CULTURA

Leopoldo María Panero: cuatro años sin el último poeta

Hoy 5 de marzo de 2018 se cumplen cuatro años sin la presencia, siempre arrolladora, de Leopoldo María Panero. Cada vez menos se habla de su poesía y cada vez más de la leyenda negra que siempre le persiguió y algunas veces él mismo cultivó. He tenido la suerte de estar en los últimos años presente en mesas redondas y homenajes posteriores a su muerte y el tema habitual a tratar es cualquiera menos el literario. Por eso viene bien recordar al común de los lectores de qué va un poco, a qué aúllan los versos del mejor poeta español desde la transición a nuestros días.

Feria del Libro de Madrid del año 2009. Foto: Charo Fierro.

La poesía de Leopoldo María Panero simboliza y radicaliza al hombre de nuestra cultura actual aunando vida y obra. Su escritura poética revela su valor, que a la vez es una losa con la que cargara en su día a día. En la época de mayor bonanza de sus textos, era más proclive a la simulación, y cuando no al cinismo cultural creciente. Panero representó y aun representa la Rebelión, ya que no le fue posible ser revolucionario. En su poesía asistimos al espectáculo de una humanidad deshumanizada, humillada, pervertida, caída en un territorio en el que impera el Mal. De ahí que ésta sea un grito, una risa, un aullido. En la técnica ahonda desde y por la miseria. Escribiendo desde la experiencia nihilista escupe un híbrido de Hölderlin, Alan Poe, Mallarmé, Yeats, Lautremont, Artaud, Pound, Eliot… Además hallaremos elementos siempre en su poética del campo anatómico humano, de la flora y la fauna. Como los sustantivos (cabeza, piernas, vientre falo, ano, semen, esperma, heces, látigo, escalofrío, miedo, hiedra, marioneta, mancha, berbiquí, baba, telaraña, loco, locura, manicomio, tragedia, oscuridad, cuervo, serpiente, culebra, mosca, rata, sapo, lobos, daga, navaja, asesino, cadáver, lápida, tumba, infierno, suicidio, muerte), adjetivos: (abyecto, viscoso, cruel, castrado, apedreado, emponzoñado, hediondo). Verbos (insultar, escupir, orinar, reptar, temblar, horadar, rasgar, ahorcar, pudrir, aullar, ladrar, fumar, destruir, matar). Y hasta expresiones como: “¿Quién es la espía?”, “siniestra humedad de un cubo de basura”, “mujer sin rostro”, “Hambre de la nada”, “catástrofe de la realidad”, “todo hombre tiene la estatura del desastre/ todo hombre es una amenaza amiga de la ruina”.

“La opción de Leopoldo María Panero ha sido la caída en lo Siniestro, en un hoyo del ser sin salvaciones, aguantando la vela de la naturaleza humana rodeada de un horror totalitario”

Al final con los años se ha llegado a la unánime conclusión de que el que más destaca en aquella lista de “Novísimos” que construyera Castellet en 1970, es Leopoldo María Panero. Dejando de lado los moldes posibles del momento, descolgándose vital y literariamente del grupo (Martínez Sarrión, Vázquez Montalban, Álvarez, Azúa, Carnero, Moix, Gimferrer y Molina Foix). Irrumpió jugoso, lúdico y distendido en un momento en que la lírica de los poetas posteriores a su generación se mantenía retenida por reflexiones existenciales y de compromiso, aunque sí que es cierto que hubo algunos que dieran un salto en las visiones y vivencias más allá de los “Novísimos”, como José Ángel Valente.

