OPINIÓN

Nuevas elecciones, también al Senado

Tenía que escribir el nuevo título de la serie “Mentiras y corrupción” pero lo único que me obsesiona hoy es llamar por su nombre a todos aquellos que, por muchos papeles de Panamá que sigan apareciendo, siguen pensando que existen otros paraísos que no sean los fiscales y, en consecuencia, han decidido premiar al PP con no menos de medio año más de gobierno inútil pero cobrando el sueldo de nuestros impuestos. Entre ministros y nombrados a dedo, son millones de euros cada mes. Se me acaba el diccionario de los insultos. Esto no augura nada bueno.

A partir de hoy, los protagonistas del fracaso desde el 20D solo se preocuparán de confundir a cualquier periodista que les ponga el dedo en la llaga de las líneas rojas y condiciones que se han estado inventando para no asumir su responsabilidad de gobernar o de estar en la oposición, que a ninguna de ambas se han atrevido, los muy cobardes.

Tanto formar gobierno como poner de nuevo las urnas requiere una estrategia, y a esta última opción solo ha estado jugando Rajoy, mientras se reía tanto de todos los demás que casi no podía disimularlo. Ha cultivado cinismo disfrazado de firmeza entre los suyos, ese porcentaje de españoles que votaría al PP aunque todos estuvieran en la cárcel de encerrar corruptos.

A ver qué cuentos se inventan esta ronda para pedir que les votemos, sin que a cambio se obliguen ni a trabajar, o sea gobernar, ni a nada.

Resuelto el desahogo, nunca me ha gustado solo criticar. Pasemos al futuro inmediato.

La novedad de la que más se habla es sobre el posible pacto IU – Podemos. Mal comienza otra vez cuando Iglesias sale hoy afirmando que mantendrán en sus listas a Victoria Rossell aunque la impute el Tribunal Supremo. Y no lo digo por las incoherencia de Iglesias, confirmadas hace tiempo, sino por la falta de respeto que demuestra, otra más, tanto hacia IU como a los militantes de Podemos, menos emergentes cada día, al comprometerse en este momento y en público sobre candidatos discutibles, e innecesariamente. ¿Es que nadie ha enseñado a Irene Montero y a Iglesias que a los periodistas hay que decirles que para componer las listas hay una cosa que se llama democracia interna? Y la otra pregunta es, ¿no está tardando ya Garzón en ordenar públicamente la suspensión de las conversaciones con Podemos hasta que Iglesias deje de ir nombrando candidatos por su cuenta, de lo que podría ser una coalición? Y para terminar, ¿cuántas mejillas tiene Alberto para seguir dejando que la chulería se las humille?

Por cierto, escuchen a Irene: a la hora de hablar se ha contagiado a la perfección de la cadencia verbal de Pablo, un político que tiene que corregir lo de cometer errores a posta, pues hemos descubierto el truco. Se trata de llamar la atención primero con el exceso y de volver a ganar cuota de pantalla otra vez, a la hora de envainarse el error, con la cantinela, que ya aburre, de que “pedir disculpas cuando uno se equivoca es loable y no lo hace nadie”. Menos lobos, diputado, que ya no nos confunden los disfraces.
Y ahora el Senado

¿Alguien puede asegurar que sin esta mayoría “popular” tampoco tendríamos gobierno? Pues les contaré una novedad. Desde junio de 2015 se enviaron muchos mensajes a todos los líderes del cambio, por tanto menos a Rajoy, para que se las apañaran como fuera pero consiguieran ganar en la urna del Senado, pues de lo contrario la mayoría del PP estaba cantada. Cumplida la profecía por el desprecio de todos ellos a las peticiones y consejos enviados desde “la base”, el PP les ha castigado durante cuatro meses a la amenaza de que nada de reformas, porque votarán en contra. No seré yo quien alabe ni tampoco impida el placer masoquista de los Sánchez, Iglesias y Rivera, pero no me quedaré tranquilo si no vuelvo a recordarles que no deben jugar con nuestra paciencia.

Mientras los partidos sólo vascos y sólo catalanes cumplen en el Senado con su obligación de impedir que los de Rajoy ganen, los tres del cambio deseado solo saben fracasar. Dados los odios africanos que por parejas se profesan con pasión, los muy machos, permitan señores líderes que les aconseje esta vez, con más realismo que gusto pues cualquier otra la veo imposible, una coalición entre PSOE y Ciudadanos únicamente al Senado, y solo para sacar adelante unas reformas muy concretas, como la Ley Electoral. Por una parte, tendrá muchas posibilidades de bajarles los humos de verdad a Iglesias y Rajoy, que buena falta les hace. Por otra, será coherente con su esforzado pactismo para evitar las nuevas elecciones y mantendrá viva la idea, porque es real, de que estamos en una segunda Transición para la que se necesitan generosidad y acuerdos transversales, única manera de salir de todas las crisis en las que estamos metidos y negociar con los acreedores. Mientras la Justicia, ya sin Rajoy en el Gobierno, seguirá acabando poco a poco con la corrupción que ensucia hasta los tuétanos ese partido, y quizás con el partido mismo.

Todos los políticos que no se llamen PP nos deben la osadía de romper cualquier obstáculo para ganar, como mínimo, en la urna del Senado. Son los culpables del fracaso negociador y, en lugar de llenar la campaña de insultos, que el mismo Sánchez acaba de asumir como error ante la COPE, devolverle a Rajoy todo lo que se ha reído de ellos durante estos meses, pero sin dejar de estrecharle la mano. Al enemigo que huye…

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