LLEGANDO A PUERTO

Las cuentas de los políticos

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A veces, con la grandilocuente disculpa de intentar salvar la nación y de interpretar el deseo de los demás, nos enzarzamos en discusiones que no tienen para nada en cuenta el verdadero criterio que se va desvelando entre líneas, junto a los datos que nos aporta la vida política. Sin querer nos dejamos llevar por las cuentas de los políticos que, como el eco, se repiten incansablemente por el cálido viento y, como el vino, nos desnudan bajo la luna.


Julián Puerto Rodríguez


 
puerrto-2Los dirigentes, militantes y simpatizantes populares tienen claro que quieren continuar en el gobierno de la nación. Los órganos internos de este partido así lo vienen afirmando en todas sus reuniones. Lo hacen en el deseo imperativo de conseguir el apoyo de otros partidos políticos, preferentemente el de los Ciudadanos y el de los Socialistas.

Los votantes populares corroboran la candidatura presidencial para un dirigente de este partido y prefieren, en un porcentaje mayoritario, que el principal partido de la oposición de izquierdas se abstenga, antes de que se repitan las elecciones. Tienen muy claro que le corresponde a su partido gobernar y, aunque en un porcentaje menor, quieren de presidente a Mariano Rajoy.

Pero hay una pequeña fisura, abierta por más de un tercio de los votantes populares, que dejan entrever la posibilidad de que el presidente de España podría ser otro en la próxima legislatura, podíamos decir que el panorama en el partido de los conservadores está muy claro: Investidura, Gobierno y Mariano Rajoy.

Sólo en este último caso que nos muestran las encuestas, se produce la sensación de que, al repetirse las elecciones por causa del empecinamiento de Rajoy, un porcentaje de los votantes de este partido podrían abstenerse o votar a otra formación. También se ven empujados por la ruptura de la fidelidad derivada de la dificultad del líder popular para conseguir apoyos reales a la investidura y formar gobierno, una vez que se ha comprometido a ello.

Este último dato es esencial para que los dirigentes del Partido Popular rechacen la convocatoria de nuevas elecciones, ya que podría suponer una merma sustancial en la obtención de escaños y, de paso, fortalecer a los partidos que piden abierta o discretamente la dicha convocatoria. A estas alturas de la historia electoral todo el mundo tiene claro que Mariano Rajoy ha aceptado el encargo del Rey y que sólo su dimisión de la presidencia del Partido Popular podría evitar su presentación a la investidura. Esta presión es la que le obliga a no fijar la fecha de la comparecencia en el Congreso y a ceder en concesiones impensables en otros momentos. Cesiones que iremos desgranando a lo largo de este mes de agosto.

Los dirigentes y politólogos socialistas tienen también difícil la decisión sobre el camino a tomar. Por una parte tienen el mandato de sus órganos de decisión, erróneamente ninguneado por algunos de sus dirigentes, de votar en contra de cualquier intento del partido conservador por investir a alguno de sus posibles y conseguir, con ello, el gobierno de la nación. No tienen clara una alternativa de cambio a no ser que negociaciones, que desconocemos, impliquen en él proyecto alternativo a Ciudadanos y Unidos Podemos, lo que daría una mayoría absoluta y, seguramente, cambiaría la opinión de los dirigentes díscolos.

Los militantes y votantes socialistas dividen su opinión sobre si corresponde o no a los populares el nuevo gobierno, aunque tienen muy claro que Mariano Rajoy no es el presidenciable adecuado. Sin embargo las fisuras socialistas se advierte en una cuarta parte de sus votantes que le dicen a sus dirigentes que quieren que se repitan las elecciones y en poco más de un tercio que piden el voto en contra a la investidura de un gobierno del Partido Popular.

Si estos votantes potenciales se sienten decepcionados, podrían desviar el voto hacia otra formación afín, con una nueva sangría a la ya de por sí mermada despensa de los socialistas. Si además entendemos que, entre estos dichos miembros, se encuentran reconocidos militantes socialistas, podría darse un abandono masivo de la militancia por parte de esa importante cuarta parte, que pasaría a engrosar las filas de otro partido, como ya ocurrió recientemente con Podemos.

Esto es, tres o cuatro de cada diez votantes actuales harían mutis por el foro y algunos simpatizantes y militantes enviar sus carnets a las húmedas alcantarillas del olvido. A ello hay que añadir que los socialistas mantienen en el recuerdo el “no” reciente y continuado de los populares a la investidura de Pedro Sánchez, sin que entonces imperara el sentido de Estado ni los intereses de los españoles.

