OPINIÓN

Pablo Iglesias, o distancia o derrota (I)

Traduzcan por Pablo debe dimitir”, pero no tengo edad para ganarme enemigos por un titular provocador que no deje leer una letra pequeña llena de buenas intenciones, al revés que lo que firmamos en los préstamos hipotecarios.

Debo reconocer que solo atiendo a mi propio egoísmo escribiendo del caudal inagotable que nos proporciona Pablo. No lo conozco, pero sí a otros similares, perdón por ofender a ambas partes, a quienes calificaría de insoportables buenas personas incapaces de matar una mosca, digan lo que digan de ellos apariencias y contrarios. La peor mancha de Iglesias, que sospecho amortizada para desgracia de los que han caído en la trampa de abusarla por acción o falta de criterio, que quien no recuerda aquel “¡¡Podemos, Podemos y Podemos!!” que Sánchez, mitad penitencia mitad envidia, exclamó ante Évole y todos nosotros a mediados, creo, del año pasado. Disculpe por derrapar, decía que su peor mancha, “presunta”, que la Constitución a todos defiende de los excesos, fue la de traer dinero a sus dos casas, la de su causa y España, vendiendo humo a latinos feroces pero incautos, válgame la soledad, que menudo delito. Ni que hubiera traficado armas para peces grandes que quieren comerse a pequeños, como hace nuestro ministro de Defensa, tan desaparecido desde hace meses para que nadie lo recuerde pero que, conociéndolo, no debe estar nada quieto. Y le acusan, lo que ya es de risa o de cárcel, los que ayudan desde el Gobierno a españoles, mucho más “presuntos”, que se llevan los millones crudos para esconderlos en los únicos paraísos que existen, donde no van los buenos ni después de muertos. Y si Pablo ha faltado a la ley, que lo condenen a devolver a sus pagadores lejanos el dinero cobrado. ¿Quién se atreve?

En un lapsus mental, de lo más sospechoso, me viene a la cabeza la lógica que sigue alimentando ésta brasa de hoy contra los de Podemos: nuestra derecha más rancia siempre ha preferido acusar a los otros españoles de los peores delitos y, en todo caso después, investigar, pero a la fuerza. ¿Qué fue lo que ocurrió el 11M? ¿O es que acaso los etarras no habían nacido en las “Provincias Vascongadas”?

Calificaré a nuestro protagonista de un teorizante más, pero evidentemente especial, de los que deciden comprometerse con la realidad. Constituyen una especie lógica de la Facultad de Políticas madrileña, el nicho más antifranquista que vieron los siglos si lo medimos por cada gramo de alumno + profesor + mobiliario. Se trata de una condición certificada durante los últimos coletazos del franquismo por las marcas que aún se conservan de las garras de salvajes como el inspector Yagüe, el policía González Pacheco o “Billy el niño” pero siempre Mister Hyde, y de otros de su calaña, que no estaban dirigidos por Fernández porque no nació a tiempo, ni por Fraga porque le había tocado otro ministerio o embajada, que todo era lo mismo con la pistola que helaba la mesa de aquellos consejos de ministros. Mucho tendrían que haberse estropeado estas aulas universitarias durante cuarenta años de democracia asustada para no parir de sus entrañas al futuro presidente de la Tercera República, que se está equivocando mientras se chamusca por aspirar a jefe de gobierno, un cargo de menor cuantía que la sociedad no le consentirá, faltaría más. Debe ser cosa de la adrenalina.

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