DESDE LA DOBLE A

Sobre la pitada del himno

OPRESION

 

♦ Había una urbanización con unos cuantos pisos, y vecinos. No era la mejor urbanización del mundo (salvo para la vecina del segundo, ella siempre pensaba que sí) ni la peor (salvo para otros vecinos que también lo pensaban), era una más. Con sus familias, sus historias y sus aventuras (y también desventuras) del día a día.

Un día, Antonio iba a darse un paseo, no le faltaba uno desde que se jubiló, y vio a dos vecinos (mucho más jóvenes que él) pintando las paredes del portal y soplando a través de un silbato. “Vaya, ¿qué pasará?” pensó Antonio y les preguntó.

Ellos le respondieron que en una Democracia de la urbanización podían hacer lo que quisieran y que lo hacían porque había cosas que no les gustaba. Por ejemplo, el ascensor no iba muy bien y el Presidente de la Comunidad no era muy simpático con ellos. Y terminaron diciendo que eso les hacía sentirse nada orgullosos del bloque en que vivían.

Antonio pensó en su paseo. Estaba de acuerdo en que el ascensor necesitaba un arreglo y también otro arreglito precisaba las cuentas de la Comunidad. Pero, había algo en lo que en absoluto estaba de acuerdo. En eso de sentirse orgulloso. Claro que él se sentía orgulloso de su urbanización. Antonio tenía un pensamiento muy abierto.

Para él, su bloque era su vida, su casa que tanto esfuerzo les costó, a él y su mujer, comprar hace años, el lugar donde crió y vio crecer a sus hijas y donde ahora vienen sus nietos a verlo. Donde ha pasado tantos momentos buenos. Su casa, su vida. ¿Por qué había que pintarrajear el portal? No lo entendía. Sí comprendía el disentir e intercambiar opiniones.

Lo habló con su mujer. Ésta le dijo que no le diese más vueltas. Que esos vecinos habían pintado varios rellanos diciendo que estaban en su derecho pero que cuando su amigo Pablo (vecino que vivía puerta con puerta con ellos) probó a pintar el rellano de estos chicos (por comprobar su reacción) lo echaron rápidamente. Ahí, no había Democracia. Ahí, Pablo les estaba oprimiendo, según dijeron los chicos.

Pero, lo que más le sorprendió a Antonio es cuando su mujer le dijo, “y sabes quiénes son los primeros apuntados para la fiesta de la Comunidad del próximo verano? Sí, ellos. Qué paradoja”. Antonio no se sorprendió. A veces la coherencia abandona ciertos comportamientos. No pasa nada. Lo único que tenía claro es que una urbanización al igual que un país es mucho más que las cosas que no funcionan, son sentimientos y pertenencias y esas ninguno debemos ofenderlas. Lo que debemos es saber hablar sin poder lastimar.

Sirva esta pequeña metáfora para literalizar que un himno o el sentimiento que uno tiene hacia su país no tiene que ver con el cabreo de todos contra lo que marcha mal y no funciona. Contra la corrupción (que está en todos los rellanos, Comunidades Autónomas), contra la falta de empleo (también en todos los rellanos), la ley mordaza, las privatizaciones, los futuros desalentadores, la crisis…

Que se proteste, que se hable, que se pueda elegir en qué urbanización vivir, por supuesto, pero de nada sirve pitar un himno, qué tendrá que ver comer trigo con los…

Y por supuesto, al igual que a Antonio su urbanización, un himno representa donde has crecido, donde has triunfando y aprendido a perder, donde has visto nacer a tus hijos… En definitiva, sentimientos y para nada hay que ligar estar orgulloso de esos sentimientos con una ideología política. Nada que ver.

Que cada uno elija pero no ofenda.

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