CILUSIONADOS

Colaboración sí, dependencia no

Tras 70 años de matrimonio entre Europa y los Estados Unidos, ha llegado el divorcio. La causa no han sido estas elecciones. Independientemente de cuál sea el resultado, el divorcio ya estaba cantado. Ha sido el populismo triunfante de una teoría peligrosa que se va extendiendo por el mundo “American first” (América primero), pero que coincide con las ideas imperialistas de Rusia y de Turquía, entre otras. No importa que haya sido solo una de las partes la que ha querido separarse. Como en todo divorcio, no se trata de pedir responsabilidades ni de culpar a nadie, sino de una realidad. Y a las realidades hay que plantarles cara. Cuatro años de desavenencias han acabado con una unidad de intereses y de convivencia. Es verdad que difícilmente podrá Europa agradecer los suficiente a América la ayuda prestada contra el nazismo y después contra el imperialismo ruso, pero no todo ha sido idealismo, y la dependencia que ha tenido y tiene Europa de los EE. UU también tiene su precio.

Pero ¿es algo negativo este divorcio?  En cuanto supone dejar de luchar juntos contra muchos problemas que afectan al mundo- pobreza, paro, cambio climático, migraciones, delincuencia, crimen organizado-, sí es una gran pérdida. Negativo también sería, si con este divorcio Europa no abriera los ojos. Pero, por otro lado, estamos ante la gran oportunidad de que Europa acabe de una vez con ese déficit de defensa que viene arrastrando. Depender de otro país en el ámbito de la defensa significa dejar en manos de otro todo el campo de la investigación en dicho ámbito, una investigación que tiene después una enorme influencia en el terreno industrial y en la creación de empleo de calidad. Depender de otro para que no nos ataquen significa perder gran parte de nuestra libertad y, por tanto, gran parte de nuestra democracia. A mayor libertad, mayor democracia.

Ni España ni la mayoría de los países de la UE tiene la más mínima posibilidad de una autodefensa, pero la UE en su conjunto sí debe avanzar en este campo. No se trata de prepararse militarmente. Se trata de poderse defender, que es lo mismo que defender sus valores, su democracia, sus puestos de trabajo y su libertad. Son varios los déficits que tiene la UE, además del déficit democrático (otro día hablaré de esto): déficit defensivo, déficit energético y déficit demográfico.Si los simples ataques telemáticos pueden afectar gravemente a nuestra democracia, Europa debe estar preparada para ataques más serios, y, para esto, no le queda otro camino que la integración. Y no olvidemos, el divorcio con los EE.UU, debe ser compatible,por lo mucho que nos une,con la colaboración.

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