CILUSIONADOS

Primacía de los nacionalismos frente a la primacía del Derecho de la Unión

Estoy seguro de que la mayoría de nosotros no nos consideramos nacionalistas, pero si nos paramos a pensar y rascamos un poco en nuestra piel, aparece un nacionalismo rampante. Lo hemos visto con motivo de las euroórdenes cursadas por la justicia española, pidiendo la extradición de Puigdemont y no atendidas por Alemania y Bélgica e Italia. Es curioso que protestemos contra la justicia de estos tres países y veamos con total normalidad que muchos partidos políticos españoles se opongan también a la extradición. Y más curioso aún es que la indignación de muchos españoles se dirija, con motivo de esto, contra la UE. En la Unión Europea cada país hace lo que le da la gana”, decimos, y de paso algunos aplaudan la postura de Polonia por atreverse a contradecir a las instituciones de la UE.

Pues no. No me atrevo a decir que lleve razón el juez español Llarena, con su euroorden, pero tampoco que la lleven los jueces de estos tres países. Tampoco me imagino la interpretación que dará a la Euroorden el Tribunal de Luxemburgo. Pero lo que sí tengo clarísimo es que no son las instituciones de la UE -ni el Parlamento Europeo, ni la Comisión ni el Tribunal de Justicia- los responsables de este galimatías. Y también tengo muy claro que no es el Derecho de la UE lo que falla. No es por culpa de la UE el que cada Estado interprete esos problemas a su manera, sino por todo lo contrario, es decir, porque en este campo la UE no puede legislar. Y no puede legislar por culpa tuya y mía, porque elegimos a unos políticos que se ha reservado las competencias en este campo y son incapaces de ponerse se acuerdo. La euroorden cae dentro del campo de la cooperación europea, no dentro del campo de la Unión Europea. El tema de la cooperación judicial de los Estados miembros no cae bajo la competencia ni de la Comisión, ni del Parlamento Europeo, ni del Tribunal de Justica, sino únicamente en el campo de los jefes de Gobierno de los Estados miembros.

No es la UE la que provoca problemas en este campo, sino la falta de la Unión Europea. Es lamentablemente curioso que los que más hablan de soberanía nacional -el “España no roba” se ha convertido ahora en Europa nos roba la soberanía nacional-y más se oponen, por tanto, a la integración europea, son los que más se quejan ahora de que Europa no resuelva los problemas. No demos, por tanto, palos a ciegas ni nos dejemos llevar por esta rabia nacionalista descontrolada, aplaudiendo que haya un país que se atreva a contradecir a la burocracia de Bruselas.

Si el Tribunal de Justicia de Luxemburgo acaba de imponer una multa coercitiva de un millón de euros al día al Gobierno polaco, no lo ha hecho de forma arbitraria ni por deseo de venganza, sino aplicando las normas de la UE. La violación, de palabra y de hecho, del Derecho de la UE por parte de Polonia es demasiado grave como para que no actuara la Comisión Europea y no presentara una denuncia ante el Tribunal de Justicia de Luxemburgo. Si en los tratados de la UE existiera la posibilidad de echar fuera a un Estado miembro, la violación constitucional por parte de Polonia sería motivo más que suficiente para echar fuera a este país. No se trata de oposición entre el Derecho de Polonia y el Derecho de la UE, pues los tratados de la UE son también Derecho polaco y están por encima de la Constitución de Polonia, Por cierto, y también por encima de nuestra Constitución.

La única contradicción que se da aquí, por tanto, es entre el nacionalismo y la integración europea. Y recordemos, de nacionalismo también los españoles tenemos bastante.

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