EL ÚLTIMO HOMBRE

Dos poetas de los Países Bajos

Aunque son coterráneos no son contemporáneos y nunca han cruzado palabra, impresiones o deliberado a cerca de sus obras, porque cuando Jan Jacob Slauerhoff perecía, el que más adelante sería, y es, un admirador de su obra, Cees Nooteboom, contaba con apenas tres años de vida. Al cabo de los siglos y más concretamente de los años, la Historia les ha encaramado como a dos de los mejores autores de las letras neerlandesas del siglo XX.

En primer lugar un maldito, Slauerhoff, que con una cuidada y selecta edición de Antonio Cruz Romero, se brinda su primera antología al castellano en ‘Sólo en mis poemas puedo vivir’ (Huerga y Fierro, 2013). Intrépido aventurero hasta el confín de sus días, la tuberculosis se lo llevó, paradójicamente esta enfermedad hizo estragos en el Romanticismo del siglo XVll, su estilo poético habitual, pues renegaba de la corriente literaria de su época, quizás el vitalismo o el expresionismo… Además de romántica, su poesía era autobiográfica y sutilmente simbolista con descaradas inspiraciones en Poe, Rimbaud o Charles Boudelaire y tanteando a los poetas orientales. Hasta el extremo era su admiración por la poesía asiática, que en una de sus últimas obras publicadas, ‘Yoeng Poe Tsjoeng’ (1930) —esta extensa palabra viene a significar ‘Inutil’, pues el pesimismo en toda la obra es una constante, incluida en la antología—  introdujo traducciones al holandés de poemas filosóficos de ilustres poetas chinos, al río Yang-Tse, tópicos de la poesía china, etc…  Si me he atrevido a puntualizar que era aventurero, que lo era, es porque su oficio se lo permitió: médico. Llegando incluso a pisar esta extensa y basta piel de toro que es la Península Iberica, mentándola en su obra (también incluida en la antología) ‘Soleares’ (1932), dedicando líneas a Portugal y Andalucía entre otras. Además, y entre otros muchos más, la antológica antología, que esta semana os presento, incluye una serie de poemas publicados de manera póstuma con el réprobo título de ‘Ya vagando’.

Y en segundo, y último término, esta Cees Nooteboom, eterno candidato al Premio Nobel de Literatura, quizás no necesite ni presentación, pero esta columna lo requiere. Así que en la tónica de nuestro amigo Jan Jacob, Cees se enrroló en una fragata y no por ir a donde necesitaran a un médico, no, él lo hizo por amor. A pedir la mano de su primera esposa. Además es constante verle tomar el sol en la isla de Menorca. Su admiración por nuestra patria es tal que en el ensayo ‘El desvío a Santiago’ (1992) relataba su amorío por España desde hace más de 40 años.

Volviendo a lo que me atañe, su obra poética y más concretamente la que en el libro que nos concierne ‘Así pudo ser’ (Huerga y Fierro, 2003), el estílo de Cees es reflexivo, filosófico y sobre todo contemplativo con la temática del tiempo y la muerte como hilo conductor. Si al principio de mi entrada he resaltado la admiración de Cees por Jan Jacob no es de extrañar apreciar, y admirar, los extensos poemas que a este le dedica en su obra ‘Het gezicht van het oog’ con los poemas de ‘Bashò’ a colación del poema de Jan Jacob ‘Sin Hogar’, Cees parafrasea el principio de este en su ‘Bashò’ para brindarle su merecido homenaje.

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