deshonor

De nada le servirá a Forcadell su ‘arrepentimiento’

Ada Colau, una separatista más

La clave es movilizar a la mayoría silenciosa

Una amenaza real para la democracia

El adoctrinamiento y la mímica del Gobierno

La peligrosa injerencia rusa a través de la Red

El Estado, en auxilio de Barcelona

ERC elige a Colau para blanquear su insurrección

Las listas del 21-D: entre el delirio y la esperanza

Puigdemont, casi al final de la escapada

Ada Colau, emperatriz del ‘procés’

El PNV aprovecha la debilidad del Gobierno

Preservar la senda de Maza

Perder la EMA, un daño irreparable del separatismo

Junqueras, preso de su cálculo electoral

Una investigación conjunta para un delito colectivo

El “procés” lastra la legislatura

La raíz populista del independentismo

El acatamiento del 155 no puede ser retórico

La quita del PSC añade al 21-D más populismo

Un plan premeditado para permitir el 1-O

La excarcelación no exime al juez de vigilancia

Cerco judicial a la pasividad de los Mossos el 1-O

La esperanza de enterrar el ‘procés’

La impunidad de Puigdemont toca a su fin

El separatismo contra Europa

Dos bloques antagónicos y una sociedad dividida

El Govern mintió a los catalanes con el 1-O

Sijena: cumplir la ley no es opcional

La agenda de la estafa del ‘procés’

Ni impunidad ni indulto posible

La Generalitat actuó como un estado totalitario

Una inamovible polarización

Ante una tan increíble como verdadera secuencia de 43 artículos sobre Catalunya, firmados por la dirección de El Mundo en 47 días consecutivos y a los que se suman más de 250 firmados por columnistas habituales del mismo periódico durante el mismo periodo de tiempo (una relación en la que no se han incluido ni noticias, ni cartas al director, ni chistes, entre otras excepciones) las preguntas son inevitables:

¿Quién ha cultivado con más ahínco este mono tema, del que tantas veces se acusa a una sola parte de las enfrentadas?

¿Quién ayuda a destruir las convivencias familiares con titulares provocadores, que cada día leen millones de personas a quienes informan, forman y deforman?

¿Puede ofrecer El Mundo un currículum editorial similar en su denuncia contra otros problemas, esos que los españoles sí que han considerado prioritarios durante años, como son el desempleo y la corrupción?

Y una última que concierne a todos: ¿Desde donde deben comenzar a tenderse nuevos puentes entre Catalunya y España, sea cual sea la relación futura que mantengan?

Si, habrá más Cataburlas en el futuro. Solo son una copia de la realidad.

Aprueban y firman el presente relato: Felipe, Luis y Poncio.

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