PARAÍSOS PERDIDOS

Grandes retos

El libro blanco y blando a la medida de las manos, lo tengo aquí delante. Lo acabo de abrir, he respirado, huele a recio, a sacrificado. Sin suavizar, alisar, afinar, igualar, ablandar, allanar, pulir, esmerilar, lijar, pulimentar, acepillar, abrillantar, bruñir, raspar; tranquilizar, apaciguar, mitigar, calmar…, a lo que huelen los buenos libros del siglo pasado. Colección Z número 67 en Solo Obras Maestras. Editorial Juventud, S.A, se publicó en marzo de 1961 “Annapurna Primer 8.000”, de Maurice Herzog.

En la primera mitad del siglo veinte todos los expertos alpinistas opinaban que, según sus continuados intentos, el Himalaya ofrecía tales dificultades que no sería verosímil que ninguna expedición lograra alcanzar, al primer intento, cualquiera de las doce cumbres dominantes.

Maurice Herzog en los años de la Segunda Guerra Mundial luchó en la resistencia francesa. Alcanzó el grado de capitán durante la campaña de los Alpes. Y en 1950, con un grupo de amigos del Club Alpino Francés, utilizando las técnicas aprendidas, como un comando de alta montaña, perdió los dedos pero alcanzó lo que nadie había conseguido.

… Durante días, el miembro más joven y mejor preparado, el benjamín del equipo, lleno de ardor y entusiasmo, quedará condenado a permanecer a poca altura realizando un trabajo de capital importancia, pero anónimo. Llevará perfectamente a cabo su misión, sin pronunciar una palabra de queja, a pesar de saber que cuando se desencadene el asalto final su aclimatación será insuficiente, vedándole la ocasión de representar un primer papel; espíritu de abnegación admirable que condiciona la potencia de un equipo…

… Examino, no sin inquietud, la muralla que debemos atacar. ¡Es todo tan grande, tan desproporcionado a nuestros débiles medios! ¿Qué táctica adoptar? Debo tener en cuenta el estado físico de mis camaradas, el material bastante escaso de que puedo disponer aquí, las dificultades, los peligros, sobre todo la premura del tiempo. ¡Cuántos factores entran el juego! De todos modos estoy decidido…

… La primera cordada talla unos minúsculos peldaños, suficientes apenas para dos puntas de crampones. El hielo es liso y compacto, parecido al cristal, y se rompe con un chasquido seco bajo el piolet; los bloques, limpiamente cortados, se precipitan al vacío provocando pequeños aludes. Seguimos desviándonos hacía la derecha protegidos por los séracs. Un frágil puente de nieve conduce a una plataforma nevada en la que al fin podemos detenernos. El buen tiempo se mantiene por ahora. Unas nubes inofensivas se pasean aumentando nuestro optimismo…

Los jóvenes y los viejos no solo somos hijos de nuestros padres. Somos hijos de nuestro tiempo. ¿La generación de españoles y españolas que nacieron en los años de la década de 1990, y ahora son los adultos en nuestra nueva realidad, estarán capacitados, para afrontar los grandes retos que tienen que resolver? ¿La generación de españoles y españolas que seremos los jubilados de la década de 2020, la asamblea de sabios ancianos, estaremos a la altura?

… Debemos continuar. Como hormigas que intentan vencer un inmenso obstáculo, seguimos trepando con esfuerzo y bajo la apariencia de no adelantar nada. La pendiente es muy pronunciada y la nieve empieza a aglutinarse debajo de las suelas, por lo que vigilo con atención los movimientos de mis compañeros. Cada dos metros me detengo para cobrar aliento; detrás de mí siento a los dos sherpas, aniquilados por el esfuerzo. De vez en cuando miro hacia arriba, midiendo la distancia que nos queda por recorrer. De pronto distingo un punto amarillo dorado…

 

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