OPINIÓN

Leganés, Baroja y la vida

Ahora resulta que en Leganés se convocan plenos de urgencia, como si los plenos fueran la Casa de Socorro donde los niños acudíamos cuando nos descalabraban con una pedrada. Pero hoy la pedrada es cercana a los tres millones de Euros, los errores políticos de ayer, nos asaltan ahora en forma de sentencias, los presuntos desatinos picassianos, el empujar a la suspensión de empleo a funcionarios que luego nos ganan los juicios, y es justa su indemnización, los presupuestos sin aprobarse, los directores generales ilegalizados por lo justicia, salvo recursos que al parecer no se han presentado, todos estos desatinos y errores, parece que nos llevan a “la lucha por la vida” y tenemos que volver a 1902 para seguir aprendiendo y no tropezar de continuo.

El político no es culpable de los recortes, es el que los sienta en la poltrona legisladora, y le da el poder de manejar la tijera presupuestaria, y ya no podemos echar la culpa a Zapatero “el simple”, ahora como en “La Busca” de Baroja, la culpa es de los vecinos del Corralón, esos de Embajadores y el Paseo de las Acacias de principios del siglo XX. Y que bajaban a la Procesión de la Doctrina, a pedir una limosna o lisonja a las damas de la burguesía y milagros al Cristo, todo a la orilla de mi barrio carabanchelero, junto al alto de San Isidro, desde donde hoy se ve el estadio del Atlético de Madrid como una caja rectangular que se pudiera rozar alargando la mano o el pie.

La Real Academia Española en su página oficial nos dice de “La Busca”: “El Madrid de los barrios más humildes se convierte en protagonista fundamental de esta novela con final esperanzador: siempre es posible encontrar una salida para reconducir la vida”

España es eso mismo, “La lucha por la vida” en la trilogía que acoge esta novela primera.

La miseria siempre bajaba hacia el sur, cuando los escritores retrataban con la palabra aquél Madrid entre dos siglos, fuimos una España de remiendos hasta el escaso desarrollo en que llegó el Seat 600, y nos asomamos a las playas y a los pueblos de los abuelos, no es bueno asomarse demasiado al pasado, envejece el corazón y en parte afecta al estado anímico, aunque la nostalgia dulce, es el desagüe de la memoria si se dosifica.

Siempre he manifestado que, para evolucionar hay que mirar el tiempo en que estuvimos involucionando, o quizás mejor dicho estancados, los juegos infantiles y hasta los vocablos (hoy en desuso, pero recogidos por la R.A.E.), perduraron hasta mi infancia, es decir setenta años jugando al “Chito”, los “Jamar” “Najarse” “Amolar”, y el “Parné”, simples ejemplos de un tiempo dormido al margen de los gobiernos, fue la llegada de la electricidad lo que dio otra luz al Madrid de los suburbios o periferia.

Hay que exonerar a Rajoy de toda culpa, y culpar metafóricamente a la bella Justa, la joven del Paseo de las Acacias, esa que se enamoró del “Carnicerín”, y le apoyó en su gobernanza postinera y verbenera. Galdós nos dijo cómo éramos en “Misericordia”, Baroja lo confirmó en “La Busca”, vamos al precipicio, o nunca hemos salido del él. Don Pío nos salva al final. “¡Ya está el radical!” dice un cordero a otro en una viñeta, la radicalidad es esa de Pío Baroja, que sin pertenecer a ningún partido, le acusaban de Liberal, abrigado entre Azorín y Maeztu, quiso ser eso que pregona Esperanza Aguirre, hoy enmudecida bajo un atronador Abril de presunta financiación irregular investigada.

Pero Baroja no se fiaba, y siempre tenía un pie en Francia y otro en España, en Vera de Bidasoa, desde aquél rincón entrañable de Navarra, veía a los corderos despeñarse.

  •  
  •  
  •  
  •  
  •  
  •  
  •  
  •  
  •  
  •  
  •  
  •  
  •  
  •  
Cliquea para comentar

Deja un comentario

To Top

Uso de cookies

Este sitio web utiliza cookies para que usted tenga la mejor experiencia de usuario. Si continúa navegando está dando su consentimiento para la aceptación de las mencionadas cookies y la aceptación de nuestra política de cookies, pinche el enlace para mayor información.plugin cookies

ACEPTAR
Aviso de cookies