REBELDÍAS

Quién gobierna aquí, para qué, y cómo (1)

Responderemos primero al “para qué”, es decir, a la función que crea o justifica la existencia del “quién”, el órgano necesario, según aquel dicho en el que usted ya está pensando. Porque si el “qué” ha cambiado y resulta que habíamos creado antes un “quién” para otras cosas, el “como” terminará engordando el problema.

Un “para qué” importante es el de la economía. Dada la cantidad de acreedores, aunque últimamente sus cobradores no se vistan tanto de negro, es lógico pensar que el margen de gobernanza por ahí es muy escaso, pues nuestra deuda pública vale casi lo mismo que todo lo que producimos en un año, el llamado PIB. Por tanto, soy bastante escéptico ante los que plantean cambios económicos radicales bajo vigilancia estrecha. Es probable que se den condiciones revolucionarias tras otra crisis diez veces más destructiva, pero jugar a eso sería perdedor si quien apuesta no mantiene todo el control, y Dios no existe.

Otro “qué” para gobernar es la acción política institucional que consiste, principalmente, en adaptar las leyes a una sociedad cambiante y, además, resolver los conflictos entre los diversos poderes ejecutivos y legislativos existentes.

En lo que se refiere a la adaptación de las leyes a los cambios sociales se observa un estancamiento absoluto. Gracias a la quiebra del bipartidismo, provocado en gran parte por el fracaso del cuatrienio “absolutista”, se podría pensar en una dinamización legislativa pero, muy al contrario, el gobierno en minoría de Rajoy es el que más leyes ha vetado, no pudiendo tampoco aprobar las que le gustaría. Para bloquear abusa del artículo 134 de la Constitución, que se lo permite con solo declarar que la modificación propuesta puede tener efectos económicos. Si añadimos la improductividad de la legislatura que nació el 20D de 2015, solo podemos colocarnos un suspenso casi cero en capacidad de creación y adaptación del cuerpo legal, una tarea imprescindible para evitar que aumente el caldo que cultiva los conflictos sociales. Nada como unas leyes superadas por la realidad, comenzando por la Constitución, para que en la sociedad proliferen los que quieren tomarse la justicia por su mano. Por si ese riesgo fuera poco, sigue viva la llamada Unión Europea, que castiga a los países cuyo electorado reincide en dar la confianza a políticos que no saben o no se atreven a legislar. De momento han sido comprensivos, rebajando a tres millones de € la sanción por no resolver lo de la estiba en los puertos.

Porque, nos preguntamos, ¿quién no recuerda la foto de Rivera y Rajoy a finales de agosto de 2016, dándose la mano desde la distancia que separaba ambos lados de una mesa de negociaciones donde se amontonaban los segundos de ambos para parecer más amigos mientras los fotógrafos les rodeaban? ¿Y quién no se leyó aquel documento que firmaron, con 150 medidas para cumplir a rajatabla? La foto, por eso de la fuerza de una imagen, algunos la recuerdan. Pero nadie se leyó los 44 folios porque todo el mundo sabía lo que meses después confesarían los mismos que firmaron del PP cuando, presionados por periodistas que no pierden la memoria, reconocieron el teatro y dijeron lo de las “lentejas”, usted mismo puede terminar la muy conocida frase hecha, tan descriptiva como la que habla de “la espada y la pared”. Porque tan necesitado estaba el PP de seguir en el Gobierno para poder abordar lo más protegidos posible la avalancha de juicios por los delitos cometidos que, a pesar de que muchos de los suyos les aconsejaban unas elecciones anticipadas que serían más ganadoras que las del 26J, prefirieron asegurar un gobierno minoritario, que ya sabrían después incumplir y maniobrar lo que fuera necesario. ¡Qué gran lección de política eficaz para el politólogo Iglesias! Aunque algunos se ponen de los nervios cuando se lo recuerdan, hartos de inventar relatos para justificarse, unos meses antes Pablo había comprado el tocomocho demoscópico de un “sorpasso” al PSOE que, a la hora de las urnas, resultó más falso que un duro sevillano.

Por eso, los “naranjas” tildan una y otra vez de tomadura de pelo las decisiones del Gobierno. Los hay en Podemos que se consuelan riéndose de los cortes de mangas de Rajoy a Rivera. El último, a cuenta de la creación de la “Autoridad de Regulación del Mercado de la Contratación Pública, pero sin capacidad ejecutiva ni vinculante”, que pretende el Gobierno, según informa “El Mundo” ayer mismo, 14 de julio. Pero Albert Rivera está atrapado en el veto mutuo que ha contratado con Pablo Iglesias para que Ciudadanos y Podemos, respectivamente, puedan robar votos a sus parecidos, PP y PSOE. Rajoy lo sabe y, mientras duerme tranquilo, sueña con que las encuestas se equivocan.

En definitiva, que de aquellas dos sonrisas encantadas por haber firmado para la foto no podemos esperar que se pueda traducir algo al idioma del BOE, la respuesta a la primera parte del “para qué” gobernar. Entre paréntesis, no voy a negar que existan los cambalaches necesarios  para aprobar los presupuestos, ni tampoco que sigan funcionando los servicios públicos, tan recortados, o la inevitable diplomacia exterior, siempre tan abusada para consumo interno, que hemos llegado a un punto en el que no dejamos de desayunar “Venezuelas” ni cuando no tenemos que ir a votar. Pero todo esto es de obligado cumplimiento y ya lo tenemos pagado.

Pensé que sería breve pero no. En el próximo seguiré intentando responder al título retador pues, descartada la capacidad de nuestros líderes para negociar leyes o, como alternativa, cambiar el Gobierno, nos vemos obligados a atacar el otro ámbito de la política, el de la resolución de conflictos institucionales, mar gruesa de esta segunda transición por la que navegamos.

Y cierro, al mismo tiempo que la imaginación, las páginas de “El Mundo” de papel que les decía. Entonces siento la satisfacción pesimista de coincidir con el gran Raúl del Pozo que, mucho más inteligente, para hablar de lo mismo titula “Aquí no manda nadie”. Léanlo si quieren aprender y disfrutar más que con esto.

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