OPINIÓN

Elecciones, gobernar, cambiar, estereotipos

estereotipos

 

“Los demócratas hasta la médula que aspiran al poder deben ser conscientes de que conquistarlo implica cambiar, pues de liderar una parte pasan a gobernar para todos, y todos nunca es lo mismo que una de sus partes”


 

♦ Estaba yo tan feliz con tanta elocuencia que me acerqué hasta Google en busca de alguien de categoría que lo hubiera dicho antes, para darle más empaque a la simpleza. Pero cuando ya estaba llamando a esa puerta pensé que se trataba de una idea que tendrían, igual que yo, millones de personas de las que cada mañana se duchan sin cantar mientras, porque no les sale de… la garganta, o para no tener ocupado el cerebro que protegen con la cabeza. Me conformé con entrecomillarlo, de autor desconocido.

Después, a la altura de la toalla, me dije que los dictadores, incluidos los ocultos, o sea, todos hasta el instante en que controlan las armas, se caracterizan por lo contrario, es decir, por no querer cambiar ellos, sino obligar a que cambien todos los demás a punta de pistola. Otra evidencia.

Como siempre hay políticos que se apuntarían a cualquier sistema con tal de mandar algo, como ahora toca democracia emplean conscientemente la mentira para confundir, porque no tienen en sus manos la violencia suficiente para dominar.

No sé porqué, pero pensando en la mentira me vino a la cabeza la palabra estereotipo justo cuando la tuve que bajar, con el cerebro puesto, para atarme los zapatos.

Entonces sí que “llamé” a la Real, que también está compuesta de carne y hueso, y me contestó que estereotipo es una “Imagen o idea aceptada comúnmente por un grupo o sociedad con carácter inmutable”. Como no cubría mis expectativas, escribí estereotipar y me ofreció “Fijar mediante su repetición frecuente un gesto, una frase, una fórmula artística, etc.”. Me pareció detectar matices que podrían ir más allá de la diferencia entre un nombre y un verbo que van de lo mismo.

Como lo que me interesaba eran los estereotipos que se han divulgado para calificar de manera simplista e interesada a los partidos emergentes, Podemos y Ciudadanos, me apunté al verbo, pues parece evidente que los vertidos contra ambos partidos, que si “populistas venezolanos”, “leninistas bolivarianos”, etc… en un caso, y “apuesta del IBEX 35”, “la otra cara del PP”, etc… en el otro, aunque se hayan “repetido frecuentemente”, no parecen haber consolidado ideas aceptadas por la sociedad “con carácter inmutable”. O eso, o porque a la sociedad no le importan tanto los estereotipos.

Ya conducía cuando regresé al principio de la secuencia, es decir, a unos políticos y a otros, a lo de las convicciones, a la mentira y a los más y mejores estereotipadores de España.

Al principio, ahora no tanto, Pablo Iglesias y los suyos estereotipaban a todas horas y en todas direcciones. Me recordaban la batalla al final de la dictadura, cuando disparábamos estereotipos en papel imberbe con los que no conseguíamos derrotar a las balas de rifles crueles con que nos respondían. En cambio, los del PP han estereotipado, estereotipan y estereotiparán sin descanso ni para dormir contra todo lo que se mueve, hasta que los que se puedan seguir moviendo tras su paso consigan que comiencen a estereotiparse contra ellos mismos.

En el otro extremo, el de los partidos que no abusan tanto de deformar la verdad estereotipando, todo es opinable, pero creo que Garzón y Rivera son distintos al resto, lo que podría demostrar que estereotipar, en democracia, es más cosa de educación que de tendencia. También me pareció digno aquel Sánchez que con su “Podemos, Podemos, Podemos, ¿quieres que lo repita más veces?” ante el “juez” Evole y todos nosotros, asumió, sin reconocerlo, el error de haber caído en otra de las trampas de este PP, el más populachero de todos los que hemos conocido hasta la fecha.

Es probable que haya descendido la intensidad estereotipadora, prueba de su inutilidad, o quizás porque la combinación de factores explosivos que hacen de esta campaña electoral la más loca de todas acobarda un tanto a los políticos, que prefieren bailar, ante el boomerang en que podría convertirse cualquier maldad.


 

P.D. Piense usted lo que piense, lector o lectora, no me ha parecido ocioso mencionar “dictadura”. Sufro dos intensas sensaciones: Una, el estar rodeado de peligros mortales que se parecen en detalles críticos a algunos de los de la primera mitad del siglo XX. La otra, la de no ser más que un miligramo, nada, en medio de una masa automatizada de seis millones de toneladas.

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