REBELDÍAS

Errejón, Iglesias, Urbán y la pregunta maldita

Maldita, y ausente. Para los susceptibles, por si hubiera alguno en Podemos, véase que los nombres de los tres protagonistas están por orden alfabético. Tres chavales estupendos, y no tomaré partido por ninguno de ellos, cuyo no parar de meter la pata es la mayor prueba de sus buenas intenciones, a la par que una manera de derrotar a sus adversarios, de alegría, tanta que ya ni los mencionan, casi. Sin la menor ironía, afirmo que no es pequeño en ellos el mérito de haber sacrificado la comodidad de las aulas o la colaboración en ONGs para dedicarse a crear un partido político nuevo. Bien podrían haberse integrado en el PP acogiéndose a la coartada de cambiarlo desde dentro, o incluso carcomerlo, algo que también hubiera sido de agradecer, y para qué preguntar mientras tanto por el color del dinero que lleva decenios fluyendo en ese partido si eso facilita la vida y asegura las victorias electorales, aunque mala suerte si te pillan. Cuando hay que pensar mal de los políticos siempre vienen primero a la cabeza los de Rajoy. No paran las portadas y pantallas de precipitar cada día un Niágara nuevo de imputaciones, juicios, condenas, pactos con las fiscalías para salvarse de la cárcel y toda clase de figuras jurídicas que adornan la persecución de los malvados habituales por parte de la justicia. Y que han terminado por convertir a todo el que sale con la denominada “presunción de inocencia” en cómplice del delincuente.

Pero esto iba de Podemos y por eso, porque aspiran al poder que siempre corrompe y también porque, a pesar de sus bondades, para ser los mejores hay que saber evitar los errores, seré duro, digo crítico, a la hora de valorar su acción política, porque soy de los que piensan que el paraíso está en el camino que se recorre cada día y no en un cielo solo privado y siempre imaginario. Pero, hablando precisamente del recorrido, ¿se imagina usted lo que sería este fin de semana el Congreso de los de Rajoy si, en lugar de ocupar La Moncloa, su poder se limitara a cinco CC.AA. más Ceuta y Melilla, cuya población total solo roza el 25% de la española? ¿y lo que sería su día a día en los juzgados con tantos, cada vez más, entre rejas,? ¿Se imaginan a miles de potenciales delincuentes del PP fuera de todos los ministerios, de las direcciones generales, delegaciones de gobierno, empresas públicas y cantidad de puestos y puestecitos cuyo único mérito consiste en adular al inmediato superior? Pero, ¿por qué vuelvo al PP? ¿Tiene todo esto algo que ver con Vista Alegre 2 y la crisis de Podemos?

El caso es que es que los tres líderes del título y sus lugartenientes respectivos llevan varias semanas de sobre exposición a los medios. Por tanto, lo que opinaré aquí es producto de lo que les he escuchado y leído en prensa, televisión y radio. Qué distinto su proceso congresual del de los de la gaviota o el charrán, aunque todos sabemos que no es la luz el medio en el que les gusta moverse a los que tienen mucho que ocultar.

Antes de entrar en la pregunta “maldita” es preciso criticar con dureza el hecho de que, camino de Vista Alegre, no pueda recordar a ninguno de los tres reivindicando la República con mayúsculas. Ya sé que para Iglesias y Errejón parece una cuestión de según convenga, nunca en las elecciones y tampoco en los congresos internos, o sea, nunca. Pero en el caso de Urbán me sorprende más, pues no creo que exista un camino hacia el anti capitalismo que pase por conservar la Monarquía. Al final, va a ser que en este país los únicos dispuestos a jugárselo todo por ese modelo de estado, que supuso un gran avance político ¡¡en 1789!!, son los independentistas catalanes, tanto si son los izquierdistas más o menos radicales como los de una derecha, también corrupta, pero no franquista.

Pregunta maldita que, cuando desaparece de la actualidad, lo es porque se ha convertido en un tabú, o está afectada por un prejuicio o por un interés poderoso e inconfesable para que no prolifere. El caso es que las sociedades crean sus propios fantasmas, cosa que suele ocurrir cuando, en ocasiones, ese “algo” era una esperanza de progreso que se fue al traste y, en tal fracaso, sus impulsores tienen responsabilidad y mucho que ocultar, y a sus beneficiarios no les interesa que se pueda hablar sobre ello. Haremos referencia más adelante.

