OPINIÓN

Hechos que mueven indecisos con saldo final cero, o no

Parece como si una confabulación planetaria hubiera hecho estallar la olla a presión de nuestra política en los estertores de la campaña electoral. Hechos, no tan previstos pero tampoco tan aislados y que tocan directamente los sentimientos, han atravesado izquierda y derecha del espectro de unas elecciones generales que, quizás, escondan el mayor potencial transformador para el conjunto de la sociedad desde las celebradas en 1936, salvo los límites a nuestra libertad de movimientos que ahora nos imponen la deuda y otros con categoría suficiente. Al centro, por si fuera cosa de Rivera, le han intentado buscar las vueltas, y algún desequilibrio en asuntos transversales ha sufrido, pero la insinuación de entente que ha cultivado mientras decía siempre lo contrario le ha permitido salir mejor parado.

 

La foto del sofá triste de Iglesias y Garzón

Mil veces repetida para escarnio de ambos, quizás más de Iglesias. Pablo no ha comprendido que denominarse Podemos o Jodemos hubiera sido lo mismo, pues lo importante para los indecisos de su electorado era que él encabezara, y eso lo tenía asegurado, al mayor grupo posible de líderes con propuestas similares.  Pretender en directo y a base de menosprecios (para la historia queda el “pitufo gruñón”) que alguien como Garzón traicione a los suyos en el último momento, sin haber sido descabalgado previamente como le ha pasado a Irene Lozano, ha sido suicida, y la ineficacia a corto plazo a la que Iglesias ha condenado a millones de votos, incluidos muchos de los suyos en provincias menores, le impedirán aspirar a presidir el gobierno, y veremos hasta cuándo. Hay que tener en cuenta que la tesis del voto útil como cesión de uso a largo plazo, a la que se ha sumado cínicamente porque no puede defenderla al ser patrimonio de la “casta” socialista, no va a tener tantos “clientes” como en otras convocatorias, ante la expectativa de un gobierno compartido o condicionado y para una legislatura inestable, que incluso podría no durar ni la mitad de lo previsto.

 

Del alunizaje contra Génova 13 hasta el puñetazo en Pontevedra

Por las cabezas libres de millones de personas pasan ahora mismo como rayos pensamientos entre los dos extremos de la maldad. En uno, juicios de intenciones como el de una desesperada Beatriz Escudero, candidata del PP fracasada a la hora de limpiar de su lista la peste que despide su segundo, cuando declara que “El me siento orgulloso de insultarle de Sánchez lleva al me siento orgulloso de pegarle”. En el otro, elucubraciones igual de probables de los que piensan que algún listo del equipo presidencial ha montado todo el teatro, con violentísima caída de gafas incluida, para sacar a Rajoy de su catatonia y garantizar con ello, como así ha ocurrido y de un solo golpe todas, o sea, todas,  las portadas a poco más de 24 horas del comienzo de la reflexión. En cambio, por las crueles pero en el fondo piadosas mentes/redes que buscan el humor a todas horas, deben estar circulando miles de “memes”. Y de los chistes de siempre seleccionamos uno, el de Pepe en UH de Mallorca: Un Bárcenas de pie y con mirada dominante le dice a Rajoy, sentado y menor, Mariano, lo entiendo, sé fuerte. Mañana te llamaré”. Probablemente sin palabras en la viñeta todos nos habríamos imaginado lo mismo. Pero habrá incluso quien lo vote ante la contundente eficacia de su método educativo, que ha conseguido que su hijo consiga progresar en quince días los siete años necesarios para pasar de recibir dos cachetes a levantarle la mano a su propio padre.

 

De la portada de El Mundo contra Soraya hasta el “ruiz” de Rajoy contra Sánchez

Creo que nadie ha preguntado a Sánchez si antes del “no decente” que lanzó a la cara rota de había leído, como habían hecho unos cuantos cientos de miles de los que también lo piensan, un texto breve, firmado por el periodista español que más millones de palabras lleva escritas en español (no es una redundancia) desde hace varias décadas, y que dice lo siguiente: “La única explicación alternativa a la indecencia personal e indignidad política que para Rajoy se deriva de esos documentos es tan inverosímil como que Bárcenas hubiera estado falsificando durante años la contabilidad B…”. Apuesto a que sí, que lo había leído y, hablando de lo mismo, los que elucubran sobre Pontevedra han podido alimentar sus sospechas durante martes y miércoles con ocasiones para enmarcar, como la displicencia del presidente con Pepa Bueno en la SER, secuencia que aconsejamos solo escuchar porque quizás no sean soportables los gestos que nadie, salvo que fuera un robot artificial, puede evitar para acompañar ciertas palabras, cuando son de su cosecha.

 

Las fotografías demoscópicas dibujan gráficos con opiniones más o menos racionales, pero el ánimo  es un estado alterable hasta por el vuelo de una mosca impertinente que aplastas, o no, sin saber si con ello acabas de iniciar el fin del mundo.

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