RINCÓN DEL BUTARQUE

Escribir es un lamento pacífico

“La escritura es la viva imagen del espíritu” (Louis Víctor Marche, 1864)

Entender debidamente las cartas del manicomio me va a llevar un largo tiempo, este libro de seis psiquiatras, recopilando el diagnóstico profesional de aquel tiempo sobre las cartas que jamás tuvieron salida de esta cárcel con prisión permanente no revisable, que tuvimos en Leganés, requieren de un análisis no profesional, porque el profesional es como el político, siempre arrima el ascua a su sardina, y estas cartas que nunca llegaron a sus destinatarios por una censura férrea, por su sinrazón o por no desacreditar a la institución, es y será posiblemente el mayor secreto de esta tierra pepinera.

¿Secreto? Sí, comentan, sin yo poderlo asegurar, que hicieron desaparecer sacas enteras de correspondencia sin salida, podían ser aullidos de enfermos, letras de la desesperación, la búsqueda de la libertad del no estar recluido de por vida, las doscientas cinco páginas del libro dan para otro libro.

Encarcelar al enfermo puede entenderse, encarcelar su escritura es un crimen de mayor magnitud.

Los psiquiatras de aquel tiempo nos pudieron hablar de tratamientos tras el diagnóstico, pero no de la censura epistolar, etiquetaban de “imbecilidad” a cualquiera que hubiera tirado del pelo a una hermana en una regañina familiar, o a cualquiera que tenía una futura herencia problemática, era fácil en aquel tiempo quitarse a un familiar de encima y llevarlo al manicomio, como pensionista (de pago) para pasar después al área de pobres.

A este Leganés le han hurtado la historia, porque la historia está llena de locos, porque los locos también hacen historia, como Nerón y Hitler. Dicen que por sus cartas entendían sus patologías, no lo dudo. ¿Cuál era la patología de Cervantes, cual la de San Juan de la Cruz en su Noche Oscura o la de Santa Teresa que dicen que levitaba? Uno luchaba contra Molinos, otros contra el diablo buscando a Dios.

Todo debió de empezar cuando uno de  sus residentes vino por visitar a Sor Juana, y no volvió a salir. La Iglesia (sus monjas) en todo y sobre todo hasta cesaba a directores.

Médicos-alcaldes, alcaldes-médicos, la locura empaquetada, las monjas, la España que adormecieron con agua  templada y fría, y una carta en el expediente del paciente, sin embargo, Leganés nunca tendrá otro poeta de la dimensión de un enfermo mental, Leopoldo María Panero, claro que “la escritura es la viva imagen del espíritu”. Señores y señoras psiquiatras, la escritura, es la cloaca que evacua el sentir de la injusticia, no medica, pero sí social y judicial, hasta de los creemos cuerdos. ¿O existe otra forma de lamento pacífico? No la conozco, salvo lo que se exprese en música, pintura y otras artes. Locos o cuerdos, la historia del mundo la conocemos por las palabras escritas y hoy está protegida por la Constitución, salvo si se difama, injuria o calumnia, hasta las palabras de presuntos locos, pero entonces, Leganés era una cárcel y hubo un tiempo en que lo fue toda España.

Josman

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