DIARIO DE UN JUBILADO

Contra la hepatitis C, paciencia en lugar de Sovaldi

Cada día mueren en España doce enfermos de Hepatitis C según la plataforma de afectados


El ministro Alonso, en un ataque de falsa sinceridad, ha llegado a decir: “Los enfermos de hepatitis C no pueden esperar, las farmacéuticas, sí”. Pero no hace lo que hay que hacer para que la medicina llegue a los enfermos. 

♦ Cristóbal trabajaba en la construcción, cuando había que poner los cimientos de un edificio cavaba sin cansarse durante horas, cargaba sin el mayor problema sacos de cemento de sesenta kilos, colocaba ladrillos uno tras otro du-rante un día entero… era su trabajo, un trabajo agotador, duro, pero era un hombre fuerte y la vida no le había dado otras oportunidades laborales mejor que esa para ganarse la vida. Se la ganaba bien. Todavía la burbuja inmobilia-ria no había explotado en nuestro país. El último trabajo que, todavía pudo realizar Cristóbal, después que le diagnosticaran que padecía de hepatitis C, fue el manejo de una gigantesca grúa en la construcción de un polígono de viviendas. Durante varios años pudo vivir como si no pasara nada. Trabajaba tanto como el que más. Estaba contento. A su familia no le faltaba de nada. Sin embargo el virus instalado en su hígado avanzaba silencioso durante años sin dar la cara hasta que un día, sin saber cómo y porqué, comenzó a arruinarle la vida. Cristóbal no podía con su alma. El cansancio podía con él. Su hepatólogo le informó que había alcanzado el F-3, padecía de cirrosis. Si el virus avanzaba hasta alcanzar el F-4, el cáncer pondría en riesgo su vida.

Con tan solo cincuenta años cumplidos se vio obligado a dejar de trabajar. Un tribunal médico de la Seguridad Social le declaró incapacidad laboral. Tenía que aprender a vivir con una reducida pensión y una cirrosis criminal en proceso en su hígado por culpa de la hepatitis C. Por tres veces consecutivas pasó por el Interferón, un tratamiento médico durísimo que roza el dicho popular que dice que “es peor el remedio que la enfermedad”.No le curó de la hepatitis C. El Interferón, en el mejor de los casos, tan solo cura al 45% de los enfermos. Si te curas, bien; si no tienes que aceptar que la vida es así de dura y no hay otro remedio que aprender a vivir con esta enfermedad que tarde o temprano te causa un cáncer de hígado.

El panorama era así de desolador, pero resulta que hace apenas dos año, entra en el mercado farmacéutico un nuevo medicamento que puede curar al 95% de los enfermos de hepatitis C. Fue la mejor noticia que pudo recibir en su vida Cristóbal. Pero, como el medicamento es muy caro por culpa, no del coste del mismo, sino de la oferta y la demanda tal como la conciben a lo bestia los neoliberales que nos invaden, la Seguridad Social deja que los enfermos se mueran, doce cada día según la Plataforma de la Hepatitis C, en vez de suministrarles los nuevos medicamentos como es de justicia.

Y ahora, después de más de un año sin hacer nada, el Gobierno con Ana Mato como ministra de Sanidad, viene un nuevo ministro, pone en marcha un plan nacional contra la hepatitis C, nombra un comité de expertos subvencionados por la farmacéutica que comercializa el Solvandi, la medicina que puede curar, y les dice a los enfermos de hepatitis C que además de razón tienen necesidad de ser curados hoy, no mañana. Es más, en un ataque de falsa sinceridad, el ministro ha llegado a decir: “Los enfermos de hepatitis C no pueden esperar, la farmacéutica, sí”. Pero la realidad es que Cristóbal y al menos cien mil enfermos más de hepatitis C de nuestro país todavía no tienen a su alcance el medicamento que según los hepatólogos del mundo entero cura de verdad de una vez por todas. En conclusión, para el gobierno de Rajoy y su ministro Alonso, contra la hepatitis C que mata en silencio y a traición a las personas, paciencia.

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