CULTURA

La Libre de Barrio en Leganés, referencia flamenca en la Zona Sur

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El saber cantar y el saber estar de Chelo Pantoja

ISABEL DÍAZ TORRES AF.- En Leganés se reanudó el domingo [16 de octubre] y por tercer año consecutivo el ciclo La Libre Flamenco, con la cantaora Chelo Pantoja acompañada por Luis Miguel Manzano a la guitarra. Aquí se nos brinda un domingo al mes un espectáculo flamenco en condiciones inmejorables: por el bono-ayuda (7 euros) así como por la cercanía y la calidad de los artistas, curtidos en el circuito flamenco profesional tanto madrileño como nacional. Vamos, lo que al aficionado de Madrid se le ofrece en otros ámbitos con precios cuatro a cinco veces superiores y con un espíritu “comercial”, lo disfrutamos en la Libre en un proyecto solidario, comprometido con el cante y los artistas, que pretende crear afición desde abajo apostando por la máxima calidad.

Chelo Pantoja se entregó desde el principio, interpretando los cantes menos conocidos, más creativos y exigentes: una trilla, una calesera, evocadora del suave balanceo de los coches de carruajes, que entonó a pulso, sin el acompañamiento de la guitarra, con la sola fuerza de su voz. Sabe poner perfectamente en escena cada cante, por soleares, por tarantos, empezando por lo bajo, despacio, casi con un susurro para luego desplegar la fuerza de su voz, expresiva y potente sin descuidar ningún matiz. Emocionó en los dos extremos, al principio con unas espléndidas malagueñas del Mellizo y al final por bulerías de aires jerezanos y boleros que conquistaron a la afición. Luis Miguel Manzano la acompañó en una mezcla sutil de delicadeza y autoridad que es el secreto de los mejores tocaores: basta oír las filigranas que engarza precisamente en las malagueñas para rendirse a la evidencia.

Fue un diálogo constante con el público: a petición de un oyente que requería mineras, Chelo entonó una cartagenera con una entrega inmediata. La simbiosis fue total. Ella nos confió que no se había preparado ningún cante, prefiriendo “lo que me vayáis dialogando vosotros con vuestro espíritu”… y es que no le hace falta preparación, 35 años de carrera siendo aval más que suficiente. Estamos tan acostumbrados al “sota, caballo y rey” que este juego de improvisación controlada, llena de matices interpretativos deslumbra. Que te sorprendan con un cante por rosa o incluso con unos fandangos personalísimos no ocurre a menudo. Hay que poder y tener repertorio, de aires pero también de letras. Haberte criado viendo cantar a Camarón y a Enrique Morente en tu propia casa, de jovencita, supongo que ayuda. Es la escuela del cante transmitido en la familia, en los tablaos, en las compañías de baile de los mejores. Nos lo contaba después del espectáculo, entre risas y vinos. Fueron momentos privilegiados de encuentro entre los dos artistas y el público, que tanto se echan de menos a veces cuando vas a un teatro o a un tablao. El artista no es un ser impoluto, a medio camino entre lo humano y lo divino, que incuba su arte alejado de la plebe. Y aún menos en el flamenco. En la Libre no hay camerinos ni mánagers, siendo el artista asequible a todos. Aquí cabe ese diálogo entre oyentes y artistas, que reciben y perciben una escucha, una calidez, una emoción no tan frecuentes. En fin que fue un aperitivo exquisito para empezar una temporada flamenca que promete sorpresas a quien se pase por La Libre de Leganés.

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