OPINIÓN

Un relato de política ficción con líderes reales (2)

En el primer capítulo de esta ficción, publicado aquí mismo hace unos días, Sánchez, Garzón, Díez, Rivera e Iglesias, exactamente los mismos políticos en quienes está usted pensando (Díez es Rosa, actualmente tertuliana, porque esto fue escrito hace más de un año, antes de mayo de 2015), habían salido huyendo, aprovechando una pausa para la publicidad, durante un debate televisivo en el que estaban participando y al que Rajoy se había retrasado por culpa de un atasco en el centro de Madrid.

El mismo impulso, tan irracional como común a los cinco, que les había hecho huir del debate les condujo juntos a un mismo lugar, desconocido y desconectado, en vez de largarse cada uno a su casa o a la sede de su partido, que hubiera sido lo normal.

Aislados como se encontraban de sus respectivos partidos, tomaron conciencia de que lo que acababan de hacer era algo absolutamente impresentable y de que solo existían dos finales posibles para esta reunión improvisada que se convirtió, en la práctica, en la única tabla de salvación de sus carreras políticas: O salían de ahí firmando el acuerdo para una coalición electoral ganadora gracias a la suma segura de los votos que arrastrarían hasta en el peor de los escenarios, lo que les permitiría iniciar la nueva transición política en España y derrotar al partido en el gobierno, o se verían abocados a presentar cada uno de ellos la dimisión irrevocable y sin paliativos, con lo cual la victoria de los herederos directos de la dictadura franquista sería apabullante y para muchos años. Cuarenta años de democracia asustada que no habrían servido para casi nada.

Convencidos los cinco de lo mismo y sin necesidad de hablarlo entre ellos, se pusieron a estudiar los resultados de las urnas para el Congreso y el Senado desde 1977, con una transparencia y un compañerismo medio en tinieblas que para cualquier observador externo le habrían parecido los miembros del comité electoral de un mismo partido político.

Lo que sigue es el diálogo que se produjo entre ellos. Quien este leyendo puede, además, jugar a ponerle el nombre que le parezca a cada una de las letras parlantes. ¿Es la “E” el político Sánchez, o es cualquiera de los otros cuatro? Y así con la C, la B, la D y la R.

 

Entre paréntesis 1

Lejos, solos e inalcanzables, hablabais fuera de los focos como niños que no hubieran aprendido todavía que antes de decir cualquier cosa hay que calcularla.

E. Me cuesta reconocerlo, pero no había prestado nunca atención a estos detalles de las elecciones anteriores. Y no sabiendo del todo para qué estamos aquí, aún no tengo claro si podemos sacar alguna conclusión que nos sirva.

C. Desde luego, esta reunión no existe.

B. Yo eso no lo puedo pactar. Hemos salido huyendo de la luz artificial y estamos a oscuras, pero seguimos juntos. Esto es real, y a mi no me pesa, de momento.

D. Estoy de acuerdo

R. Creo que merece la pena que hablemos de lo que hemos encontrado en todas esas votaciones anteriores. Date cuenta que si hubieran sido solo cuatro o cinco procesos electorales podríamos dudar, pero con once es distinto. Por ejemplo, de los resultados del 77 y el 82 se podría deducir que los rechazos al Senado durante la democracia serían más altos, pero no fue así. Ahora, en cambio, la pregunta es ¿Qué puede ocurrir después de lo de 2011?

C. Pasare la información al comité electoral de mi partido, para contrastar los datos.

D. Oye, que tú mismo has visto que esto lo hemos sacado esta noche entre todos de la wiki, de una web de referencia y de la del gobierno.

B. Estoy de acuerdo. Os propongo lo siguiente: Seguimos hablando sobre esto. Si llegamos a alguna conclusión entre todos, tiramos adelante. De lo contrario, pacto de silencio.

