OPINIÓN

Se ha ido la luz

Es 26 de agosto pero demasiado temprano. Se ha ido la luz sin decir adiós y a pesar de lo negro, si encuentro lo que busco y funciona rociaré con furia el desodorante espray sobre mi camisa a la altura de la axila que no me hace ninguna gracia la química directa sobre las partes sensibles de mi cuerpo serrano y saldré pitando hacia el coche donde estaba hace un rato porque ahora mismo lo que estoy haciendo es escribir en cualquier tiempo verbal de mi pasado inmediato en el que un Calleja más burlón que nunca decía por la SER que Maillo del PP declaró antes de ayer que “se acerca el acuerdo con Ciudadanos porque se acaba el tiempo” hacia la investidura de las mil trampas añado, motivo por el cual sospecho que los flexibles del partido de Rivera decidieron pisar otra vez el callo a los de don Mariano por boca de Girauta, acortando la tortura o la farsa a “cuarenta y ocho horas”, naturales supongo, lo que significa que el plazo finalizará mañana, día 27 sábado o que, si fueran laborables, equivaldrían a seis días de los de ocho horas de trabajo, que casualidad, justo hasta el día 31de la votación con derrota o sorpresa porque, como decía Jabois también ayer y con estruendo forero, los políticos nos están cambiando hasta los significados de siempre y todos seguimos esperando a ver a que más se atreven, mientras los de Sánchez anuncian una propuesta para comer el turrón en paz acortando la guerra electoral y que las urnas nos interrumpan de nuevo pero lo normal, que “antes pillan a un mentiroso que a un cojo”, señora Pastor y señor Rajoy o viceversa, ni a Pinocho le creció tan larga, pareja de ustedes. En la misma emisora, Aymar entrevistaba sin piedad a un Iglesias que se dejaría arrancar la lengua antes de reconocer un error, dedicando tres dentelladas de rabia contenida a romper en tres trozos al PSOE como haría un tigre con una gacela muerta mientras se declaraba inocente de lo que decía con la verdad por excusa sin darse cuenta de que lo que conquistará las portadas minutos más tarde será lo que le haga parecer culpable de ofender, reincidente, a quien pretende convocar desde el veinte de diciembre molestando siempre. Sin control ninguno sobre el timón de los acontecimientos, intenta Pablo ganar tiempo hasta el paraíso vasco del 25 de septiembre donde necesita, como el hambre la comida, una victoria que le permita encontrar la estrella que perdió dos veces, la primera hace dos meses durante la noche electoral de las expectativas rotas, y la segunda hace unos días, en la Galicia que le averió las listas. Detenidas las ruedas y apagados verbos, motores y risas tertulianas, durante la sucesión de café con leche, croissant de mantequilla y papel decorado con noticias de ayer, quien manda en la contraportada es un catalán emprendedor de apellido Vico que nos dice que está intentando hacerse rico estresando a ejecutivos de alto nivel con riesgos de mentira ocultos entre naturalezas de color verde y obstáculos de piedra calculada, y a mí se me ocurre que si los enviara a las playas griegas a rescatar refugiados durante atardeceres ciegos aprenderían a llorar agradecidos por esa parte del mundo que también existe para que el sol nos enseñe a todos su luz cada día y ellos puedan encender la de su casa particular cada noche.

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