OPINIÓN

La película de Rajoy y los premios “Goya”

Llueve fuerte detrás de la ventana, y por fin se moja la sequía, no tan pertinaz. Dentro, en cambio, tan a salvo que se pensaba de la tromba limpiadora mientras soñaba con el último pedo del caudillo, es ahora presa fácil del desasosiego, sabedor de la vigilancia que se cierne pero no desde cuándo, delatado mil veces por el subconsciente, rotos los diques que lo han salvado de las olas de la vida, sospechando de los cercanos y más que sospechoso para los ajenos, tantos y tantos, deshechos los entramados que lo blindaron ahora está incomunicado, inmóvil sin móvil porque todo está pinchado, incierto, casi muerto, fantasma transparente rodeado de espectros, forjador huyendo sin que lo parezca demasiado de la deuda impagable que creó para salvarse, frío con gesto de ignorante sorprendido y testigo falso desprovisto de mentiras, funcionario político en desequilibrio sostenido sin saber si le conviene, les ha dicho a los suyos abierto en canal como un sms en tiempo real que ya no se puede robar más, que pintan bastos y que cada uno se busque la vida, que ya “no controlamos”, que nadie sabe ni contesta y que “yo” no respondo, que solo “confío” en una trampa del destino que atrape a los demás, que se acerca la tragedia con ganas de justicia peor que una venganza, que no hay señales que asusten a los otros como las de antes, que nada funciona ni en funciones, que “tengo” una familia como B, como Rato y como Rita, que también “tengo” miedo, mucho miedo, y miedo a que se “me” note el miedo, y que no “tengo” amigos porque solo “fui” compinche de intereses. Que hay moros en la costa y que se ha infiltrado hasta la cocina un virus raro llamado desparpajo convertido en sonrisa superior a lomos de jovenzuelos que se calzan un smoking para llamar la atención y se lo quitan para conseguir lo mismo, mientras “nuestro” ministro nada de nada salvo que meta la mano o la pata, y ellos buscando un café neutral y guay para ponerle nombre a un pacto donde todos salgan ganando menos “yo”, el triunfador, y que lo conseguirán, que “nos” han pillado y que hasta nueva orden hay que tener cuidado, que todo tiene que seguir despacio, como siempre, por si la inercia más la suerte pudieran “ayudarnos” a llegar desde aquí, donde aún “estamos”, hasta la última cama mandando como aquel a quien no “podemos” renunciar pero tampoco pronunciar su nombre ni su altísimo cargo, de tantos desagradecidos como hay por ahí. Y a callar, que de todo esto que “hemos” hablado nadie se debe enterar.

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