OPINIÓN

PP, IU y Podemos en días de confusión

Regresaremos por un momento a la política y así daremos tiempo a la Justicia, que sigue estrechando el cerco sobre el PP y sus propiedades, mientras el CIS dice que la corrupción ya es el primer problema. Las novedades de hoy, si no nos ha fallado el oído, un imputado de postín en Alicante, la entrada de la policía en el Ayuntamiento de Getafe y un lío raro, con dinero, porque había, esfumado de la caja, ¿cuál?, del PP vasco, el mismo en el que figura aquel que el otro día salió por la tele estando “hasta los cojones” de la corrupción en el partido, aprovechando que Rajoy estaba allí mismo, mirando.

El blindaje, formal y en sábado, del acuerdo entre el PSOE y Ciudadanos ha sido un aldabonazo rompedor de expectativas, de tal manera que hoy, lunes siguiente, la pregunta dominante en La Zarzuela y en los medios ha sido “¿y ahora qué?”.

La respuesta, ¿qué menos para agradecer el gesto a los pactistas?, la ha dado Felipe, el VI, porque al González le han debido insinuar que no destaque. El rey, quizás, ha escuchado al Patxi ese que mientras cumpla la ley nadie le puede impedir que siga siendo del PSOE. Supongo que el vasco le ha convencido fácilmente de que no se le ocurriera echar a perder el paraíso de una semana en la que su hermana no podrá desquiciar porque, en “libertad”, va a decir aún menos que en el banquillo-tumba de la acusada con sus insufribles silencios. Largo y crítico momento de nuestra historia que las televisiones han casi ignorado, a las calladas por respuesta me refiero, para no tensar aún más la cuerda floja que sostiene la coyuntura. Por tanto, vacaciones Reales de políticos “en construcción” hasta que puedan presentarle, al menos, el contrato de alquiler de un andamiaje básico o, de lo contrario, serán condenados a la tortura vergonzante y asustada de urnas nuevas con culpables, al precio de 120 millones.

Repasaremos ahora a los tres que se han quedado con los ojos como platos.‎ A Sánchez y Rivera los dejaremos, de momento, para que disfruten del premio a la osadía de fracasar. Han conseguido una estabilidad interna ‎que, aunque relativa y transitoria, ya querrían para si los otros dos jóvenes y, sobre todo, Mariano, que sabe que la suya está hecha de cartón piedra.

El Rajoy de, “eso también es corrupción”, lo de no conseguir Sánchez los votos que buscaba, una comparación de escándalo que ha pasado casi desapercibida gracias a la de “…engañar a los españoles”, también suya y triunfadora del debate. Ese “también”, tantas veces traicionero de tantos subconscientes. ¿Cuál es la otra, o las otras corrupciones? No nos cuente mentiras, señor en funciones, porque lo que le estaba pasando en ese momento por su cabeza a la defensiva era la corrupción de la que Sánchez, y tantos de cualquier color, le acusamos a usted y su partido desde que no podemos desayunar sin la prensa emocionante sobre la mesa, la que nos trae el capítulo diario de la serie de jueces, policías y ladrones, no es necesario detallar cual es su papel en el guión de la realidad. Una más de las imaginaciones que a Rajoy le hubiera gustado no provocar en los millones que lo miran, atentos casi todos a sus deslices verbales para construir de urgencia la próxima guasa en las redes sociales.

Iglesias, desquiciado y sin margen de maniobra que no sea puro espectáculo, como lo estaría cualquiera que supiera que, de haber aceptado la coalición con IU para el 20D ahora sería él, y no Sánchez, al que habrían tenido que encargar la formación de gobierno, y con el premio de una crisis de órdago en el PSOE que le estaría haciendo engordar de alegría y afiliados. Muchos han dimitido por mucho menos. Y tendría problemas, pero no las noticias que le llegan ahora de su propia periferia. Y seguiría siendo un ego impenitente, pero quizás no pensaríamos algunos que, además, es también un rencoroso desde la derrota que, ante el “notario” Evole, le infringió Rivera en el café de Nou Barris, que no ha conseguido olvidar ni con 29 diputados más. Quien no lo recuerda. Y otra. Fue un poema verle escabullirse el pasado sábado por la noche, como un político cualquiera, de la pregunta que su antiguo amor platónico, y el de tantos, le disparó al mentón mental cuando le pidió explicaciones de por qué no consentía un ejecutivo débil como el de Sánchez, si lo que Podemos siempre ha declarado es querer mayor protagonismo para el legislativo. Siempre tan respetuosa como incisiva y de todos nosotros, Julia.

Garzón, auto limitado por unas pautas de comportamiento que recuerdan más a lo moral por incompatibilidad absoluta con la ambición política, condenado a un discurso que no se atreve a diferenciar del de un Iglesias que le sigue vampirizando a cada paso, ahora con lo de convocar una reunión a cuatro por la que tendría que pagar derechos de autor, aunque esté condenada al fracaso. ¿Qué dirá Alberto cuando a Pablo no le quede más remedio que ceder a la opción de Sánchez con Rivera? ¿Hará el ridículo cambiando entonces de postura? ¿Qué piensa de Jiménez Villarejo? ¿Es que no se puede leer a solas el acuerdo del PSOE y Ciudadanos? ¿Es que no puede exigir, a cambio de sus dos votos en el Congreso que representan un millón en las urnas, la inclusión de uno o dos puntos nuevos y concretos para así justificar políticamente lo que terminará siendo inevitable, salvo la ruleta de nuevas elecciones? ¿A qué viene decir siempre lo mismo que Iglesias, eso de no a cualquier cosa en la que esté Rivera?

Una excusa, esta última, sin fundamento ni estrategia comprensible, en un periodo de transición destinado a superar el mayor peligro posible: el de un PP de nuevo al mando, como en las legislaturas anteriores de Grecia y Portugal, pero esta vez con la misma derecha rancia en España que podría bien librarse del fracaso con solo sacar de paseo traumas nuevos y viejos para asustar.‎ Poder evitarlo ya sería bastante para esta fase.

Pablo, Alberto, quién se atreve a responder a Otero?

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