OPINIÓN

La OCDE, la educación y los ordenadores (1)

TabletsJuegosMouse

 

♦ Quiero aclarar desde el principio que escribo hoy porque me siento concernido y, además, soy parte interesada. Por tanto, lean con desconfianza, pues defenderé mis propios intereses. En mi defensa alegaré que, por lo mismo, algo debo saber del asunto. Todo, desde el respeto absoluto a investigaciones realizadas con tan importantes recursos.

Antes de ayer, 15 de septiembre, la OCDE declaró haber realizado un informe y sentenció, con alcance planetario, que ni ordenadores ni tabletas sirven para aprender. Incluso muchos periodistas pusieron el acento en que, de hecho, es al contrario. Es decir, a más ordenadores, peores resultados. Hoy, día 17, el asunto sigue estando de rabiosa actualidad.

No he tenido tiempo de leer el informe, por lo que solo hablaré de lo que los medios han dicho que dice y de lo que yo conozco del percal, y dejaré para posterior ocasión profundizar en los detalles.

Veinte años antes de lo de ayer, en noviembre de 1995, por poner el caso que conozco más de cerca, una pequeña empresa de Mallorca constituida como resultado de un esfuerzo colectivo, firmaba con una empresa española de capital alemán el primer contrato de distribución comercial de su primer juego educativo infantil para ordenador, en formato CD-Rom. A partir de ese momento, y sin gastar un solo € de verdad en promoción y publicidad, los juegos comenzaron a venderse gracias a un continuo boca-oído que hablaba, sobre todo, de la eficacia en el aprendizaje.

Tras la “sentencia” de la OCDE los periodistas y los expertos han reaccionado y matizan, poniendo el acento en que no se han sabido utilizar las grandes inversiones realizadas en nuevas tecnologías para el sector educativo, especialmente hasta que llegó la crisis, y que tampoco se ha invertido en la necesaria formación del profesorado para evitar, esto lo digo yo, que los alumnos supieran manejar teclado y “ratón” mejor que sus maestros.

Estando de acuerdo con lo anterior, como no he oído hablar a empresarios del sector nadie ha dicho nada, por ejemplo, de la inmensa piratería practicada sin cesar en los colegios y desde el primer momento. Hay en ello un porcentaje de vicio, pero también se trataba de la respuesta desesperada del profesorado ante la presencia en las aulas de unos ordenadores sin contenido y, al mismo tiempo, la ausencia absoluta de presupuesto para software educativo y si, en cambio, para la compra de equipos, tan decorativos para las fotos de rigor con los políticos. La copia ilegal ha debilitado a los editores educativos, ha impedido vender a precios asequibles y, para cerrar el círculo vicioso, ha complicado la comunicación natural de los profesionales de la educación con los creadores de los recursos educativos, en evidente detrimento de la calidad y eficacia en el trabajo de ambos. En el otro extremo de la escala de valores, el que suscribe ha visto a profesores poner su propio dinero para comprar juegos educativos y poder utilizarlos con sus alumnos.

Si, durante muchos años, los responsables de la economía en España han estado dotando a los colegios con el equivalente a libros cuyas páginas estuvieran en blanco, y sin dar después dinero para pagar ni la tinta con la que escribir en ellas. Si no es verdad lo que afirmo, que enseñen las facturas que han cancelado hasta la fecha.

A estas alturas, y gracias a Internet, la oferta de recursos educativos es prácticamente infinita, pero la anarquía es la norma en cuanto a organización y metodología en las aulas.

Regresando a las consecuencias de la noticia del día, tras lo de la OCDE ni se han hundido las acciones de las grandes multinacionales de la informática ni a los editores de aplicaciones educativas parecen haberles cancelado los pedidos, de momento. O sea, la vida sigue. La empresa con veinte años de experiencia a la que me refería, por ejemplo, incluso ha recibido hoy un pedido desde Finlandia, la cumbre de PISA. Por su parte, los miles de profesores que en todo el mundo  han creado, durante su tiempo libre, pequeñas actividades para los alumnos seguirán utilizándolas, digan lo que digan la OCDE y hasta el Papa de Roma, si terminara opinando también sobre este lío.

Por la noche, de regreso a casa, primero una parada casual con presencia de niños y mayores. Les cuento que la OCDE ha hecho un estudio en todo el mundo y que dicen ahora que los ordenadores y las tabletas no sirven para aprender.

El más rápido de los presentes, con cara de acertar en el blanco, dispara:

“Seguro que para hacer ese estudio han tenido que utilizar ordenadores”.

Era la luz que me faltaba para escribir sobre el asunto.

El triunfador, aunque no lo sabe, de la jornada, debe irse a la cama. Tiene siete años recién cumplidos y mañana temprano estará a primera hora en el colegio, como un clavo.


 

 

Domingo Sanz es Licenciado en Ciencias Políticas por la Universidad Complutense de Madrid.

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