CILUSIONADOS

La Cataluña que no existe

Tener relaciones sexuales con otra persona por dinero se llama prostitución. Tener relaciones políticas por dinero con otra persona, o con otro partido, se llama “dialogo” o también “Realpolitik”.

Hablar de Cataluña y ponerse en guardia es todo uno. Pero, ¡tranquilos!, no quiero poner nervioso ni angustiar a nadie. Tampoco quiero hablar mal de nadie, porque, si quisiera hacerlo, tendría que empezar lanzando dardos contra todos los presidentes de los gobiernos de España, pues todos han practicado esta “Realpolitik”, por decirlo metafóricamente, con los gobiernos no solo de la Generalitat sino también de otras regiones de España.

Tampoco quiero hablar mal de los independentistas ni de sus gobiernos, aunque no esté en absoluto de acuerdo con ellos, porque ellos han sido sinceros. Ellos dicen claramente lo que piensan. En esto les dan sopas con honda a los gobiernos nacionales. A los únicos que han engañado los gobiernos independentistas ha sido a sus propios votantes.

¿Por qué quiero hablar hoy de este tema, cuando durante años he estado calladito? Pues porque llevar un montón de años viviendo en Cataluña y sufriendo los despropósitos de todos nuestros gobiernos tanto autonómicos como nacionales me da derecho a decir “basta ya” y porque, por razones de edad y otras circunstancias, tengo libertad para decir lo que se me antoja, cosa que lamentablemente otras personas, por razón de su trabajo o de su afiliación o dependencia de algún partido político, no pueden hacer. Cataluña y toda España está en un callejón sin salida, y somos los ciudadanos los únicos que podemos desatascar esta situación. El problema catalán -y mañana será el vasco, el gallego, el valenciano… no se resuelve con dinero ni tampoco con argumentos racionales o históricos. El problema catalán es un problema visceral.

Hubo un movimiento ciudadano que podría haberlo logrado, pero tan pronto como ese movimiento ciudadano se convirtió en partido político (“Ciudadanos”) se esfumaron todas las ilusiones y toda esperanza. La responsabilidad de tanto pirómano de ilusiones y de esperanzas no la quisiera sobre mis espaldas. Han sembrado de sal por muchos años el campo de la política.

Los ciudadanos de Cataluña, tanto independentistas como no-independentistas, somos víctimas de nuestra respectiva casta política”. ¿O es que os pensáis que los independentistas no se sienten defraudados de sus políticos? Según estos últimos, la independencia y con ella “el sueño del dorado” ¿no debería haberse hecho realidad ya hace años? ¿Es que os pensáis que los millones que, fruto del chantaje político, aterrizan en Cataluña se distribuyen acaso entre los ciudadanos, o al menos entre las personas más necesitadas? Los independentistas, aunque sea por diferentes razones que las nuestras, se sienten tan frustrados como los que no lo somos.

El problema catalán, que en el fondo -yo diría- es el problema español, no se resolverá mientras no haya un proyecto ilusionante para España. Los independentistas se quieren separar de España, lo mismo que nuestros jóvenes se quieren marchar de este país, porque aquí no tienen futuro. Los políticos independentistas se apellidan Sánchez y los políticos nacionales también.

¿Quién puede crear ese proyecto ilusionante? Los ciudadanos, no nuevos partidos políticos, pues estos en menos que canta un gallo adquieren los malos hábitos de los partidos tradicionales– Se precisa un auténtico dialogo. ¿Qué diálogo ese ese, señor Sánchez, señor Rajoy, señor Zapatero… del que está excluida la mitad de la población de Cataluña? O ¿se piensan que ustedes nos representan a los no-nacionalistas catalanes? Para todos ustedes hemos sido un cero a la izquierda. Nosotros somos la Cataluña que no existe. Y así nos va todos.

Pero lo más triste de todo es que tampoco hay diálogo entre los no-nacionalistas catalanes. Antes de entablar diálogo en Cataluña entre nacionalistas y no nacionalistas, debemos aprender a dialogar entre los constitucionalistas y mostrar que tenemos un proyecto ilusionante. No se trata de vencer, sino de convencer. No se trata de tener más votos que los nacionalistas, para seguir cometiendo los mismos errores. Se trata de que de una puñetera vez dejéis vuestro ego en casa todos los cabecillas de grupos constitucionalistas y en plan de voluntariado os presentéis a las elecciones juntos con un proyecto ilusionante para todos los catalanes.

Quiero dejar bien claro, por tanto, que el problema catalán no se resolverá, mientras esté en manos de los políticos, porque a estos les va muy bien la situación actual- Hasta aquí hemos llegado gracias, sobre todo, a la prostitución política de nuestros gobiernos nacionales, exceptuado quizás el de Suárez. Si la mitad de la población es víctima de sus políticos independentistas, la otra mitad es víctima tanto de los políticos independentistas como de los políticos nacionales. No, los millones, fruto del chantaje, que llegan a Cataluña no los vemos los catalanes, se esfuman en embajadas y propagada.

No me voy a meter tampoco con vosotros, ciudadanos de a pie, a pesar de que gracias a vuestro voto y al mío, los gobernantes españoles están presentándose como como los salvadores cuando en realidad son los culpables. No os quejéis, si cuando llegáis a Barcelona o circuláis por las autopistas de Cataluña tenéis que echar mano al diccionario para saber dónde os encontráis.

No he tratado de ilustrar con hecho todo lo que voy diciendo, porque son cosas evidentes. Está todo tan claro que tratar de explicarlo lo único que conseguiría sería enturbiarlo.

Llegará el día en que la Cataluña que no existe se revele pacíficamente y os eche para siempre del suelo de esta región,antaño acogedora y universal y hogaño deprimida y provinciana.

 

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