Para evitar que en periodos de libertad y democracia tomen cuerpo estas “enfermedades” psicosociales y lleguen a traumatizar, el papel de los periodistas resulta decisivo. Sueño con una generación de profesionales de la entrevista dotados de reflejos y capaces de no arrugarse ante los políticos, sea cual sea la tendencia que representen y el cargo desde el que pretendan apabullar. Profesionales que tengan metido en la cabeza el principio indiscutible que proclama que toda persona que aspire al poder es un peligro en potencia, por muy necesario que sea, y que el enfrentamiento cara a cara y en directo con la libertad de prensa constituye la medicina preventiva imprescindible para curar tentaciones, como la de la prepotencia, y evitar riesgos que tengan que resolver los tribunales. Entrevistadores que los acorralen en los momentos de duda o confusión y les descompongan el porte y la palabrería. Que no les dejen respirar cuando encuentran en un gesto, o en un instante de duda, esa veta que les permite romper la lógica interna del político profesional que solo sirve para coser demagogias sucesivas. Necesitamos decenas de “¿Y las europeas?”, ese nivel no superado hasta la fecha por ninguno de sus colegas, para mayor gloria de Alsina.

Regresando al principio, si quiere usted saber de qué va esto antes de seguir leyendo puede sustituir en el título “la pregunta maldita” por “un tren llamado Sánchez”, aunque, a diferencia de otras fechas mucho más recordadas aunque no tan modernas, le reto a que sea capaz de citar la única de 2016 en la que, con todas las de la ley, la decisión de un grupo de parlamentarios podría haber cambiado la historia de España. Sí, me refiero al 4 de marzo. Pero, ¿que ocurrió aquel viernes? Yo también he tenido que consultarlo.

Aquel día se celebró en el Congreso de los Diputados la segunda sesión de investidura de Pedro Sánchez, no consiguiendo los de su grupo y el de Rivera más votos nuevos que el de Coalición Canaria, que se había abstenido dos días antes. Es decir, ni por activa ni por pasiva Podemos facilitó la caída de Rajoy. Hasta la orilla de un precipicio habría sido más fiable que un presidente, siempre cobarde ante el poderoso aunque lleve a la muerte, que se termina ofreciendo de interlocutor de una bestia ante el resto del mundo.

Ahora es cuando procede sorprenderse ante la casi total ausencia de preguntas en los medios, a los dirigentes de Podemos, sobre su decisión en el momento más importante de 2016 y, por supuesto, el que hubiera trasladado al Congreso de los Diputados la voluntad mayoritaria de cambio manifestada en las urnas el 20D de 2015, esas elecciones tan olvidadas porque los obligados por su resultado las despreciaron, aunque habían dejado al PP en una minoría que, de haber sido aprovechada por los que tuvieron la oportunidad de un “si” o una abstención calculada y eligieron un “no” sin paliativos a cualquier Sánchez, podría haber conducido a los de Rajoy a la autodestrucción, probablemente incontrolada para mayor belleza. En cambio, aunque no hablen de ello ni pregunten, cada vez son más los que aceptan que ni la crisis actual de Podemos, ni la del PSOE, hubieran alcanzado los altos niveles de riesgo que suponen para el futuro de ambos partidos si la decisión de los líderes de Podemos hubiera sido distinta a la de pensar que sabían el número de la suerte en una nueva lotería electoral.

Como los periodistas, a fin de cuenta humanos, que entrevistan a los líderes están contaminados por sus propias preferencias o condicionados por las órdenes de arriba, es evidente que las preguntas que puedan formular también están teñidas de tales circunstancias. Además, el hecho de que Sánchez siga dando la batalla impide que su fallida investidura se haya convertido en un asunto amortizado, sobre el que se podría hablar solo para el recuerdo y sin miedo a las consecuencias.