E. Ya, pero ¿que decimos de la espantada?

D. Lo podemos dejar para el final. Mientras tanto, que nadie se escape de aquí, bajo ningún concepto.

E. Yo creo que diciendo la verdad no entraremos en contradicción.

C. ¿Acaso sabemos la verdad? ¿Acaso tu verdad es la misma que la mía? Yo, desde luego, no entiendo esta situación.

B. Me temo que C tiene razón. Lo que nos ha pasado es incomprensible y, por tanto, inexplicable. Creo que ha sido una especie de coincidencia de subconscientes en el mismo momento y por el mismo motivo, lo que ha provocado en los cinco el mismo impulso, y ya me explicaréis con que ropa vestimos esto, porque ahora mismo estamos en pelotas. Creo que la solución no es inventar un cuento, sino descubrir ese elemento común que se esconde dentro de nosotros, porque aún no lo hemos encontrado, y que es la verdadera causa de que abandonáramos juntos el debate. Yo de aquí no me voy hasta que no sea capaz de dar la cara con algo mínimamente razonable.

R. De acuerdo. Porque tanto la prensa como los nuestros nos van a dar hasta en el carnet de identidad si no salimos de aquí triunfadores.

D. También estoy de acuerdo. Entrando en materia, para mí todo son dudas. Tan probable es que este comportamiento electoral que hemos revisado no esconda nada que no enseñe, como que tengamos delante de nosotros el enigma que, si sabemos resolverlo, puede conducir al éxito. En ese caso, el descubrimiento sería propiedad de los cinco, vaya problema. Por cierto, una cosa que nada tiene que ver con todo esto: creo que la democracia está en peligro y que no debemos salir de esta habitación sin comprometernos a conjurar ese riesgo.

C, E y R al unísono. ¡¡No digas tonterías!!

D. Pero también creo que hay un ambiente favorable para fortalecerla.

B. Estoy con él. Sí a la gran crisis del 29 le siguieron dictaduras criminales y una guerra mundial, a esta inmensa crisis de los activos basura, o como se la llame en el futuro, le pueden seguir peligros parecidos o distintos, pero peligros.

E. Ahora es imposible un levantamiento militar.

B. Pero no que los autoritarios ganen las elecciones por mayoría absoluta, y no solo en España. No sería la primera ni la segunda vez, ¿verdad? Acto seguido cambiaran las leyes a su favor, primero para seguir ganando y después para eliminar las garantías democráticas, y así ni siquiera tener que molestarse en pedir un voto ya cautivo cada cierto tiempo. ¿Os suena?

C. Sí, por supuesto. Aunque la Constitución está bastante blindada, tanto para cambios en un sentido como en el otro.

B. Salvo los que se pueden improvisar en una noche de verano.

E. No es cosa de provocar ahora, así que regresemos al futuro inmediato. ¿Acaso alguno de nosotros es tan ingenuo como para pensar que, si vuelven a ganar los mismos, no habrán aprendido de los errores que han cometido contra sus propios intereses? Creo que lo que harán el primer día, si ganan, y con la excusa del terrorismo, es endurecer aún más las medidas de recorte de libertades y cambiar más a su favor las leyes electorales, que en esta legislatura han tenido que dejar para el final, hasta que se han podido relajar algo con la economía gracias al cambio de política del BCE.

C. Eso es verdad. Sin poder enviar algún tipo de mensaje optimista no se atrevían a prohibir ciertas manifestaciones, o a que la prensa pudiera publicar fotos de policías “trabajando”. Sobre esto último, ya hay que ser ruin, sabiendo que casi todos los periódicos deben dinero a Hacienda por culpa de la crisis, tal como se le caía la baba a Montoro mientras lo amenazaba.