La opción de Leopoldo María Panero ha sido la caída en lo Siniestro, en un hoyo del ser sin salvaciones, aguantando la vela de la naturaleza humana rodeada de un horror totalitario, nos enfrenta con una engañosa sensación de familiaridad con lo satánico y lo excrementicio. Una obra que nunca ha aceptado estancarse, constituida como un espacio de reflexión y autocrítica… todo ello, o mucho de ello, acumulado por la experiencia en los Manicomios. Desde el desorden aprende el revés de lo humano y que en ello tiene que cohabitar la humanidad y la horfandad. Panero, un ángel caído. Dentro de estos, intenta comprender y dar sentido al Mal que lo asedia. Indaga a través de las bibliotecas las oscuras cavernas del hombre, en el sicoanálisis, la filosofía y todo lo que pueda aportarle algún resquicio que explique toda la tolvanera de nuestra era. Con esto, en su obra nunca veremos ese dandismo necio o el postvenecianismo y diferentes estilos del momento y que aúpan a otros a ocupar tronos. Su personaje siempre será la prolongación en su obra, como dije antes, de lo Siniestro, investigando acerca de lo que allí se esconde y avisará con gritos, silbidos, risas y muecas.

A la hora de escribir es crítico, trágico y violento. Menta al Poder, la droga… al Mal de nuestro tiempo. A día de hoy hemos perdido a nuestro cantor. Panero, el último cantor de España, una España al fondo de su mente que con sus residuos y pulsiones desconocidas nos lleva al horror y la locura, en vez de a esa… FELICIDAD.

 “Y allí supe por boca de mi madre mal-llamada Felicidad/ Que el hombre volverá a reinar sobre la nada” (‘Rosa Enferma’, Huerga&Fierro, 2014)

Su obra, íntegra, es la orla de un combate perdido desde antes de batirse en duelo, aunque dentro de esta están las claves para resistir, para hallar la esperanza. Sólo donde se construye, se puede volver a construir (dijo un sabio). En el caso de Panero se reconstruye con Poemas que nos duelen y nos sorprenden por la belleza trágica y rota de sus imágenes.Al cabo creó un personaje que le ayudaba a ampliar su leyenda y muchas veces hacer creer al que le leyera de la veracidad de lo escrito.

Y le cito: “Que no usen mi torpe biografía para juzgarme. La literatura no es un modo de vida”.

LA TRILOGÍA EXTREMA

Destacar un solo libro de su obra es además de imposible, inaceptable. Siempre habría que inclinarse por las primeras obras en una toma de impulso o anunciación del clásico, como su caso en Así se fundó Carnaby Street (1970, y que actualmente ya va por la tercera reimpresión dentro de su sello de cabecera, Huerga&Fierro), sin duda piedra angular de la poesía culturalista-pop en España con versos referentes a Peter Pan, Dumbo, Blancanieves, las Brujas o a La Matanza del día de San Valentín. Así se fundó… está dedicado a los Rolling Stones, asiduos visitantes entonces a Carnaby Street y que Leopoldo la redecora, sustituyendo las tiendas y boutiques en poemas que surten a diferentes personajes y seres de la mente del poeta.

Fotografía del poeta realizada por Pablo Carnero

Hablaré acerca de la trilogía de títulos referentes al límite, al crepúsculo del cisne (el último acorde, el último río y el último hombre). Es a partir de la publicación en 1979 de Narciso (hoy, también, reeditada por el sello Huerga&Fierro) donde se dan las claves para el desarrollo posterior de su obra hasta hoy: se fijaban los fundamentos de su obra (la perspectiva del que mira desde el más allá, del que ha muerto). Narciso, en el acorde último de las flautas tiene como referentes a dos poetas de la llamada Generación Perdida Americana: Eliot y Pound. El desarrollo de los poemas se da con cierta extensión y una línea reflexiva, atravesada por fuertes imágenes de luz propia. Un sistema de reiteraciones articula el despliegue discursivo, pero al mismo tiempo surcado por rupturas e incongruencias sintácticas y lógicas que ya dejaría patente en Teoría (también rescatada por Huerga&Fierro), otra de sus obras maestras, a modo de monólogo interior. Con frecuencia un simbolismo elemental y cargado entronca con una extensión expresionista. Un libro que en definitiva no ha de leerse como confesional o autobiográfico (ya lo he avisado antes). Por él desfilan el existencialismo, la tradición del exceso, el ocultismo y el sicoanálisis. En Narciso asistimos a aquello que diría Pessoa de “el mejor poeta es el mejor fingidor” en el verso que dice así del libro: “…como una máscara me mimo/ a mi mismo y finjo/ delante de nadie que aun existo” radicalizan tal vez la propuesta de Pessoa. El poeta finge el yo, su propio yo. Acumula personajes y símbolos, construye y rompe lo que va relatando, pero estableciendo un hilo narrativo.