En base a lo anterior, volviendo a los hechos que se convierten en tabúes y no sin antes recordar que mientras Sánchez mandaba algo en el PSOE sí que se echaba en cara a los de Podemos su indiscutible responsabilidad en el mantenimiento del PP en un gobierno que, aunque en funciones, proporciona siempre enormes ventajas de cara a cualquier proceso electoral. Resumimos, sin ánimo de ser exhaustivos, los comportamientos periodísticos que nos hemos encontrado en las entrevistas a los líderes de Podemos:

• Los periodistas no enemigos de Podemos y que distribuyen sus simpatías entre las tres tendencias no puede hacer sangre sobre este asunto, pues los tres líderes estuvieron implicados en el “No a Sánchez”. Articulistas como Ramón Aguiló, que afirman que “Errejón defendía el voto favorable” a Sánchez (“A cuchilladas”, Diario de Mallorca del 10 de febrero) no parecen haber leído al propio Íñigo cuando dice que: “El año 2016 fue un año duro, tanto para la ciudadanía en general como para Podemos en particular. El intento de formar un gobierno alternativo al del Partido Popular fue improductivo y el pacto Rivera-Sánchez una cortina de humo que no podíamos aceptar bajo ningún concepto” (“Recuperar la iniciativa”, también en Diario de Mallorca, y además otros medios, pero del 2 de febrero).

• Los periodistas que apoyan a la gestora del PSOE tampoco tienen mayor interés en inquirir a los de Podemos sobre aquella votación pues, en realidad, sería como desear ahora que Sánchez fuera presidente del Gobierno, cosa que no cabe en ninguna cabeza, por muy pequeña que sea y por mucho que el citado sea de su propio partido, que bien les duele a algunos no poder expulsarlo con los estatutos en la mano. Se me pierde en la noche de los tiempos la última vez que algún “susanista” hizo callar a los de Podemos con el argumento irrebatible que si Rajoy gobierna es por culpa de ellos.

• Los periodistas, si existen, que puedan estar a favor de Sánchez tienen la lengua aún más atada, pues cualquier cosa que pueda insinuar entendimientos futuros con cualquier Podemos que salga de Vista Alegre 2 dejaría al ex huérfano de los votos de los afiliados socialistas que puedan detestar tanto a Susana como a Iglesias.

• A la prensa de derechas, amigos de los “beneficiarios de esos fracasos que se convierten en tabúes sociales” a quienes me refería antes, no le interesa el tema porque están conceptualmente en contra de cualquier entendimiento en la izquierda. ¿Quién no recuerda como sacaron a pasear el fantasma del “frente populismo” durante los primeros meses de 2016? Constituye un crimen intelectual seguir rascando, solo en propio beneficio, en los restos del franquismo sociológico que aún pululan sobre las cabezas de los habitantes del país que más daño ha sido capaz de hacerse a sí mismo de todo el mundo occidental, durante los últimos dos siglos. Sin necesidad de hacer mención, saben que ciertas denominaciones despiertan el miedo irracional a otra guerra en el subconsciente colectivo. Para muestra un ejemplo, en este caso de la propia izquierda: cualquier intento de colaboración electoral en este lado del arco parlamentario buscará cualquier marca menos la de “Frente Popular”. Los de Podemos tampoco se han atrevido a romper ese maleficio.

Nadie, pues, y salvo alguna excepción que se me haya escapado, se ha atrevido a preguntar durante estos intensos días de debate en Podemos sobre la única pregunta cuya respuesta, cierta pero inaceptable, ha influido tanto en nuestra historia reciente, y por tanto futura, y tiene tanto, casi todo en mi opinión, que ver con la crisis de estos emergentes.

Muchas versiones de una misma pregunta han desperdiciado los periodistas para acorralar a los líderes de Podemos y, de esa manera, poder cumplir su papel de prevención de la corrupción intelectual que tantos estragos causa. Los medios de comunicación deben cumplir un papel, imprescindible e insustituible, de educadores de los políticos, en el sentido que me refería al principio. El viernes Pablo Iglesias echaba en cara a Pepa Bueno que a Ignacio Escolar lo hubieran sacado de las tertulias de la SER cuando le dio por investigar a Cebrián, olvidando, el de Podemos, que la diferencia consiste en que la prensa libre vive de su éxito, pero arriesgándose al fracaso con cualquiera de sus decisiones, también esa. En cambio, cualquier político aspira a manejar el presupuesto de todos, y el mayor peligro es la tentación de hacerlo a su favor y el de los suyos.