Puede ocurrir, no obstante, que alguien les convenza que una abstención, (no se prevé voto a favor), no significa sino retrasar la salida del gobierno del Partido Popular. Para ello una futura moción de censura se me antoja más difícil aún que la posibilidad de un gobierno de cambio a priori.

Hay que tener en cuenta que la mayoría absoluta del Senado, cámara que salvo a los populares a nadie parece importarle, puede bloquear cualquier cambio legislativo significativo.

Sin embargo Ciudadanos, al que todas las encuestas pronostican una gran caída en caso de nuevas elecciones, es sobre el que su electorado muestra mayor firmeza y seguridad en los pasos a dar, aunque en alguno de ellos muestra actualmente cierta flaqueza: Que el PSOE se abstenga; que corresponde al PP gobernar; que Mariano Rajoy no debe ser presidente y que se debe favorecer un gobierno del PP. Quedamos a la espera de las fechas y medidas de regeneración exigidas a Mariano Rajoy.

La única duda, que se vislumbra entre líneas, es que más de un cuarto de los votantes de Ciudadanos, manifiestan que no le corresponde al PP gobernar. Este porcentaje que, por una parte pudiera parecer un voto migratorio a otra formación en caso de fracaso, sin embargo es la que asegura la no absorción completa por parte del pez grande que, en otras experiencias, ha acabado comiéndose al pequeño. También puede ser la baza que señala el gobierno de cambio, que no pudo darse en la anterior ocasión.

La delicada situación electoral de Ciudadanos sólo podría resolverse con la entrada de este partido en el gobierno de la nación pero, repito, corre el riesgo de desaparecer al quebrar la idea defendida como fuerza emergente nueva, independiente de cualquier significado viejo de lo político y lo económico.

Unidos Podemos es un caso aparte porque parece no navegar en este barco y son otros los que tienen que remar: Que se abstenga el PSOE dice la mitad o que vote en contra, que no le corresponde al PP gobernar y que Mariano Rajoy debe renunciar, repiten mayoritariamente. Sus dirigentes, círculos, votantes y simpatizantes tienen muy claro que van a votar en contra, que no quieren un gobierno del PP y que es posible una alternativa progresista. Otra cosa son los números y la renuncia a un gobierno de cambio con Ciudadanos, así como la preferencia anunciada hacia los partidos nacionalistas. Dada la corta pero intensa experiencia de las anteriores elecciones y del periodo parlamentario, no hay que descartar el triacuerdo desde un proyecto programático, una vez que la opción Rajoy no llegara a fructificar.

Si atendemos a la voz directa de las encuestas, que es lo que se analiza en este artículo, sólo los votantes del Partido Popular y de Ciudadanos no quieren mayoritariamente que se repitan las elecciones. Sin embargo a la mitad de los votantes de Unidos Podemos no les importaría y más de un tercio del electorado socialista, tampoco. Los primeros porque, presuntamente, piensan en una caída electoral y los segundos, probablemente, en una remontada. Lo de la altísima abstención no tiene credibilidad científica ni demostrable, de momento.

A todo esto, por terminar este artículo de opinión de alguna forma, he leído que mejora la calidad del mercado laboral español y la histórica afluencia de turistas, sobre todo en el puente de la Virgen de Agosto.

A finales del mes pasado el Instituto Nacional de Estadística publicó, en su encuesta EPA, que se muestra una clara mejora en el bienestar social, en la calidad del empleo y un aumento de la productividad de la economía española. Crece, según dicen, la ocupación a tiempo completo, aumenta la productividad. Subió el número de hogares en que todos los miembros activos están ocupados.

Si el paro se reduce, si aumenta el empleo en los servicios, si hemos sobrepasado el registro histórico de turistas, si se venden más coches y más pisos, ¿no os parece qué la economía no está sufriendo con la falta de gobierno?. No existe la desaceleración ni la incertidumbre de la que tanto se habla sino es por los vaivenes del mercado mundial.

Yo lo que digo, sin ánimo de ofender, es que a lo mejor todo va bien a pesar de la falta de gobierno. ¿O es por eso? ¡Ah perdón! Tenemos gobiernos autonómicos y municipales (además de Diputaciones). Estos, no lo olvidemos, son los que están más cerca de las necesidades reales de los ciudadanos y ciudadanas, apoyan sin tapujos el estado de bienestar social y disponen de suelo para que se asienten aquellas empresas que lo deseen y lo tengan a bien.


 

 

Foto 1 (superior).- Cedida por Sergio Franco “El Topo”.
Foto 2.- “Vida”. Cedida por Kiko Rodríguez.

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