► “Así se fundó… está dedicado a los Rolling Stones, asiduos visitantes entonces a Carnaby Street y que Leopoldo María Panero la redecora, sustituyendo las tiendas y boutiques en poemas que surten a diferentes personajes y seres de la mente del poeta”.

En el siguiente a la trilogía está Last River Together (1980 y reeditado pocos días antes de su muerte, de nuevo, por Huerga&Fierro), escrito al borde del abismo, en una de las épocas más oscuras de Leopoldo, además de tener la firme intención de suicidarse con una chica (de mutuo acuerdo), por este hecho viene el título del libro que traducido viene a decir: La última orilla juntos o el último río juntos. El libro está dedicado a una tal Conchita Sitges, la cual ha fallecido en accidente de automóvil en 1977. Last River Together destila dolor, cantos al alcohol y a la locura; ternura, como en el Poema “A Francisco” (Francisco era un chulo de 18 años del que Panero sentía atracción), “A aquella mujer que quise tanto” o el de “Para A.”

Las nuevas ediciones de Narciso y Last River Together cuentan con sendos prólogos a modo de presentación del escritor Antonio Marín Albalate.

Para hablar del libro que cierra la trilogía, citaré los versos del poema que cierra el libro titulado ‘De cómo Ezra Pound pasó a formar parte de los muertos (partiendo de mi vida)’: “cuatro años sin voz, hablando demasiado y sin oírme, errando/en mi cerebro con sed, como un pez rojo en el fango y/ aun no perdí el canto…”. Cuatro años casualmente (o no) es el tiempo transcurrido desde Narciso. Hace un balance de ese tiempo de escritura que luego siguió prolongándose. El último hombre (1985) es una especie de epopeya invertida que culmina en el derrumbamiento de la identidad, todo plagado de muerte, locura, silencio y derrota. Un libro lleno de dobles lecturas de muchos de sus poemas como el de ‘Dos poemas de amor’ o ‘Vencer la locura’. Además de la denuncia política como en el caso del poema ‘Requiem’, donde cita a Pertur (Miembro de ETA) o el poema a Vietnam. Pero como digo, el eje central del libro es el amor y la muerte fundidos en el derrumbamiento de la identidad. Un inventario de umbrales de la pérdida cargado del aliento de voces de pasión extrema. Cada poema se fragmenta en numerosos hombres que confluyen en un pelotón sin forma, pero el yo se reconoce en todos esos personajes, que al tiempo representan su alienación. Un collage de estallidos léxicos con una textura  fragmentaria de ritmo agitado encajando con una técnica constructiva capaz de encauzar las constantes y contundentes andanadas de sentido.

POEMAS

Cuando la luna se enciende en el verso
Lloran los ladrones y una red cae al suelo
Componiendo un ruido como de cristal
Qué vana es la caída, digo al verso
Qué vano es el Cristal de Bohemia masticado en la boca
Qué vano el caballo hípico que cabalga sobre las tumbas
Rezándole a la nada
Sartre lo dijo y yo lo leí en la cárcel en clase de matemáticas
“La nada corroe al ser como un gusano”
Y allí supe por boca de mi madre mal llamada Felicidad
Que el hombre volverá a reinar sobre la nada
Y la nada enseñará a los hombres su mano
Que tiene el rostro pálido de la locura
Y el temblor del verso
Y el temblor del sexo diminuto de las hadas que aún no sangran

                                                  Rosa Enferma (Huerga&Fierro, 2014)

 

REQUIEM

Yo soy un hombre muerto al que llaman Pertur.
En la cena de los hombres quién sabe si mi nombre
algo aún será: ceniza en la mesa
o alimento para el vino.
Los bárbaros no miran a los ojos cuando hablan.
Como una mujer al fondo del recuerdo
yo soy un hombre muerto al que llaman Pertur.

