LLEGANDO A PUERTO

De qué se ríen las hienas

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Una tarde. Dos poemarios. Dos autores. Julián Fraile y José María Nievas. El intenso caminar por la experiencia irónica de la vida y la incesante exploración poética de la soledad y el autoconocimiento


Julián Puerto Rodríguez


Pongo por delante, para evitar equívocos, que con este titular no me refiero a ciertos diputados del parlamento español que ríen sin cesar en irónicos discursos e innecesarias puestas en escena, muestra de la impotencia e incapacidad de ponerse de acuerdo. Y eso que el objetivo es tan sencillo como buscar la felicidad de la nación. Si bien es cierto que esto último se refiere a aquellos individuos que luchan porque el fin, de toda sociedad política, no sea otro que el bienestar de los individuos que la componen y no sólo el de unos cuantos.

Ni siquiera hago mención a la comedia romántica homónima que interpretara y dirigiera el guionista Javier Veiga. Tampoco deseo proponerlo como una interrogante existencial encubierta en una carcajada histérica, emitida desde el gruñido del carroñero animal. Verdad es, que estos carnívoros, se manifiestan desde la frustración, la furia, las ganas de pelea, la lucha por el territorio y, como no, por el rango social y jerárquico.

Descarto por igual la poesía gongorina que trata del ándeme yo caliente y ríase la gente, ya que el compromiso dice mucho del gobernado sino quieres que te la cuelen por cualquier lado (me refiero mediante impuestos, recortes y cosas así):

Traten otros del gobierno
del mundo y sus monarquías,
mientras gobiernan mis días
mantequillas y pan tierno,
y las mañanas de invierno
naranjada y aguardiente (1).

No, no,… borro todo lo dicho. Realmente me refiero a un chiste que contó mi buen amigo Julián Fraile, poniendo en duda que, esos pequeños hiénidos de que os hablaba antes, tuvieran razones serías para reírse. Lo hizo delante de más de sesenta personas, durante la presentación de un libro de poesía, del que es autor, que titula “Tribulaciones para dibujar un sueño”. Junto a él se encontraba el joven José María Nievas, con otro buen poemario que paradójicamente se titula “El día en el que nadie estuvo allí”. Nunca supe si, este último título, se refería a “tierra trágame”, tras escuchar la atrevida broma, o simplemente al pesimismo existencial de los poetas ante la política y el temor a los auditorios vacíos.

Lo que sí parece cierto es que José María Nievas realiza en este libro una exploración poética en el tema de la soledad y el autoconocimiento, mientras que Julián Fraile se nutre principalmente de la experiencia de un caminar por la vida en el que no pasa de largo ante las cosas. Aislamiento, incomunicación, agudas pinceladas. Experiencia vital y poesía experimental.

A la cima de piedra y viento no llega nadie,
sólo tu paso, mi paso y el paso elegido del amigo.
Vuestros verbos partidos se quedan en el barro
y los abrazos duelen menos si no llegan.
(…) (2).

articulo-julian-2Algún día os contaré las diferencias que establecen estos dos escritores, poéticamente hablando, entre tonto y gilipollas en una titulada “Elegía a la estupidez”. En ese momento, tan solo fue un momento, vino a mí memoria la explicación que nos da el casticismo madrileño sobre el origen de la tal palabreja, que atribuye al descaro de las hijas de don Baltasar Gil Imón de la Mota, fiscal del Consejo Real de Castilla con el rey Felipe IV, considerado como el más docto, discreto, informado y prudente ministro.

Yo no estoy de acuerdo con aquello que me contó el poeta de que “anda la fauna en asamblea de rebuznos y ladridos conferencia, mientras aduladores de ronquidos y bostezos aplauden y corean los rugidos”. Nos ha costado tanto llegar hasta aquí, se ha pagado tan caro esto, que me apodera un preocupante cansancio metafísico provocado por la ruleta que gira y gira hasta pararse cien años atrás y, otra vez, vuelta a empezar con el alma en vilo y las vidas pendientes de un hilo: “mira la calle, ahí a la vuelta hay gente que vive en el suelo y en otros lugares de las cloacas (…). Increíble, los árboles huyen del bosque, ahora tienen pies”

Esto de los animales es así y Fraile insiste: “animal de compañía para guiar en sus trabajos a monarquías, noblezas y patriotas convencidos. Nombre científico: fuga de capitales. Suiza vigila…”

Siglos de endogamia acuñados en metal,
el pienso adulterado de una casta que alimenta
bocas anhelantes en sus nidos.
Siembra el desterrado una palabra en la memoria,
verbos de etiqueta abandonan el congreso
y un perro se desmaya en la cocina.
(…) (3).

Fue, en definitiva, un recuerdo permanente a la poesía actual que sigue caminando por unos derroteros de recuperación de los temas sociales con una cierta base irónica y humorística. Una conciencia y sensibilidad que nos recuerda que la poesía ni puede ni debe callar.


 

1.- Luis de Góngora
2.- José María Nievas.
3.- Julián Fraile (también el entrecomillado en cursiva).

Foto 1.- “Sed”. Acuarela sobre papel. Aitor Cáceres Trueba.
Foto 2.- “Bajo el árbol”. Acuarela sobre papel. Aitor Cáceres Trueba.

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