OPINIÓN

El osado, el confuso, el mediador y el acosado por la Justicia

El jueves 7 de enero escribí, y alguien leyó, que “Las urnas han dado órdenes solo aptas para valientes y, por tanto, no estamos hablando ni de Sánchez, ni de Rivera ni de Iglesias, hasta el momento, y mucho menos de Rajoy”.

Era jueves y dos días después amaneció el pacto catalán rompiendo los esquemas. Deduzca usted, si le parece bien, quien le parece que ha reaccionado antes, aunque no fuera contra mi ofensa. Y ponga también nombres y apellidos al resto de calificativos.

Para ayudar, como si fuera necesario, estas son las cuatro ejecutorias ocho días después:

Sánchez.

Presidencia del Congreso para el PSOE.

Acuerdo con Rivera para el reparto de las sillas de esa Mesa.

Llamada de teléfono a Puigdemont.

Atrevida cesión temporal de cuatro diputados para que puedan formar grupo los catalanistas.
Crítica sutil a un Rey que eligió monarquía contra unidad patria desde lo de las urnas de cartón del 9N en Cataluña. Habrase visto felonía. O quizás me equivoco, y resulta lo que está haciendo es jugar con cálculos de política pequeña.

Firmeza contra un pacto con el PP para formar o facilitar gobierno.

Aparente neutralización de la movida interna contra su liderazgo.

Iglesias:

Líneas o no líneas de quien sabe qué colores para pactar o no pactar según qué gobierno.

Sospechas de tensión interna tras la petición discutida de cuatro grupos parlamentarios.

Referéndum imposible ahora en Cataluña, que no lo quieren ni los independentistas.

Y un bebe que despertará oportuno, como de una hipnosis, para capitalizar en futuras urnas el recuerdo inconsciente de que Podemos defiende la familia. Por suerte para la salud de nuestra capacidad crítica, no parece que hayan conseguido convertir en icono ninguna fotografía.

De Rivera sabemos lo que pone en el titulo.

La Justicia asusta a Rajoy cada día con acciones que acorralan a un PP más desnudo que nunca. Ayer Gomez de la Serna y Ciudadela. Hoy, vuelven los discos rotos de Génova y el Metro de Valencia. Mañana es sábado y se supone descanso.

Me llevo este borrador al bar y coincido con Soraya en funciones y en el mismo escenario del pasado 27 de noviembre que, igual que hoy, era viernes. No puedo evitar que me venga el recuerdo de aquello. Decido comprobarlo y raudo llego a La Moncloa a través del gran túnel del tiempo por el que todos cabemos y sí, es cierto. Allí siguen secuestrados los últimos 30 segundos de la rueda de prensa de aquel Consejo de Ministros, maniobra chapucera para robarnos un gesto no verbal de pre potencia burlona contra una Cataluña que podría ser cualquiera de nosotros. Un tiempo no privado de políticos, pagado con nuestros impuestos y que queremos ver otra vez. ¿Habrá que esperar al nuevo gobierno para que alguien arregle ese “fallo técnico”? Mientras tanto, si usted escribe Soraya gesto delator” en Google sabrá a qué me estoy refiriendo.

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