OPINIÓN

Puede que Pablo Iglesias haya cumplido su papel (y 2)

barometro-sexta

 

♦ Tal como dije que haría, vi en la tele el café con leche más comentado de la historia de España, no recuerdo si en vasos o en tazas. Gastronomías aparte, lo cierto es que si nadie pone un mínimo de inteligencia inmediatamente, el desastre electoral que se les viene encima a los que no son ni del PSOE ni de centro ni de derechas será de los que obligan a reconocer el fracaso absoluto, dimitir el 20D por la noche y quedar equivocado, pero al menos digno.

Porque habrán sido hechos necesarios para conseguir la derrota, entre otros, los siguientes:

1. Que un licenciado en Ciencias Políticas por la Universidad Complutense de Madrid, si además quiere ser líder político, tiene la obligación de saber que el terreno de juego es la Ley Electoral vigente y no otra y, además, debe tener calculados sus efectos en número de diputados y senadores en todas y cada una de las 52, creo, circunscripciones, tras proyectar, mediante múltiples y fáciles simulaciones, todos los resultados que puedan salir de las urnas.

2. Que un politólogo, cuyo ego le anime a convertirse en líder político, no puede demostrar tal desconocimiento de la historia escrita como para permitir que salga por su boca la especie aquella del “no somos de derechas ni de izquierdas” que, además de ser un plagio, debería haber previsto que al menos uno de sus autores, alguien tan incómodo como José Antonio Primo de Rivera, se levantaría automáticamente de su tumba ante tamaña ocasión de brillar de nuevo.

3.  Que, seamos comprensivos, no se le puede exigir a un estudioso de la política como Iglesias que sea capaz de imaginar la aparición estelar de otro Rivera, éste tan vivo como “vivo” y en el peor momento, pero sí el estar absolutamente seguro de que dos partidos, hasta hace poco tan decadentes como PP y PSOE, no iban a quedarse quietos esperando la debacle, y que reaccionarían con todas sus fuerzas y mañas para no perder más terreno.

Por si alguien le quiere enviar a Pablo estos y tantos otros consejos como los que con la mejor intención le están escribiendo desde todas partes, le diremos lo siguiente:

• Que antes de las redes sociales, hace muchos años que gracias a los ordenadores hay disponibles estupendos programas para prever la cantidad de poder que es posible conquistar aquí, en el suelo, sea cual sea el resultado en votos obtenido en las urnas.

• Que todo proyecto humano está marcado, hasta su muerte, por las circunstancias de su origen. Por eso, a los mismos electores que no les extraña que un Rivera catalán procedente del entorno PPPSOE se auto considere el amo del centro, si, en cambio, les destruye los esquemas que un Iglesias, a quien no hay que recordarle de donde viene, se pretenda equidistante.

• Y, por último, que si aún puede influir en el Plan de Estudios de la Facultad de Políticas, consiga un hueco para la sabiduría popular, que encierra verdades como las que afirman que si haces A sucede B, o las que advierten, inexorables, contra el fatal cumplimiento, en ocasiones, de los propios deseos. Por ejemplo, si decides convertir un movimiento social en partido, es probable que muchos se vayan contigo. Del resto, conviertes en adversarios a los que más se te parecen. Y todos los demás, la inmensa mayoría, se quitarán al instante las caretas y se vestirán con cualquier vergüenza para que se note que son tus peores enemigos.

P.D. Ahora es sábado, 24 de octubre. Leo las noticias y aparece un Pablo que, espoleado por su indiscutible derrota en el bar, reacciona. Está saliendo de una reunión de dirigentes e informa que uno de los cinco ejes en su programa para el 20D será el “derecho a decidir”. He leído sobre votaciones en los círculos de Podemos y no he encontrado tanto apoyo a esta consigna. Quizás estoy equivocado. Pero también puede tratarse de un cálculo en mitad de la melancolía derrotista y piensan ahora que ganarán en las cuatro provincias catalanas más diputados de los que perderán en las cuarenta y tantas restantes. Quién sabe. Pero alguien que no reclama la república contra una monarquía heredada de una dictadura no puede hablar de principios. Después, miro el último barómetro de tendencias que arrojan las pantallas y me temo que Iglesias y los suyos siguen construyendo con ahínco la derrota. Durante las navidades que se acercan, los expertos competirán a ver quien amarga más turrón a miles de los de Podemos, calculando y publicando cien versiones distintas del número de votos que Iglesias habrá regalado a Rivera y a otros, tras haberlos enviado al purgatorio de las dudas desde el cielo soñado. Y para que duela más, estimarán también, “generosos”, los escaños perdidos.

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