ESPECIAL

Las ‘Lenguas Muertas’, más vivas que nunca

Lucas Martín Alonso (Primer premio de Latín y segundo de Griego), Beatriz Mohedano Muñoz (alumna que también se presentó al concurso, quedando en cuarta posición) , y Concepción García Lázaro (profesora de Latín y Griego del centro Laguna de Joatzel).

Lucas Martín Alonso (Primer premio de Latín y segundo de Griego), Beatriz Mohedano Muñoz (alumna que también se presentó al concurso, quedando en cuarta posición) , y Concepción García Lázaro (profesora de Latín y Griego del centro Laguna de Joatzel).

Lucas Martín Alonso, estudiante del instituto Laguna de Joatzel, ha sido galardonado con el primer premio ‘Minerva’ de Latín y segundo premio ‘Atenea’ de Griego, organizado por la delegación en Madrid de la Sociedad Española de Estudios Clásicos.

♦ Lucas Martín Alonso, recientemente galardonado con el primer y segundo premio del concurso ‘Minerva’ y ‘Atenea’ respectivamente, es un getafense que ha cursado sus estudios de Secundaria y Bachillerato en el instituto Laguna de Joatzel de Getafe.

En su trayectoria académica, este joven que venía de estudiar Educación Primaria en el colegio Mariana Pineda, recuerda con especial cariño su etapa de la ESO en el instituto, donde conoció a muchos amigos, creando un círculo muy especial, más grande de lo que Lucas podría imaginar. Recordando sus años como estudiante en Laguna de Joatzel, valora gratamente la experiencia, añora a sus amigos y hace una mención especial a sus profesores, verdaderos ‘maestros’ de la enseñanza, entre los que recuerda con especial cariño a algunos que ya se marcharon, como Segundo o Paco Poveda, y otros como Concha García Lázaro o José Manuel, que siguen en las aulas del centro en sus tareas de docencia. Los seis años de instituto, Lucas los recuerda como un periodo de enorme cambio, ya que cuando mira hacia atrás y descubre lo irreconocible que le resulta su anterior ‘yo’, se da cuenta de los momentos vividos junto a todas estas personas, y la importancia que han tenido en su formación académica y personal.

Llegado el momento de elegir su itinerario, allá por tercero, Lucas se encontró con un conflicto interior y le costó bastante decidirse. Desde pequeño había sido una persona con múltiples intereses, que leía con avidez disfrutando apasionadamente de los libros. En el instituto pasó los primeros años barajando como primera opción la rama de Biología o, incluso, Física, pero asimismo le atraía también mucho la Historia y el aprendizaje de lenguas extranjeras. Al final, terminó por decantarse por el Bachillerato de Humanidades, ya que al valorar su futuro profesional se sentía más impulsado, motivado e interesado por esta disciplina. Además, el estudio de idiomas le parecía la ‘llave más fiel’ que le abriría las puertas para viajar al extranjero, cumpliendo así otro de sus ‘sueños’, el de la entrada en contacto con otras culturas y sociedades.

Segundo de Bachillerato es el curso clave para todos los alumnos, por ser la lanzadera directa hacia la fase más determinante de todo estudiante, la de la universidad. En segundo ya se puede optar por aquellos estudios que proyectarán el futuro profesional del alumno. De esta forma, en este curso lleno de esfuerzos la prioridad fundamental es ‘sacar nota’  y así poder acceder a la carrera deseada.

Atenea y Minerva

Y a Lucas se le presentó –aprovechando el ámbito de las letras por las que había optado- la oportunidad de participar en las pruebas “Atenea” y “Minerva”, un concurso de Latín y Griego organizado por la delegación en Madrid de la Sociedad Española de Estudios Clásicos en el que competían diferentes institutos de la Comunidad de Madrid. Al no existir ningún requisito previo para presentarse a los exámenes, pudo participar en el certamen tan sólo rellenando el ‘papeleo burocrático’ con los datos necesarios.

Lucas llegó a la Universidad Complutense, donde se realizó el examen de latín, verdaderamente asustado y nervioso por ser la primera prueba a la que se enfrentaba, o tal vez debido al calor que hacía dentro de la sala o por verse rodeado de tantísima gente desconocida. El examen consistía en argumentar un texto –en este caso de César–, además del análisis morfológico de palabras, el análisis sintáctico de una oración y un tema a desarrollar. Las pruebas estaban galardonadas económicamente. Y él se hizo con el primer premio: 700 euros.

