OPINIÓN

No votaré al Senado, pero sí a Garzón (1)

alberto-garzon

 

♦ Permitan lo de colocar en el título el nombre de un candidato, aunque solo sea para compensar la marginación que está sufriendo en los medios, tanto privados, que solo son culpables de jugarse su propio dinero, como públicos, estos sí, que discriminan para que sintamos como los que mandan se burlan de la ley y de nosotros mismos. Siempre me ha pasado que cada vez que la duda llama a la puerta, el comportamiento de los prepotentes consigue que no me haga falta ni abrirla.

Ahora que David Jiménez ha declarado en público que esta vez “El Mundo” no pedirá el voto para ningún partido que se apellide popular, “corazón partío” supongo, quizás convenga que los de abajo, sin compromiso formal ni beneficio alguno que nos convierta en sospechosos, molestemos crueles, a nuestros preferidos los primeros, sacando a la luz del día nuestras intenciones. Por muchos indecisos a quienes logre convencer con la serie de diatribas que ahora inicio, y que se prolongarán hasta el día 18, que hay que respetar la reflexión, espero que a Alberto, lo que aquí se diga, le pique más que la alegría que le puedan producir los votos y le espolee para seguir luchando por los que no consiga.

Para terminar con los prolegómenos, diré que esto sí es personal, aunque no conozca ni a Al1, ni a Al2, ni a An, ni a Ma, ni a Pa ni a Pe, permítame el editor la licencia de hacer pensar al lector elector durante un instante con iniciales fáciles. Lo que quiero es decir que la cultura de la imagen ha convertido a los partidos en esclavos de sus líderes y a la sociedad en lo que quedaría tras el paso de una apisonadora cuyo asfalto machacado estuviera compuesto por un mosaico de emociones creadas por publicistas de desodorantes o coches, que ya no sabes lo que están anunciando si no te tragas hasta el último muslo, a veces no solo femenino, vamos mejorando. Irá, pues, esta serie oportunista sobre seis hombres de carne, hueso e inteligencia, pues el poder de chantaje que ejercen sobre todo lo que está por debajo de cada uno de ellos es enorme, ya que son miles lo que se juegan mucho a una carta tonta: la de que su jefe no meta la pata en demasiadas ocasiones.

 

Comenzaré por la segunda afirmación

Votaré a Garzón porque soy pacifista y mirándole a la cara es el único de los seis que me parece incapaz de matar una mosca. Lo siento, no podría explicarlo si no es en verso, y nunca me ha parecido que ningún presente de los que seguimos vivos nos merezcamos tal homenaje, pues solo tendemos a empeorar con el paso del tiempo y podríamos llenar al poeta de vergüenza.

También apostaré por él porque algo me hace pensar que, aunque quizás alguien más de los citados aguantaría en su puesto hasta el final en defensa de la libertad incluso para los malvados, no creo que todos estuvieran dispuestos a matar y morir si tocara hacerlo de nuevo. Tampoco tengo palabras lógicas para esta intuición. Y no les extrañe que me preocupen posibles simulacros de dictaduras no tan futuras, porque se me van amontonando las señales a nivel mundial. Si equilibrados y convencidos de lo fundamental como Al2 no pueden influir con poder en los gobiernos, llegará el momento en que se hará cierto el peligro de que nuestra sociedad genere autoritarios cultivados con el abono del miedo colectivo. Sus motivos tendrá Garzón para oponerse a las guerras, quizás sea un “buenista” de esos a los que algunos acusan como si…, bueno, me callo. Yo coincido con él, pero también porque estoy convencido de que, aunque suframos un atentado cada día, nuestra democracia occidental y corrupta, si resiste, inoculará el alcohol, la Coca-cola, el dinero y el resto de drogas (y si no me creen lean a Quim Monzó hace unos días) en la sangre y el alma de los más salvajes, con perdón de las bestias que habitan la selva, porque ahora, obsesos, hasta se matan para matar en defensa del terror como sistema.

 

Amigos, tenemos esta guerra ganada, no necesitamos multiplicar el número de muertos a base de bombazos, sino el de héroes infiltrados entre los terroristas mientras dejamos que la tele basura, nuestra arma más secreta, haga su trabajo de ensuciar un poco otras vidas durante algún tiempo para que las nuestras duren lo que nos merezcamos. Si es por eso, bienvenida sea, y que siga adelante con su tarea.

 

Me ha salido un verdadero “cristo” de artículo, pero no puedo garantizar menos anarquía mental con esta serie electoral. Solo le pido a usted, lector capaz de llegar hasta este punto, piedad.

 

Continuará…

 

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