R. Pero Europa no consentirá excesos en los retrocesos.

D. Sí, y lo mismo hasta sancionan a nuestro gobierno. No seamos ilusos. Primero, que a la Troika le interesan gobiernos que tengan a la gente lo más inmovilizada posible, siempre que se cubran las apariencias. Segundo, que estos son del estilo autoritario y, sin remontarme a su carga genética ni citar parecidos, a ellos nunca les han importado las críticas externas. Es más, las utilizan, como todos sabemos, para exacerbar el nacionalismo rancio que traducen en apoyo al gobierno, frente a un enemigo exterior inexistente, y así desprestigiar al adversario interior, legal y real.

B. Pero a ver. ¿Por qué estamos aquí? El moderador nos ha sorprendido con un recuerdo electoral pero tabú. Todas las “fiestas de la democracia” se asoman a ese abismo que se oculta en una jungla de millones de sentimientos, deseos y conceptos particulares de la vida, convocados a expresarse, aunque de manera bien encorsetada, un solo día cada varios años en una urna, y sumarlos después con desigualdad bien calculada por sus máximos beneficiarios. Ganar en estas condiciones requiere de un verdadero invento y tenemos poco tiempo. Casi qué sea de noche nos favorece para que nada nos despiste, salvo nosotros mismos.

E. De todas formas, en España parece que no hay riesgo de involución, de momento. Los que mandan ahora no van a ganar de nuevo.

D. Pero durante estos cuatro años han inoculado el veneno de la ‎crueldad en el alma de mucha gente como medio para salvarse de la crisis, y no sabemos hasta qué punto ha calado esta maldad en los millones que van a ir a votar. Hay que tener en cuenta que todos nos creemos esencialmente buenos, pero después elaboramos coartadas mentales con las que nos justificamos a nosotros mismos muchas de las decisiones que tomamos, para considerarlas el mal menor o el necesario. Todo esto es muy sutil, y no hay manera de saber en qué grado estará la infección colectiva con el virus del mal cuando llegue el día de las urnas. Esto es, precisamente, lo que solo el recuento nos podrá mostrar pero, dadas las condiciones de nuestra democracia, no hay posibilidad alguna de arreglo a corto plazo si la cosa sale seguir con la violencia del Estado contra la Sociedad.

C. ¿Qué tal si revisamos las normas vigentes de circulación electoral y simulamos experimentos?

R. Contra eso que dice D, está claro que no se puede ir de frente. En el fondo, desde niños nos enseñan que si no te salvas tu mismo, los demás no van a hacerlo por ti.

B. Bien, pero la política solo se justifica con la defensa de los intereses colectivos, y de todos por igual.

R. Pero no contra los de cada uno de los individuos que componen esa colectividad.

D. Además, hay otro detalle de la psicología social que debemos tener en cuenta. La gran mayoría de los votantes son trabajadores de empresas privadas, acostumbrados a la jerarquía. Este gobierno no solo ha inoculado la cultura empresarial promoviendo el emprendimiento individualista, que eso no sería malo si no estuvieran engañando, sino también con una manera de gobernar como si las instituciones públicas fueran sus propias empresas. Esto va componiendo en la mente colectiva una filosofía que disuelve poco a poco los conceptos de servicio y bien público, vaciando la política de su significado actual y abocándonos a un mundo que no conocemos, pero que no parece muy democrático pues, por definición, las empresas no lo son.

R. Las empresas son democráticas porque votan los que tienen que votar, los accionistas en función de su capital.

D. Entonces te diré que la sociedad parece como una empresa de esas en las que los ejecutivos, en nuestro caso los políticos, arruinan a los accionistas, y encima no pueden echar a los gestores hasta pasados cuatro años.

R. Eso se puede mejorar.

D. ¿Sabes cómo? Se me acaba de ocurrir la solución. Propongamos que la sociedad funcione como una empresa, pero de las grandes y mejor organizadas. A ver, estoy esperando respuestas.

