OPINIÓN

El Senado, el 15M y Barberá, pero también Sánchez

Esclavos como somos de la confusa actualidad pero también admiradores de los osados que disfrutan en el alambre para recuperar así nuestro equilibrio subjetivo, abriremos paréntesis para desear Sánchez el mayor de los éxitos en su órdago contra Rajoy y todo el PP, contra los mordiscos de Pablo Iglesias, contra la imprevisibilidad de Rivera y sus Ciudadanos, contra los que quieren salir huyendo de este río revuelto, contra las portadas adversarias, contra las editoriales tituladas “Un partido secuestrado” y, sobre todo, contra los instalados de su PSOE, que tiemblan ante la mínima posibilidad de que su Secretario General pueda ser elegido Presidente del Gobierno de su España.

Pero también son las 12 horas del martes 27 de septiembre y ni los periódicos de su propia Comunidad Valenciana, “Las Provincias” por ejemplo, saben si Rita Barberá acudirá hoy a la constitución del Grupo Mixto en un Senado que, de cementerio de elefantes que era, está ayudando a transformar en guarida de presuntos.

Para no auto flagelarnos contando los millones que nos ha costado ese organismo, perfectamente “prescindible”, desde que se volvió a inventar en 1977 por si las primeras elecciones al Congreso de los Diputados se les escapaban de las manos a los franquistas reciclados a toda prisa y dirigidos por Suarez y un tal Juan Carlos, comenzaremos por el 15M del año 2011.

En medio de aquella rebeldía, algunos vieron cosas más allá de la Puerta del Sol madrileña y lanzaron la única consigna diferente ante las elecciones del 20N de ese mismo año: el rechazo al Senado en su propia urna. Tal como a continuación detallaremos, los votantes se hicieron eco en un porcentaje claramente superior al manifestado en las convocatorias anteriores, a pesar de un silencio cómplice y casi absoluto de la prensa, de una publicidad institucional masiva con la excusa de un cambio mínimo en la papeleta y de los esfuerzos de todos los partidos por mantener ese antro, presentando religiosamente sus candidaturas sin proponer ningún cambio de verdad.

Al recontar los resultados de aquella jornada electoral, tan absoluta para Rajoy como aciaga para los demás, resultó que la suma de abstenciones, nulos y blancos al Congreso fue del 33,70%, mientras que al Senado alcanzó el 40,43%. Es decir, 6,73 puntos más. En las elecciones de 2008 esa diferencia había sido únicamente de 1,91 puntos. La mayor en todas las elecciones generales celebradas desde 1986 inclusive había sido de 3,49 puntos, en 1989, siempre con mayor rechazo al Senado que al Congreso. Pueden parecer porcentajes pequeños, pero los expertos saben que en sociedades estables que son capaces de asimilar los cambios que la historia va imponiendo, los comportamientos electorales se analizan en cifras decimales, pues las grandes diferencias están reservadas para los cambios casi revolucionarios. Por ejemplo, la abstención al Senado en 1977 fue del 89,72%, mientras que al Congreso fue mínima, del 21,17%. En 1982, la de mayoría absoluta socialista tras el 23F, la abstención al Senado fue del 62,56% y al Congreso del 20,03%, la menor de la democracia. Entre medias se celebraron las elecciones de 1979, reflujo acelerador de la crisis que transformaría a los del PSOE en “felipistas”, con abstenciones similares en ambas urnas y de las más altas al Congreso.

Entre interrogantes abrimos ahora otro paréntesis para preguntarnos si será la serie electoral 20D / 26J / XYZ similar a la 77 / 79 / 82. Interpreto la jugada de Sánchez como la última oportunidad para no arriesgarse a despejar la incógnita de las terceras elecciones o, si llegan, ser él mismo y el PSOE los protagonistas indiscutibles de la actualidad, y quien de los de dentro se atrevería en esas circunstancias a suicidar su propio partido.

Regresaremos desde antes de ayer y mañana hasta casi hoy para decir que no pasó en vano el peor tiempo de hierro y, por tanto, a comienzos de 2015 ya se sabía que el bipartidismo y la mayoría absoluta pasarían a la historia. A pesar del nuevo escenario y de que todos los partidos volvieron a presentar candidaturas al Senado, el electorado confirmó su tendencia y el 20D elevó hasta los 7,56 puntos el mayor rechazo al Senado que al Congreso en la prueba inapelable de las urnas. Es decir, un 12% más respecto a las de 2011, aunque en esa ocasión ninguna movida organizada convocó al rechazo. En cambio, y tal como pasó en el reflujo de 1979, en las del 26J la abstención general, más alta y selectiva, ha perjudicado a todos los partidos menos al PP, y el mayor rechazo al Senado se ha contraído hasta el 4,03%, aunque sigue en porcentajes superiores a los observados entre 1986 y 2008.

Sorprenda o no, para esta nueva transición solo los de Rivera se han sumado a la causa de eliminar el Senado, de la que Iglesias renegó públicamente ya en el verano de 2015 para marcar tendencia en Podemos, que a mis oídos aún les duele la respuesta tipo “casta” con que respondió a una pregunta directa de Hilario Pino en La Sexta Noche. Lo consiguió Pablo, solo faltaría, y así quedó reflejado, tras olvidarse sin piedad del 15M, en el programa electoral de los morados para las primeras y segundas elecciones generales a las que se han presentado.

Hoy, sumidos en el esperpento de la cobardía que implica negarse al riesgo de gobernar, y eludiendo al mismo tiempo la obligación cívica y legal de colaborar con la Justicia para despojar a los de Rajoy del blindaje que proporciona La Moncloa, una sospechosa monopoliza el Senado y se hace fuerte en un escaño del que ninguna autoridad la puede expulsar. Quedan así, al albedrío de una psicología muy particular, la imagen de una institución elegible y la vergüenza de un país que no puede dejar de mirarse también en ese espejo cada día.

Todo se parece a un nuevo culebrón orquestado, o al menos aprovechado, para desprestigiar la política democrática y desmoralizar a los que albergaban esperanzas de cambio, en beneficio exclusivo de un PP cada vez más franquista en sus conceptos políticos, y dicho esto para superar tabúes llamando a cada cual por el título de su genealogía. Una organización acusada formalmente de actuar fuera de la ley que aspira a un mundo feliz, en el que la forma de vida sea el autoritarismo disfrazado con elecciones bajo control. ¿Cómo han podido pensar que conseguirían implantarlo en cuatro años de mayoría, en medio de la crisis y sin poder emplear aquella violencia que tanto nos destruyó?

  •  
  •  
  •  
  •  
  •  
  •  
  •  
  •  
  •  
  •  
  •  
  •  
  •  
  •  
Cliquea para comentar

Deja un comentario

To Top

Uso de cookies

Este sitio web utiliza cookies para que usted tenga la mejor experiencia de usuario. Si continúa navegando está dando su consentimiento para la aceptación de las mencionadas cookies y la aceptación de nuestra política de cookies, pinche el enlace para mayor información.plugin cookies

ACEPTAR
Aviso de cookies