DIARIO DE UN JUBILADO

Una foto con Esperanza Aguirre y después morir

Desde que murió Lola Flores, que en la gloria esté con el Jesús de Medinaceli, en España nos queda ella, Esperanza Aguirre.

♦ La otra noche, encerrado en el hospital Severo Ochoa en solidaridad con los enfermos de hepatitis c de Leganés que son legión y luchan por su vida y su salud como leones, soñé que nos visitaba a altas horas de la noche Esperanza Aguirre. La vi como cuenta Teresa de Jesús que veía a Jesucristo, con los ojos del alma, no con los ojos de cuerpo. Estaba dormido pero pude verla con tanto realismo que me asusté, no me lo podía creer pero tampoco era posible dudar que no fuera ella. ¿Cómo podía yo pensar que la candidata del Partido Popular a la alcaldía de Madrid viniera en persona a solidarizarse con estos enfermos que lo están pasando tan mal y ellos, los del PP madrileño, no hacen nada por remediarlo? Hacen algo, pero se agotan en las palabras y se ahogan en los hechos.

La idea de que fuera Esperanza Aguirre y no el doctor Montes trasvestidono era tan descabellada, al fin y al cabo ella, la lideresa, está por el derecho a la vida, los enfermos de hepatitis c, también, no era el doctor Montes. Pero ella, la ínclita Esperanza Aguirre, está por el alma, y el alma no es de nadie, el alma, como escribía Calderón de la Barca, es de Dios. La honra en este caso concreto no sabemos de quien es. ¿Y Dios de quién es? Tampoco está Esperanza Aguirre por el cuerpo. No olvidemos que los enfermos de la sanidad privada “no son enfermos, son pacientes”, tal como reza la publicidad de las clínicas Quirón.

Entonces ¿con quién está de verdad Esperanza Aguirre? Ella sólo está por ella, ella sólo pone las manos en el fuego nada más que por ella misma y nadie más, ni por Rajoy, ni por Aznar, ni por el Papa, ni por el rey y mucho menos por Pablo Iglesias, el de Podemos, ella es muy liberal, más que nadie; ella es neoliberal a la española. Ella es liberal pero condesa. Antes liberal que de Alianza Popular.

¿Y por qué Esperanza Aguirre está en contra del aborto y no hace nada por los enfermos de hepatitis c? Bueno, esto último no lo sé, al menos en mi sueño mientras dormía en el duros suelo a las puertas del despacho del gerente del hospital leganense reclamado el Sovaldi, la medicina que cura del todo, la vi venir, sonriendo como sólo ella sabe sonreír, contorneando la falda al ritmo de sus caderas, con su vestido gris –es decir su uniforme de repartir mandobles a diestro y siniestro- y su pañuelo de seda azul celeste alrededor de la garganta, muy jaranera, muy castiza, muy madrileña. No debemos olvidar que desde que murió Lola Flores, que en la gloria esté con el Jesús de Medinaceli, en España nos queda ella, Esperanza Aguirre. No tuve más remedio que pedirle que nos hiciéramos una foto, ella y yo solitos, cogidos del brazo, con la camiseta roja de la hepatitis c. Me dijo que sí, que estaba encantada. Faltaría más. Fue un momento único, sublime, rompedor. Después de la foto que otra cosa podía yo esperar en esta vida sino morir… “… pues tan alta vida espero/ que muero porque no muero”.

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