DESDE LA BARRERA

Las cesantías que no cesan

pleno

 

La vida municipal no está siendo pródiga en noticias en este verano inclemente, el más cálido que se recuerda si hablamos del tiempo pero tal vez de los más fríos en actividad política local, pese a haber tenido lugar un cambio de gobierno y darse una composición de la Corporación que debería propiciar mucha actividad y polémica. De no ser por Carmona, el defenestrado portavoz del grupo municipal del PSOE de Madrid, que nos recuerda las flaquezas de nuestra alcaldesa ausente por su doble condición de alcaldesa y secretaria general del PSM, podríamos haber pasado el mes de agosto sin acordarnos de que hay políticos que gobiernan nuestra ciudad. Seamos optimistas y pensemos que tras las merecidas o inmerecidas (en todo caso, largas) vacaciones, gobierno y oposición se van a poner a la tarea en cuanto llegue septiembre pese a la maldición que pesa sobre Getafe en cuanto al pluriempleo de los políticos. Si no queríamos caldo, cuando teníamos alcalde-diputado, ahora nos dan dos tazas, las de la alcaldesa-secretaria general y el portavoz del principal partido de la oposición que reúne en su persona los cargos de concejal, diputado y senador.

Esta tendencia a acumular cargos y responsabilidades es una muestra más de las similitudes que tienen los dos partidos, PP y PSOE, que nos han gobernado en todos los niveles durante las últimas décadas. Y por seguir hablando de similitudes, más allá de las que presenta la gestión cotidiana, merece un comentario el hecho de que en el comienzo del mandato se haya producido una vez más la práctica de las modernas cesantías, que nos traen reminiscencias de la época de la Restauración. En nuestro ayuntamiento hemos vuelto a ver que funcionarios habilitados nacionales que ocupaban cargos de libre designación hayan sido destituidos y se haya recuperado a los que destituyó el anterior equipo de gobierno. El caso más llamativo es el de la Jefatura de la Oficina de la Junta de Gobierno, cargo para el cual Sara Hernández ha recuperado a la anterior secretaria del Pleno, destituida y enviada al ostracismo por Soler, al tiempo que descabalgaba del mismo al funcionario nombrado por el equipo popular. Con estas decisiones, se refuerza la idea de que los políticos a la antigua usanza no parecen entender la actividad política sin funcionarios de confianza. La alcaldesa ha perdido con ello una magnífica oportunidad para convocar un concurso de méritos que, por escalafón, con criterios objetivos, cubra los puestos tanto de la Secretaría del Pleno como de la Junta de Gobierno, concurso al que, por supuesto, podrían optar los funcionarios que actualmente los ocupan en comisión de servicios y por libre designación, respectivamente, y que, posiblemente, podrían obtenerlos en buena lid y así desempeñarlos con mucha más tranquilidad para ellos mismos, no sujetos al capricho del gobierno de turno.

Es posible que este asunto no dé titulares pero no por ello deja de ser de capital importancia. El que un funcionario no le deba el puesto a la voluntad del político sino a sus méritos es una garantía de independencia y, de llevarse a cabo con carácter general, sería un gran avance en la despolitización de nuestros ayuntamientos. Tendría, además, un efecto económico de ahorro pues, al quitar el cargo a un habilitado hay que crear un puesto artificial de su nivel, al que tiene derecho, como hemos comprobado en Getafe en el caso de la anterior secretaria del Pleno, ahora de la Junta de Gobierno, a la que Soler creó un puesto en la ALEF para hacer informes que nunca utilizó. No confundamos, como se hace con frecuencia, los nombramientos por libre designación de funcionarios, habilitados nacionales o no, con el personal eventual o cargos de confianza, de los que mucho se ha hablado. Me refiero aquí a los funcionarios que han pasado una oposición y cuya capacitación técnica no debería verse cuestionada, o su prestigio empañado, por la voluntad partidista de una libre designación para un puesto que podría ocupar por concurso de méritos.

Solamente para los amantes del cotilleo político ha podido servir de regocijo una de las anécdotas que ha generado este vaivén de cargos. Se trata del rifirrafe que en la última sesión del Pleno,  la del 31 de julio, protagonizaron Soler y la secretaria que él destituyó, a raíz de las descalificaciones que el soberbio exalcalde lanzó a la funcionaria. En otro orden de cosas, fue un espectáculo tan poco ejemplar como el trasfondo que lo explica.

 

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