C. Como las del IBEX 35.

D. Exacto. ¿Y cómo funciona la democracia en esas empresas que, por cierto, son materialmente indestructibles?

E. Se reúnen una vez al año para aprobar las cuentas. ¿Qué propones, elecciones cada año?

D. Frío, frío. Se reúnen una vez al día, justamente desde las 9 en punto hasta las 17:38 horas. En la Bolsa. Allí es donde realizan un referéndum diario sobre todo lo divino y lo humano relacionado con la empresa. Allí es donde en minutos se decide despedir a un director de esos que ahora llaman CEO.

C. ¿Qué tal si antes de hacer reformas ganamos algunas elecciones?

R. Yo no entraría esta noche en tanta filosofía si lo que queremos es ser prácticos y no sufrir bajas, la mía la primera.

C. Me sumo a esta condición para seguir hablando.

D. Vale, me he pasado. Intentemos responder a la pregunta de C. Supongo que sí estamos de acuerdo en inventar algo para ganar las elecciones y hacer unas leyes que conjuren los peligros de este absolutismo de nuevo cuño que se disfraza de progreso y eficacia. Hay que tener en cuenta que la corrupción y la delincuencia que practican desde siempre son aglutinantes muy potentes porque combinan ambición y miedo entre sus huestes, componentes que, como en las mafias, solo se rompen en el último instante, cuando ya lo dan todo por perdido. Por eso, su resistencia a la decadencia es muy elevada. Además, son los que tienen más dinero, y eso siempre les ayuda a resistir y a renovar continuamente su “ejército”.

B. Creo en dos cosas: En que C tiene razón y que tenemos que centrarnos en lo que coincidamos todos y también en que D tiene que dejar de hablar un rato, si es que queremos ser prácticos. Vienen las elecciones generales y no podemos consentir que estos de ahora sigan mandando en el futuro. Es lo único que nos debe preocupar en este momento. Después, confiemos en que seamos capaces de hacerlo mejor, según lo que las urnas del Congreso nos concedan a cada uno.

C. Es que de lo que se trata es de saber si hay algo en lo que podamos ponernos de acuerdo hoy que nos beneficie por igual a todos y, además, nos permita fortalecer la democracia, que es lo que creo que queremos los aquí despiertos.

R. Y ganar. Tenemos de plazo hasta el alba.

E. Las elecciones pueden abrir la puerta a los autoritarios o a más democracia. Y ahora tenemos elecciones generales. Se me esta ocurriendo una idea.

R. En ese caso, avisaré para que nos traigan las pizzas. ¿Quién quiere cerveza?

D. Con permiso: ¿Qué os parece si elegimos para beber algo que nos mantenga despejados? La noche es larga y de aquí no salimos sin un acuerdo entre todos para ganarle las elecciones al miedo a seguir siendo libres y a…

B. Con tal de que te calles estoy dispuesto a beber hasta cloro del que sale por el grifo.

E. Creo que debemos evitar que nos molesten. Vamos a cortar toda relación con nuestros móviles, tabletas y artilugios similares. Todo el mundo sabe lo que ha pasado y los nuestros, si no son tontos, deberían imaginar que estamos ocupados. Y aquí donde estamos no vamos a poner ni la tele. Debe haber tal lío montado que… menuda publicidad. Lo mismo alguien corre el bulo de que nos han secuestrado.

B. Si salimos con algo importante que decir será como si nosotros mismos hubiéramos derrotados a los secuestradores. Un poco de eso hay. De lo contrario, nos hundimos.

C. Una pregunta: ¿Por qué has precisado eso de “según lo que las urnas del Congreso nos concedan a cada uno”? El Senado también cuenta.

B. Y ahora que hago, ¿me pongo a reír o a llorar?

Continuará…

Seguro que el lector ya le habrá puesto a cada letra parlante la cara que le resulte más parecida, pues conoce a las cinco. Suyo será el acierto porque a mí, la Ley de Protección de Datos y el respeto por la intimidad me aconsejan evitar en este momento nombres y apellidos.

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