                     El último hombre (Huerga&Fierro, 1984)

 

EL LAMENTO DEL VAMPIRO

Vosotros, todos vosotros, toda
esa carne que en la calle
se apila, sois
para mí alimento,
todos esos ojos
cubiertos de legañas, como de quien no acaba
jamás de despertar, como
mirando sin ver o bien sólo por sed
de la absurda sanción de otra mirada,
todos vosotros
sois para mí alimento, y el espanto
profundo de tener como espejo
único esos ojos de vidrio, esa niebla
en que se cruzan los muertos, ese
es el precio que pago por mis alimentos.

       Last river together (Huerga&Fierro, 2015)

 

MA MERE

Yo contemplaba, caído
mi cerebro
aplastado,
pasto de serpientes, (…)
yo contemplaba mi cerebro para siempre aplastado
y mi madre reía, mi madre reía
viéndome hurgar con miedo en los despojos
de mi alma aún calientes
temblando siempre
como quien tiene miedo de saber que está muerto,
y llora, implora caridad a los vivos
para que no le escupan encima la palabra muerto. Vi digo
mi cerebro en el suelo licuándose, como un excremento
para las moscas. Y mi espíritu convertido en teatro
vacío, del que todo pensamiento ha desertado
(…)
mi espíritu como un teatro vacío
donde en vano alentaba inútil, mi conciencia,
cosa oscura
o aliento de monstruo presentido en la caverna. Y allí, en el teatro
vacío,
o bajo la carpa del circo abandonado, tres atletas
—Mozo, Bozo, Lozo—
saltaban sin descanso, moviendo
con vanidad desesperada el trapecio
de un lado a otro, de un lado a otro. Y también, cortesanas

con el pelo teñido de un oro repugnante, intercambiaban
leyendas sobre lo que nunca hubo
en el palacio en ruinas. Y me vi luego, más tarde
mucho más allá del demasiado tarde,
en una esquina desolada de
alguna ciudad invernal, mendigando
a los transeúntes una palabra que dijera
algo de mí, un nombre con que vestirme.
(…) Como una muñeca me mimo
a mí mismo y finjo
delante de nadie que aún existo. Peonza
en la mano del dios de los muertos.  Como una muñeca
extraviada
en la ruta implacable de tantas otras, de las incontables marionetas
que ejecutan su vida como un rito funerario,
una obsesión senil o un delirio último
de moribundo. Porque los hombres no hablan, me dije,
dije
a los ciegos que manchaban
de heces y sangre sus zapatos al pisar mi cerebro.
Y al momento
de pensar eso, un niño
orinó sobre la masa derretida,
dando luego
de beber vino rojo y fuerte a un sapo
para que borracho riera, riera, mientras caía
sobre el invierno de la vida la lluvia
más dura. Y al verlo, y mientras me arrastraba
cojeando entre los muertos, pensé: llueve,
llueve siempre en las ruinas. Y mi madre rió, al oír aquel ruido
que delataba mi pensamiento.

      Narciso, en el acorde último de las flautas (Huerga&Fierro, 2013)

Obra poética esencial:

  • Así se fundó Carnaby Street
  • Teoría
  • Narciso en el acorde último de las flautas
  • Last river together
  • El último hombre
  • Poemas del manicomio de Mondragón
  • Contra España y otros poemas no de amor
  • Heroína
  • Guarida de un animal que no existe
  • Teoría del miedo
  • Erección del labio sobre la página
  • Poemas de la locura, seguido del Hombre elefante
  • Sombra
  • Rosa Enferma

Bibliografía consultada:

  • Los ojos de la escalera, Colectivo LMP (Huerga&Fierro, 1992)
  • El contorno del abismo: vida y leyenda de LMP, J. Benito Fernández (Tusquets, 1999)
  • La poesía como pensamiento (p. 229-254), Miguel Casado (Huerga&Fierro, 2003)
  • Leopoldo María Panero: el peligro de vivir de nuevo, Ángel Guinda (Huerga&Fierro, 2015)

 

 

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2 Comentarios

2 Comments

    • Antonio Benicio Huerga

      19 marzo, 2018 at 19:23

      Una lástima que en tu artículo nada más se urge en el morbo y en nada aparezca o se profundice en su obra literaria, la cual, me temo, a penas conoces. Un saludo.

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