“Cuando lo terminé me sentí satisfecho, aunque creía que no lo había hecho tan bien, pero luego resultó que lo gané con un 9.7 de nota”, argumenta Lucas.

En la segunda prueba, el examen de Griego, celebrado en la Universidad Autónoma de Madrid, ya se encontró más cómodo, tal vez influenciado por haber superado la anterior experiencia con éxito. El modelo de examen fue igual al de latín, pero el texto correspondía a una obra de Platón. De aquí saldrá con el segundo premio, con una nota de 8.75 puntos y valorado en 300 euros.

“La verdad es que diría que el ambiente de un examen-concurso extra-escolar como este me dio ánimos para enfrentarme a la Selectividad e hizo que me presentase a ella con más confianza y más relajado”, dice Lucas.

Tanto en las pruebas de Atenea como Minerva, Lucas consiguió situarse en un puesto sobresaliente. La motivación que imprime ser reconocido el mejor alumno de la Comunidad de Madrid en Latín y Griego es un regalo a los años de esfuerzo y constancia en el instituto. “En mi cabeza sólo había una incógnita en relación con las pruebas y, de hecho, yo creo que esperaba más el que no recibiera ningún premio que otra cosa. De recibir alguno, esperaba uno tan solo y, si acaso, el segundo o el tercero. Fue una grande y agradable sorpresa el saber que había quedado primero en uno y segundo en el otro”.

Apoyo de su profesora Concepción García Lázaro

Lucas valora muy gratamente el apoyo dado por su profesora del instituto, Concepción García Lázaro. Desde que empezó Latín en cuarto de la ESO hasta estos últimos años en Bachillerato, Concha, como la llaman sus alumnos, ha sido ‘su motivación’ en el estudio de las dos lenguas clásicas. Lucas define a su profesora como una persona ‘versadísima’ en estos dos idiomas, y con una experiencia docente de gran valía; con ella, sus alumnos han trabajado, aprendido y se han divertido en estos años inolvidables del ‘insti’.

“Concha es para mí (y para todos, porque hablo también en nombre de toda la clase) mi motivación en el estudio de las dos Lenguas Clásicas”, matiza Lucas.

Ahora llega la etapa universitaria y Lucas se encuentra ‘eufórico’. Felicidad es lo que siente cuando piensa en comenzar a estudiar aquello que le apasiona de verdad y que le brindará nuevas experiencias. Teniendo el Latín y el Griego como base, su intención es graduarse en Lenguas Modernas, Cultura y Comunicación en la UAM (Universidad Autónoma de Madrid), carrera en la que elegirá la opción de inglés, especializándose en idiomas, lingüística y traducción, entre otras cosas.

Lucas se define como un ‘pequeño polímata’, por su interés en variadas disciplinas. Su futuro profesional tiene un panorama relativamente amplio, ya que el estudio de idiomas es bastante prometedor en un mundo tan cosmopolita y globalizado como en el que vivimos en la actualidad. La carrera que Lucas ha elegido puede proyectarse con varias salidas profesionales, como traductor, intérprete, profesor o, como el mismo afirma, ‘quién sabe qué’.

“El estudio de Latín y Griego me ha brindado un enorme conocimiento en el funcionamiento de estas dos lenguas, familia sanguínea de nuestro castellano, motivándome aún más y facilitándome también el camino en el estudio de otros idiomas, por lo que la habilidad de traducción e interpretación que llevo desarrollando estos años espero me acompañe”, reflexiona Lucas.

A pesar de la ‘discriminación’  o ‘rechazo’ que existe hacia el estudio de las Lenguas Muertas, aún hoy en día quedan muchas personas (no todas las que se quisiera) que se interesan por el Latín y el Griego, desafiando aquellos que las ‘desprecian’. Lamentablemente, hay una tendencia a relegar esta asignatura a un segundo plano, no formando parte de los intereses ‘académicos’ de la mayoría de los estudiantes, que ignoran o no quieren percatarse del valor y la influencia que tienen estas lenguas sobre nuestro idioma y nuestra Cultura, que olvidan que la cuna de nuestra civilización occidental está en Grecia y Roma, cuya vigencia sigue –y seguirá– viva, tanto en los ámbitos más cultos e intelectuales de nuestra sociedad como en los más cotidianos, al ser fuente del lenguaje y el conocimiento. Y Lucas Martín Alonso, al igual que el resto de participantes en este tipo de eventos culturales, es ejemplo de lo ‘vivas’ que pueden llegar a estar las Lenguas Muertas.

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