RINCÓN DEL BUTARQUE

La avaricia y los tiburones galanos

Muchas veces en la vida esa fuerza de la voluntad en el trabajo, en los sueños, en los sacrificios que provoca la avaricia de llegar, tienen el mismo final que el libro de Ernest Hemingway “El viejo y el mar” que es una gran metáfora de la vida y del esfuerzo, acompañada de esa ansiedad por pescar y conseguir el pez más grande y lo consigue, pero, en esos peros de todas las cosas de nuestra existencia: ”El hombre  no está hecho para ser derrotado”, añadiendo que “Un hombre puede ser destruido, pero nunca derrotado”, escribió Hemingway.

Cogemos el pez más grande, escribimos el mejor poema y unas sombras de  tiburones galenos, nos van dejando sin pez y sin el poema, y eso es extensivo a todo en la vida, hasta en la de un rey emérito, como se habla en España, mientras escribo esta opinión, este rey, pero hombre al fin al cabo, con sus debilidades humanas, presuntamente pudo cobrar comisiones y admitir regalos económicos, que iban a parar a una cuenta Suiza, todo ello  en investigación por lo tanto presunción de inocencia para todos, incluso de nuestro rey emérito, de comprobarse, es un caso de ambición y de avaricia, porque esa ambición por el dinero  no tiene freno ni horizonte.

En definitiva, el gran pez espada del Viejo y el mar se lo comieron los tiburones galanos antes de llegar a puerto. ¿Le ocurrirá eso al rey emérito, de ser real cuanto dicen las grabaciones y testigos sobre él?

Hemingway,  que fue reportero de la Guerra Civil española, aprendió demasiado, tanto que no dejó de venir a los San Fermines a Pamplona, porque viendo la ansiedad y la avaricia por cornear del toro, se adquiere un conocimiento añadido a la del rodeo del oeste americano de EE.UU.

Posiblemente a él también le comerían su pesca los tiburones Caribe, porque cuanto se escribe se enmascara y se le da otra forma, así se han escrito siempre las grandes obras, se sueña, se imagina, pero siempre la base que es el cimiento, está ante nuestros ojos, Galdós lo decía, se ve más con la imaginación que con los ojos, pero la imaginación se basa en un conocimiento anterior del hecho en concreto.

Total, que a veces trabajamos, luchamos, ansiamos, y llegamos a ser avaros y después una tormenta de granizo o un tiburón galano, nos come la cosecha que ha sido cuidada con esmero.

El que lo escriba aquí, no quiere decir que se lo desee a nadie en cualquier faceta de su vida, sólo es un aviso de alerta.

No volquemos alocadamente la jarra, hagámoslo con cuidado como si anduviéramos  descalzos por un camino de abrojos, como escribió Espronceda en un poema de arrepentimiento dirigido a su madre que también le ponía alerta, sobre la vida.

Acaso, no es lo que hacemos los viejos poetas sociales aficionados, alertando a los ciudadanos.

El viejo y el mar, sirva para entender los reveses de la vida y la naturaleza, siempre ajenos a nuestra voluntad.

Trabajo sí, estudio sí,  pero el egoísmo y la avaricia pueden llevarnos al puerto con  sólo el esqueleto del gran pez soñado.

José Manuel García García (Josman)

 

 

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