OPINIÓN

Pedro, Pablo y otros, coalición a la española

No siendo mal título este de coalición, utilizable sin complejos, tampoco seré yo quien ahora tenga prisa para que se componga un gobierno, pues seguirán mandando los acreedores y no le arriendo las ganancias a quien le toque gestionar tanto número rojo. Pero es en días como el pasado viernes, cuando el vértigo se impone al protocolo, en los que un orden espontáneo disuelve las nieblas que el tiempo ha creado para confundir los recuerdos.

¿Por qué debe aceptar Sánchez la “sonrisa” de un “enfant terrible” subido a la ola “del destino”? Tal como se portaron las urnas, aunque solo sea para conseguir la prerrogativa presidencial y exclusiva de disolver y convocar nuevas elecciones o para cambiar de socio, ya saben ustedes en quién estoy pensando. ¿Acaso no le está dando Pablo a Pedro la sartén por el mango después de declarar, aquel, que lo de la Mesa del Congreso alejaba un acuerdo de Gobierno? ¿Y para cuándo Sánchez dando la vuelta a la tortilla? Por ejemplo, en cuanto su vicepresidente meta la pata. ¿Tanto les cuesta recordar a los barones que lo acosan lo que su jefa, Susana, hizo en Andalucía con IU? ¡Ni que hubiera sido durante la Transición! Y otra cosa, ¿ha pensado Pablo en todo esto antes de lanzarse al ruedo? Pedro, agarra la ocasión que lo mismo el “novio” nos lee y le pone fecha tope a la propuesta de matrimonio. Para ayer.

A todos los creadores, tanto si escriben, pintan o esculpen como si inventan estrategias políticas, Pablo para la ocasión, les pasa siempre lo mismo. Es enviar el texto al editor, el cuadro a la exposición o las declaraciones a la rueda de prensa, y ya están pensando que les ha sobrado un trazo o faltado una guinda. Escritores, pintores o escultores pueden repudiar y hasta destruir su obra, pero los políticos se convierten en esclavos de micrófonos y pantallas en tiempo real e irreversible. Así es la historia: está llena de caídos en paz y democracia por culpa de una palabra equivocada.

Pero volvamos, con la luz que alumbra la memoria, sobre un detalle en el que no se ha reparado lo bastante. Iglesias ha vestido de Rey al “ciudadano Felipe” al elegirlo como testigo primero de su decisión más importante, la que contradice mil proclamas anteriores. Un, dos, tres… ¿Todavía no recuerdan a Carrillo aceptando por sorpresa monarquía y bandera tras recibir la legalización del Partido Comunista? De acuerdo, señores ex y presidentes socialistas, esta vez no sucederá un 23F para entregarles millones de votos, tras el fiasco del 79, por el camino de un susto que recuerde al miedo mortal, pero nunca faltará en España quien hable de disparar hasta contra madres con nombre y apellidos, el mismo viernes y desde su propia emisora de radio. ¡Viva la libertad de expresión bajo la Ley de Partidos¡ ¿Tan afectados estaban ustedes con la bomba solo verbal de Pablo que no pensaron en sangre al ver el odio en la palabra y la mirada de Losantos? ¿No les atañe ni lo suficiente como para denunciarlo en fiscalía? Un maestro, este Jiménez. Al día siguiente, hoy, su alumno Trump en campaña electoral: “Podría disparar a gente en la Quinta Avenida sin perder un voto”.

Por tanto, Sánchez debe aceptar la propuesta de Iglesias, una más de las acciones para llamar la atención del también joven. Pero, a diferencia de otras, esta es de las que atrapan más al autor que al resto, mientras siga vigente. Hay demasiada altura desde el 15M hasta ese trampolín. Y si ha lanzado el órdago como trampa, quizás no ha comprendido la categoría que podría ocultar un político capaz de jugarse el liderazgo prestando senadores a los que se obstinan en romper España, un saldo vivo y aún a favor. Solo había que oír al del PNV poniendo a caldo a Iglesias por no guardar las maneras. Las apariencias engañan, y podría ocurrir que a un Pedro/correcto le gustara, aún más que a Pablo/desparpajo, el veneno del riesgo. Pueden preguntar a un tal Gómez, madrileño.

Y el PP. Entre la Merkel de su gran coalición y cualquier alemán hay mucha más cercanía que entre Rajoy, solo rodeado de juicios pendientes, y cualquier español. Por eso se ha tenido que retirar, preso de un rayo desesperado. Su prepotencia se reduce hoy a forzar el vergonzante comunicado de la Zarzuela y amenazar con el Senado al resto de España. Cosa esta que, si lo pensamos, no le viene tan mal al difícil tándem Sánchez/Iglesias para justificar la lentitud de los futuros cambios ante sus respectivas bases, ambas tan similares. Y a Rivera, inservible ahora, no le va a resultar fácil ni lo de cultivar en la tierra quemada de una derecha tan difícil como la nuestra.

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