A Urbán, Iglesias o Errejón, podrían haberles formulado cualquiera de estas preguntas:

• A la vista de que usted no está satisfecho con la crisis que vive Podemos, ¿cree que si hubieran facilitado el gobierno de Sánchez el 4 de marzo de 2016 tendrían tanta división interna como su partido muestra en este momento?

• ¿Cree usted que un gobierno de Sánchez con noventa diputados, dependiente en el día a día del apoyo de Podemos, hubiera sido más negativo para Podemos y para España que el actual gobierno de Rajoy?

• ¿Cree usted que la tendencia más derechista del PSOE, representada por los “susanistas”, se hubiera atrevido a destituir a Sánchez si actualmente fuera presidente del gobierno, o a romper su propio grupo parlamentario?

• ¿Piensa usted que sería favorable para los intereses de España que la justicia pudiera resolver todos los casos de corrupción del PP sin la dificultad añadida de la presencia de este partido en el gobierno, dada su demostrada actitud obstruccionista?
Y así decenas de versiones posibles de la misma pregunta, y no digamos los momentos de satisfacción que nos hubieran proporcionado las repreguntas y todo lo que siguiera. Nos hubiéramos reído cuando, para justificarse, cualquiera de los tres líderes hubiera contestado ‘culpabilizando’ a las bases, alguna vez lo han hecho, declarando que los inscritos de Podemos votaron abrumadoramente, 88%, a favor de aquella política. Pero al mismo tiempo lloraríamos porque el periodista no hubiera sido capaz de recordarle que solo participó el 38% de su censo, que la referida consulta interna se celebró entre el 14 y el 16 de abril, más de un mes después del NO, incorregible, a Sánchez en el Congreso, y que ningún dirigente se atrevió a llamar a que los inscritos emitieran un voto de crítica a la decisión del 4 de marzo. Y sin entrar en ciertos detalles de los resultados. Y mucho habríamos añorado a un entrevistador que les dijera que González, si, Felipe, fue mucho más atrevido el 12 de marzo de 1986 cuando convocó en el alambre, y a la fuerza por su propia trampa, el referéndum de la OTAN. Participó el 60% (la derecha convocó a la abstención) y consiguió el 56% a favor de aquel SI de vergüenza con el que consiguió blindar la herencia franquista que le convenía, y que tan favorable le había sido para él triunfar en octubre del 82 tras el 23F del 81. De aquellos polvos mucha de la corrupción posterior.

Y todo lo dicho, desde la convicción de que, como decía al principio, estos tres chavales representan, aún, lo más sano de la política en este país. Para que no se nos pudran excesivamente deprisa, todas esas preguntas se podrían haber reducido a una:

¿Por qué no dieron ustedes a Sánchez la oportunidad de gobernar el 4 de marzo de 2016?

Y la medida de la sinceridad (1) en la respuesta podría deducirse de la que más se aproximara a la siguiente:

“Porque nos dejamos engañar por las encuestas, nos creímos lo del ‘sorpasso’ y pusimos por delante la ambición de poder a cualquier otro análisis de la situación”.

Aunque, no sin cierta dosis de autocompasión hacia sí mismos, también les podríamos haber admitido una respuesta simplemente humilde:

“Porque nos equivocamos”.

(1) Especialmente de Pablo Iglesias es casi imposible conseguir que no presuma, una o múltiples veces, de “decir la verdad” durante cada entrevista, y que ese comportamiento “es necesario aunque duela”, y todas esas cosas que suelen argumentar los que presumen de tal ‘virtud’. Como, salvo para lo indiscutible, la verdad es siempre del color con que cada uno mira, le pediría a Pablo simplemente “sinceridad”, que para la ocasión es decir la verdad de lo que cada uno está pensando en cada momento. Por cierto, me alarmó la seguridad de Iglesias, cuando contestaba a Pepa Bueno el viernes en la SER, cuando daba por descontada la victoria de sus documentos y su lista al Consejo Ciudadano. En Holanda han decidido regresar al recuento manual.

Lea cuando haya leído usted todo lo anterior, ha sido enviado a publicar antes del mediodía del 12 de febrero y, por tanto, desconociendo el resultado de las votaciones en Podemos.

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