OPINIÓN

Respuesta política contra la indignidad

Sin llegar al nivel de trauma colectivo que alcanzó la “gran mentira” de Aznar y su gobierno aquel 11M y que millones de españoles descubrieron más por intuición que por información, la filtración sobre las actividades del ministro obsesiona hoy, a tres días de otra cita electoral que aparece como decisiva, a muchas personas que aún conservan un rincón para reaccionar con asco ante los comportamientos indecentes, tengan o no castigo legal.

Pero sobreviviendo a los sentimientos, es imprescindible tener en cuenta la cita del próximo domingo. Se trata de unas elecciones con un resultado incierto en el Congreso, pero que permiten pensar que podría mejorar la dignidad media de las personas que deberán hacerse cargo de las instituciones públicas.

El problema que hay, y tan grave como que podría impedir o dificultar ese cambio, es el Senado. Los efectos de la Ley Electoral, sumados al grave error de los tres líderes más jóvenes al no formar una coalición para esa urna que hubiera concentrado los votos en candidatos comprometidos con el cambio, permite asegurar que, si no hay una reacción inmediata y adecuada, es decir, antes del día 26 y renunciando a lo que sea necesario, volverán a ocupar la mayoría de esos escaños políticos que aún no han llamado a Rajoy para decirle que “o Fernández o yo”. ¿Cómo puede alguien continuar vinculado al mismo partido que ese ministro?

Contemplo con tristeza que, con tal de imponer su voluntad, sigue habiendo en este país españoles con mando en plaza dispuestos a perseguir a otros españoles en lugar de revisar sus propios errores. Fueron capaces de hacerlo antes de un referéndum catalán que ni siquiera tendría consecuencias políticas reales. Lo hicieron en el 11M contra los etarras que, aunque fueran vascos, eran mucho más españoles que los asesinos de aquella masacre. No quiero remontarme a pasados más lejanos, pero todavía muy sentidos por todos nosotros. Es ahora cuando descubro que no es el error lo que les conduce al dislate, sino el odio que alimenta sus deseos.

Pero hay una España mejor que debería dictar sentencia aprovechando que aún tenemos democracia. Los líderes Sánchez, Iglesias y Rivera pueden reclamar el veredicto de los españoles contra la indecencia política. Pueden hacerlo sacrificando, provincia por provincia, dos de las tres candidaturas que presentan al Senado, para concentrar en una sola de ellas los votos de todos sus electores. Cualquier resultado será mejor que el peligro que anuncia la victoria en esa urna del PP de Fernández. La falta de tiempo para cualquier otra alternativa obliga a tomar esa decisión electoral extraordinaria. Si C’s no se atreve, por el motivo que sea, con que lo hicieran los del PSOE y Podemos sería suficiente. Sacar de las instituciones a indignos y corruptos solo será posible con este acuerdo, tan oportuno como imperfecto pero más eficaz que ningún otro para la bondad. El camino hacia la recuperación de la ética en nuestra vida política solo se puede construir con el valor del sacrificio.

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