DESDE LA DOBLE A

La primera dama no tiene quien le escriba

Aquella que, como bien decía una de las cantautoras españolas mejor valoradas del siglo pasado, Cecilia, le encanta ser la niña en el bautizo, la novia en la boda o la muerta en el entierro. Efectivamente, todo ello con tal de dejar su sello. Bien podría llevarse, o no, a la historia de una hostelera venida a más por las ínfulas políticas de las que gusta codearse.

No es nuestra línea hacer escarnio de quien sufre el sopor del aburrimiento. Más bien, lo contrario. Nos solidarizamos. Otra cosa es cómo, según qué primeras damas, se combate el tedio.
Parece ser que las chepas y caminos de la monotonía, producida por estados pocos vigorosos, pujantes o de viveza, son sinuosos y retorcidos. Ello hace que, como, en ocasiones, nuestros queridos perros, necesiten quemar esa adrenalina que, en este caso, potencia y se acumula bajo estados de apatía semejante. Y claro, si no le escriben, se tiene que buscar ella los destinatarios de sus impetuosidades.

Maquinar bajo los efectos del tedio sólo lleva a enfrascarse en estériles e inútiles bazas que en cuanto avisan de su presencia sólo pueden provocar las carcajadas de esos destinatarios elegidos por la primera dama.

La emisora de rumores ocupa puesto de autoridad, siendo nadie, en misas y demás oficios religiosos como procesiones. Cuando Protección Civil hace su trabajo en los instantes previos a la Cabalgata diciendo a los protagonistas, a los niños y niñas, que no pueden adelantarse más allá del cordón de seguridad para ver a Sus Majestades, ella desfila del brazo de su malencarado novio por ese mismo lugar.

No es recomendable anclarse en el aburrimiento. Miren a ejemplos del lugar que se enfrascan, editorial negra tras editorial negra, en desatar sus miedos, complejos y rabias del pasado. De hecho, no es recomendable anclarse a nada ni, siquiera, a nadie. Incluso, en algunos sitios, los anclajes están absoluta y totalmente prohibidos. Sin embargo, ya se sabe, la dama hace lo que le viene en gana. Claro, hasta que los no ociosos, valientes y comprometidos con la igualdad, luchan para desenmascarar, desde sus distintas posiciones, a los que tienen más morro que chepa, que según qué ejemplos ya es difícil.

Sin embargo, al igual que los cachopos, los tiempos de Carpa y Risa no fueron ad aeternum. Insisto, los no ociosos batallamos contra las injusticias. Nos consta que ello desató la rabia de la dama y no de forma chiquitina. Y así las cosas parece que después de la pataleta, la abrazó el tedio. Y debe ser, según se escucha, que el sheriff patillero ya no entretiene tanto. Para él, la vehemencia, el empuje o vigor son atributos del siglo pasado. Y es que las pompas políticas no siempre son lo que parecen, ciertas delegaciones se encuentran en la mediocridad. Navegan por la medianía. No son suficientes estos mares para la dama. Ella busca playas más cálidas. Especialmente, se obsesiona con dos luchadores, que posiblemente hagan sus delicias imaginativas, pero ella sabe que nunca irá a más. Eso queda para el sheriff patillero. Así que se dedica, puesto que ella no tiene quién, a escribirles, a mencionarles sin que se la mencione a ella o a llevarles a espectáculos de gran hilaridad para hacer no sé qué paces a cambio de no sé qué montante. Las carcajadas conciliantes no son malos espectáculos para pasar un par de mañanas. Se nota que a la muy picarona le gustó la experiencia. Que nos echa de menos. Pues eso, que lo que está en vigor en la dama es el tedio. Y ya se sabe, cuando el diablo (diablesa en este caso) no tiene qué hacer, mata moscas con el rabo. Es decir, emplea su tiempo en cosas inútiles, estériles y que no llegará a puerto alguno en que anclar victoria. Más bien, porque lo que esta pintoresca dupla acumula son derrotas. Aunque sus amigos editorialistas, y que cogen la pluma bajo los efectos del tedio también, les echen una mano para enfrascar la realidad.

Lo dicho, la primera dama no tiene quien le escriba y se crea sus propias melodías en sus sueños delirantes. Los guerreros de lo justo y contrarios a lo cortijero no satisfaremos sus fantasías. Ya quisiera, ya. Cúrese la obsesión y no se ancle, que vienen las fiestas pronto e igual, en algunos de esos eventos donde se asesinan a toros, vuelve el sheriff a escribirle.

Para concluir rescato unas líneas de una gran canción de CRAG, Señora Azul:

Porque desde la barrera sueles ver
Toros que no son y parecen ser.
Señora azul, de vicio criticón,
Sin dar la talla de profesional.
Señora azul, ¡qué lástima nos das!
La mediocridad está en tu corazón.

PD: A veces, hay cartas que ni firman los destinatarios. Quizás el universo sea condescendiente con las risas de los desenmascadores de pillos y pillas y se alíe con los guerreros.

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