LLEGANDO A PUERTO

Mereció la pena compañeros

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Mujeres y hombres perseguidos, encarcelados, fusilados que no mueren, porque los que están cegados son los que, de una manera u otra, les persiguieron, encarcelaron y mataron

 


 

Julián Puerto Rodríguez


 

 

Sé que habéis sufrido en carnes el tiempo de la pena injustamente acusados, compañeros. Tanto tiempo, tanto sufrimiento innecesario os ha metido de lleno en la historia, porque sólo viven aquellos que en la lucha se les escucha. ¡Qué valor le habéis echado a la historia de la conciencia de clase. Tiempos estos de camaleones y de corruptos sin escrúpulos! Sacada del silencio, del olvido, la crónica de la mañana. Historia de nuevo reescrita, recuperada para vivir en la ilusión de que todo esto tuvo, tiene y tendrá un sentido ahora que llovió a cantaros porque supisteis ir juntos, compañeros.

Ya sois ejemplo vivo de la lucha obrera. Estamos en deuda con vosotros. Los trabajadores somos deudores del silencioso sufrimiento de vuestras familias, presintiendo que tras cada noche vendría una noche más larga. Una defensa a ultranza del honor y del orgullo de clase en tiempos en que, la mediocridad de los políticos condena al pueblo a vivir por debajo de sus necesidades, abandonado sobre la arena del circo frente a los leones del Ibex, yugo sobre yunque de la economía del austericidio.

Corregiría orgulloso, el poeta León Felipe, aquel poema que negaba la existencia actual de locos para afirmar que todavía quedan locos. Sí amigos, sigue habiendo locos gritando libertad por la piel de toro. Se murió aquel manchego, aquel estrafalario fantasma del desierto y, fíjense ustedes, en España sigue habiendo locos capaces de luchar sin miedo contra los repartidores de castigos y premios, contra los gigantes ocultos en placenteros molinos de viento.

Ya quedan pocos, cada vez quedan menos. Todavía hay mujeres trabajadoras capaces de parir, en las arenas del desierto, oasis de esperanzas, agua clara entre las palmeras. Todavía quedan hombres que miran a la luna lorquiana en tiempos de verbenas. Todavía quedan hombres y mujeres que se escupen las manos cuando acuden a la faena. ¡Cuidado compañeros que todavía campan a sus anchas los insaciables caciques lancianos. Todavía.

PEDRO-PATINOPolíticos elegidos para el ‘tribunus plebis’ discuten atónitos en el vomitorio lo que vosotros habéis defendido con garra sobre los adoquines de la calle y frente al entarimado. Compañeros nos dijisteis: ¡obreros que no luchan, no se les escucha!. Vosotros habéis sido oídos y admirados, vuestro ejemplo nos anima. No hizo falta ningún pacto de escritorios, todos fuimos tras de vosotros, sin mirar colores ni abalorios, sin postureos ni partidarios.

Ya están en las plazas los mercaderes de mercancías rotas, vacía de esperanza Europa, el mundo global con la ilusión atónita y vosotros en las calles, en las fábricas al grito resistente, llenando de voces los muros del teatro del poeta de Granada. ¡Qué orgulloso canta Lorca!. Viste de blanco, traje y alma, como visten los educados caballeros en día de fiesta. Sus dedos aferrados a una pluma que gira como loca por entre las teclas del piano. Apoyados en la barra del local, ocho hombres susurran, entre ellos, en el recuerdo de aquellos tiempos en que un día soñaron con hijos paridos en los hospitales obreros del rojo sur madrileño.

En aquellos días las calles estaban llenas de obreros,
polígonos de aceite, humo y fuego,
chispas rojas de las radiales sobre vigas de hierro,
plomo sobre la silla gris de caballos negros.

Los sindicalistas llevan en las caras el blanco yeso,
rojo sobre rojo de ladrillos se amontonan en los rostros,
compañeros de la obra, manos firme sobre ásperas manos.

Nos hemos relajado, compañeros guardando en las alacenas las banderas de la dignidad trabajadora. Los buitres nunca descansan, recorren cientos de kilómetros hasta volver al refugio de la agreste montaña. Yo pude escuchar vuestras palabras alentadoras frente al rugido de los motores humeantes de los aviones: “No cejéis vuestro empeño frente al designio de los poderosos, de los mercaderes, el capital siempre está levantado, es insaciable, nunca duerme”

En tierra de retamares cantó Jara. Cerca de la fábrica, en la glorieta de Uralita, el Cristo de Piedra vio nacer una cruz, pero no de piedra sino de luz. Dicen que tras las balas se oyó una voz, era Dios que gritaba revolución.

¿Os acordáis de Pedro Patiño? Quién le preguntó al albañil de acero, al militante sindical, al guerrero. Pólvora en las entrañas, octavillas en las manos, carteles en las paredes, en el alma fuego. Huelga clandestina en tiempos de oscuridad y miseria. Tiempos de disparos al aire, obrero muerto.

Por tu libertad luchó Patiño,
aquel obrero que mataron cuando iba por su fusil,
Dios te salve de la cárcel cura Paco,
iba armado de una paleta y llana de albañil.

¿Os acordáis de Francisco Gasco Santillán, compañero vuestro? El escultor Paco Aparicio lo llevó en reconocimiento merecido como lo hizo con el sindicalista Máximo Barco. Locos que lucharon por sus ideales, con sus espíritus de bronce, trincheras de la dignidad.

Mujeres y hombres perseguidos, encarcelados, fusilados que no mueren, porque los que están cegados son los que, de una manera u otra, les persiguieron, encarcelaron y mataron.


 

Foto 1.- Logo de la lucha por la libertad de los ocho de Airbus. Getafe
Foto 2.- El sindicalista getafense Pedro Patiño.

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