OPINIÓN

Iglesias y Rivera, suma y sigue la guerra tonta

RIVERA-IGLESIAS

 

En mayo de 2015 “leí” que el futuro inmediato aclararía si el título de la contienda que se acercaba sería “emergentes contra decadentes” o el habitual “PP contra PSOE”. Al final, en medio de la nueva confusión terminó ganando el que siguió pareciéndose más a sí mismo, aunque esa imagen fuera la de una ristra incontable de presuntos sentados en los banquillos. Y muchos más en libertad, como corresponde a toda organización eficaz en la protección de los delitos de sus miembros durante decenios, y bien blindada desde los gobiernos.

Meses después, a finales de octubre y antes y después del famoso café de Nou Barris que pagó Evole, “leí” también dos artículos consecutivos bajo el título común “Puede que Pablo Iglesias haya cumplido su papel”. Parecía que el ex politólogo proyectaba un techo electoral por debajo del que las expectativas demoscópicas le habían concedido durante el primer semestre. Y también del que su propio ego le permitía imaginarse. El consenso general concluyó que del bar salió derrotado por Rivera, pero el 20D ayudó a olvidar aquel mal trago, y quizás también otras cosas más importantes.

Desde entonces ha llovido mucho en sentido figurado, pero las consecuencias políticas del temporal han sido tales que ahora estamos tirados, magullados y medio descalzos, como en la desembocadura de un torrente desbordado.

Probablemente hay muy pocos políticos tan inteligentes, pero algunos sí que son capaces de convertir las críticas que reciben en consejos. Si hay alguien que podría haber escrito un libro entero de autoayuda traduciendo los ataques verbales recibidos, su apellido es Iglesias y, tal como declaró, no aprovecharon la ocasión para inscribirle Pablo por casualidad. A pesar de tanta virtud no parece que haya sido capaz, y en su última intervención parlamentaria le dijo a Rajoy que el PP está condenado a perder porque no les votan los jóvenes, argumento que la fiel  Bescansa ha remachado ayer afirmando que si solo votaran los menores de 45 años Podemos estaría gobernando, según destaca Rubén Amón. ¿Y mientras crecemos, qué? ¿Y si para cuando hayamos crecido hemos cambiado de preferencias? Siempre hay una falacia disponible para ocultar la culpa propia ante cualquier derrota.

Así que ahora Pablo Iglesias entra, incauto y respondón, a los trapos que cada día le ponen delante aquellos que hubieran sido imprescindibles para facilitar algún gobierno medio digno, pero a los que ayudó a convertir, él más que nadie, en imposibles ni para repetir café. Antes de ayer fue Rivera tirando la primera piedra con lo de Trump y ayer Susana Díaz con otra versión del mismo argumento. Hoy ya están tardando, todos crecidos contra Pablo, que se lo ha ganado. Algo habrá dicho mal, que ahora mismo comparte la portada de “El País”. Ni siquiera me gustaría que el único parecido entre Iglesias y Trump fuera la capacidad de capitalizar a su favor los ataques de sus adversarios, con tanto beneficio para el odioso americano. Significaría que nuestro país se parecería en lo peor a estos Estados Unidos más desunidos que nunca. La semana pasada también lo hizo fatal con lo de Espinar y PRISA, contribuyendo además a la división en Podemos. Alguien que no estuviera atrapado en el laberinto de las dudas sobre sus propias decisiones habría tenido reflejos para recordar, elegante e incisivo, los tiempos en que un Rajoy, desquiciado en medio de la travesía del desierto tras perder sus primeras elecciones por la Gran Mentira, ordenaba el boicot del PP a ese grupo de medios. Pasaron los años y tuvo que llegar una crisis mundial para que pudiera gobernar.

Hoy nos “releemos”, preocupados, los que hemos criticado a Iglesias, y no tanto a Podemos, también con la intención de que comprendiera que se trataba de consejos incondicionales y con las mejores intenciones hacia las que también a él le animan, por mucho que se obstine en que parezca otra cosa y, en algunas ocasiones, cada vez que abre la boca.

Malo es que haya contribuido, no es el único culpable pero sí bastante, a que hoy nos esté gobernando el PP. Tampoco le arriendo las ganancias, magras según el CIS, tras haber sido incapaz de comprender la oportunidad histórica que significaba un Sánchez al frente del PSOE, cosa que hubiera requerido de algún sacrificio inteligente como, por ejemplo, el de no comenzar auto proclamándose su vicepresidente sin pedir permiso antes. Ahora el gobierno es mucho peor de lo que podría estar siendo, y cuidado con las tentaciones, pues hace mucho tiempo que no funciona la ruleta esa de “cuanto peor, mejor”. Espero que los de Podemos hagan comprender a Pablo que van a tener que tragar mucha quina, y él dejar de satisfacer sus insuperables ganas de ofender, si lo que quieren es conseguir ser importantes, pero no únicos, en lo de alcanzar mínimos avances en legislación, y poco más. Que quienes tienen de nuevo la Espada de Damocles vuelven a ser los más guerreros de todos.

Iglesias debería mirarse por dentro y responderse a sí mismo si se cree capaz de liderar un periodo frustrante y lleno de incoherencias para al final tener que votar lo mismo que algunos de los que tantas veces ha casi insultado en público, y en el que, para más inri, va a ser el objetivo de provocaciones y menosprecios por parte de Rivera y otros, que le van a hacer pagar bien cara su manía de ofender con la parte de cada verdad que le conviene, como hacen los demás.

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