CILUSIONADOS

De un proyecto ilusionante a una UE sin alas

No se trata de la idea que los europeístas podamos tener de la UE ni tampoco de la importancia que ésta haya tenido históricamente o tenga en el momento actual. Se trata de saber qué piensa de las instituciones europeas y de la integración europea el ciudadano normal, ese ciudadano que está esperando el sueldo del fin de mes para pagar las facturas pendientes y el importe del alquiler o de la hipoteca,

Antelas encuestas que realiza periódicamente La Comisión Europea a través de Eurostat y la que últimamente ha hecho el periódico Euronews no tenemos muchos motivos para ser optimistas. A la pregunta de si la permanencia en la UE ha sido beneficiosa para su país, la mayoría de los italianos y de los franceses responden que no, Y a la pregunta de si el Brexit va a beneficiar o perjudicar a Gran Bretaña, nuevamente son mayoría los franceses y los italianos que responden que el Brexit va a beneficiar a los británicos. Más aún, a la pregunta de si crees que la UE vela por los intereses importantes de tu país, todos, los alemanes, franceses e italianos en su mayoría responden que no. En España los datos supongo que son muy similares

No, el ciudadano medio no quiere salir de la UE, pero no siente tampoco ninguna ilusión por seguir dentro. No es ningún consuelo saber que somos mayoría los que defendemos la permanencia en la UE,

No pretendo con estos datos hacer un estudio científico, aunque creo que estas repuestas de los ciudadanos alemanes, franceses e italianos responden con bastante fidelidada la opinión general de los ciudadanos de la Unión. Incluso los países fundadores tienen una triste opinión de la UE, ¿A qué se debe?

Podría decir que actualmente todos somos más manipulables que la cera derretida, y basta con que escuchemos a un santón de la televisión decir dos veces una frase, para que nos la creamos a pie juntillas, pero esto sería echar balones fuera. Los telespectadores creen en los embaucadores porque han perdido la fe en los políticos. Si los ciudadanos se sienten defraudados, tiene que haber también unas razones objetivas para ello.

Ahí van unas cuantas razones. Posiblemente, yo esté equivocado, pero puedo decir que son unas razones meditadas y sopesadas, pues llevo 30 años pensando y escribiendo sobre temas de la UE, tratando de hacerlo en un lenguaje sencillo o, como diría Gonzalo de Berceo, en román paladino, en qual suele el pueblo fablar a su veçino”.

 Primera: Se suele meter en el mismo saco a los políticos europeos y a los políticos nacionales. El bajo concepto que de los políticos nacionales tenemos los ciudadanos -y más los españoles- salpica a las instituciones de la UE.y muchas veces con razón, pues los partidos políticos tratan de colocar en los altos puestos de las instituciones a sus fieles peones

Segunda: Los políticos nacionales suelen escudarse en la Comisión Europea, atribuyéndose los méritos de ésta y culpándola de los propios errores. Para muestra y en muy corto espacio de tiempo: se decía que la Comisión Europea prohibía la bajada del IVA de las mascarillas, cuando no era verdad, o se tapaba el escudo de la UE con las palabras de “Gobierno español” en el primer envío de vacunas contra el Covid. Y digo que se escudan en la Comisión, pues en el Parlamento Europeo no lo pueden hacer, pues solo es poder legislativo. Y al Consejo de la Unión o al Consejo Europeo tampoco lo pueden culpar, porque son ellos mismos, es decir los gobiernos de los Estados miembros, los que le constituyen

Tercera. Los Estados miembros se han reservado para sí mismos los temas más importantes y que más afectan a los ciudadanos, y estos temas quedan sin control del Parlamento Europeo, del Tribunal de Justicia y, en muchos casos, sin el control de los Parlamentos nacionales. Y al tener que decidir frecuentemente por unanimidad, muchos asuntos quedan sin resolver, se resuelven tarde o se resuelven mal.

Es triste que los ciudadanos no sepamos valorar la gran aportación de la UE a la paz y al entendimiento entre los europeos. Es triste que no sepamos agradecer la gran aportación económica, laboral, humanitaria y democrática de la UE a los españoles. Pero más triste aún es que los políticos culpen a las instituciones europeas de su propia incompetencia. Ojalá que el confinamiento y el aislamiento a que estamos obligados por la pandemia nos haga abrir los ojos y nos enseñe a valorar, entre otras cosas, la libertad de movimiento por toda Europa de que gozamos los ciudadanos europeos.

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